viernes, 6 de noviembre de 2026

La historia interminable

Texto: Isabel Mesa Gisbert en Academia Boliviana de Literatura Infantil
Imagen: portada de libro


Personalmente, no sé si es Momo o La historia interminable con la que los lectores identifican más a Ende, pero sí puedo decir que el éxito de esta última novela superó lo previsto. Fue leída por niños y adultos, y consiguió en su momento lo que casi 20 años después logró Harry Potter. Fue una obra que cuestionó el concepto de la literatura infantil tan venida a menos y, sin duda, la reivindicó. La historia interminable, al igual que en El Hobbit, construye un mundo sin límites en el que la imaginación y la fantasía son los únicos límites para que las cosas existan en la mente de los lectores.

La novela se inicia con el ingreso de Bastián a una tienda de libros antiguos de la cual se roba un libro que le llama mucho la atención: “La historia interminable”. Bastián es un niño gordo y de piernas torcidas, poco agraciado. No destaca en nada ni en lo académico ni en los deportes, menos en la defensa personal. No quiere ir al colegio porque el resto de sus compañeros y la mayoría de sus profesores se burlan de él. Tampoco quiere volver a casa, pues desde que murió su madre, su padre ya casi no se ocupa de él; sin embargo, hay algo que sabe hacer muy bien: adora leer. Con el libro bajo su saco sale de la tienda y corre a esconderse en el desván del colegio, alejado de su mundo, y lo comienza a leer.

“La historia interminable”, el libro dentro de nuestro libro que empieza a leer Bastián, tiene como escenario el reino de Fantasia donde últimamente ocurre algo extraño: una fuerza de atracción irresistible absorbe pedazos del paisaje e incluso partes de sus habitantes quedando en su lugar NADA, no es un hueco, no es un abismo, es la NADA. Y esta afección que asola a Fantasia tiene relación con la enfermedad de la Emperatriz Infantil, soberana del reino, que agoniza día a día. Pero la emperatriz que sabe y domina todo, pide al joven Atreyu que vaya en busca de la cura para su mal. Atreyu atraviesa todo el reino de Fantasia, primero a caballo y luego con Fújur, el dragón de la suerte, venciendo miles de obstáculos para realizar su misión, pero ésta es imposible de cumplir: un ser humano es el único que puede salvar a la emperatriz y a Fantasia. Y es entonces cuando la caja china vuelve a abrirse para insertar un nuevo relato dentro del libro de nuestro propio libro. Bastián, cada vez más sumido en la historia, es invitado por los diálogos entre Atreyu y la emperatriz a ser parte de la misma, pues es el único ser humano que dándole un nuevo nombre a la emperatriz salvará a Fantasia. 

Michael Ende es el autor de las descripciones meticulosas y sublimes. Un vocabulario increíblemente vasto y poético permite retratar a la perfección personajes y lugares. Según Ende, su obra toma elementos del romanticismo alemán, pero sobre todo del patrimonio cultural de la humanidad. Está repleta de alusiones culturales: leyendas célticas, mitología griega, la esfinge de Egipto, pinturas del Bosco, Goya y Dalí, y mucho más.

Fantasia es un mundo de seres irreales que me recuerda a la congregación de seres espaciales que se reúnen en uno de esos bares de La Guerra de las galaxias. Ogros, trolls, silfos, princesas, hadas, centauros, dragones, magos y todo lo imaginable habita en este reino que existe de forma simultánea al mundo de los humanos, quienes mantienen vivo el reino a partir de la creación de historias fantásticas en la mente. Cuando esto ocurre Fantasia crece y vive mejor. Y aquí Ende vuelve a hacer la misma crítica que hace en Momo: cada vez se vive más de prisa y no hay casi tiempo para la creación de cuentos y relatos, entonces Fantasia se va consumiendo o disolviendo en una nada que como un boomerang también da origen a un daño irreversible en nuestro planeta.

La historia interminable es una rueda sin fin: la historia paralela de Fantasia y el mundo, historia que deriva de otras historias y, que a su vez, es comienzo de otras. Y Bastián es precisamente un meta-lector, el que va a leerse a sí mismo, es aquel personaje con el que todos los niños se identifican, porque sueñan poder entrar, como él, en el interior de las páginas de su obra favorita. Según Ende, para encontrarse a sí mismo en esa realidad uno tiene que darle la espalda y pasar por lo fantástico. Ese es el recorrido del héroe de la Historia interminable. 

Bastián debe abandonar el mundo real, donde nada tiene sentido para él, para encontrarse a sí mismo en un mundo fantástico donde todo está cargado de significado. Aunque corre el riesgo de que entre lo real y lo fantástico existe un sutil equilibrio que no debe ser perturbado. Es decir, que no podemos separar lo real de lo fantástico, porque así lo fantástico también pierde su contenido.

Michael Ende fue un autor que revolucionó la literatura infantil en el siglo XX y la reivindicó en su concepto de literatura como tal. Su obra es, sin duda, una oda a la imaginación y a lo que yo, personalmente, espero de la literatura infantil o juvenil, poder leerla por el simple placer de disfrutar de ella.

Termino con estas bellas palabras de Ende: “Yo no pido que lean mis libros ni quiero enseñar a nadie, solo quiero escribir ¿Qué hay de mi propia diversión al escribir, de crear los libros que quisiera leer? Hoy vivimos en una era totalmente ideológica, donde se cree un deber el emitir un mensaje para los demás” 

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