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martes, 28 de abril de 2026

La isla de la Nada

Texto: Mariana Enríquez en Archipiélago
Imagen: La historia interminable


Un libro gris sobre la mesa blanca del comedor. La casa de mi infancia en Lanús no tenía living, solo dos habitaciones además de la cocina. Era amplia pero incómoda. Si recibíamos gente, siempre era alrededor de esa mesa redonda de fórmica.

La biblioteca, en mi casa natal, quedaba en un espacio de transición. Mi abuela vivía en la casa de atrás, cruzando un patio al que se abrían dos habitaciones. Un puente. No era de esas casas que se conocen como “chorizo” ni una típica propiedad horizontal, sino una de esas viviendas “estilo acumulado” del conurbano: un terreno grande donde la familia iba construyendo, como en capas, durante años, a medida que podía. En esas habitaciones estaban todos los libros.

El recuerdo de mi primer libro es sobre la mesa de fórmica, con un televisor Zenith colorado enfrente y mi tía Chela, que me lo dio de regalo. Era del Círculo de Lectores al que estaba suscripta: nunca supe bien de qué se trataba ese Círculo, porque ella no era una gran lectora, pero, de la misma manera que mis padres, aprovechaba las oportunidades económicas de acceso a la cultura, proyecciones de películas en sociedades de fomento colecciones de libros que se vendían en kioscos, fascículos de enciclopedias. Este libro, me dijo, no era de su estilo pero estaba segura de que a mí si iba a gustarme. El rumor en la familia era que yo tenía mucha imaginación y que me gustaban los cuentos de hadas y las mitologías: tenía varios libros ilustrados de mitos griegos, nórdicos y latinoamericanos, los cuentos de los hermanos Grimm, versiones adaptadas para la infancia de la Odisea y la Biblia para Niños, que me parecía divertidísima. Además, sabía leer desde los tres años y mi madre solía pedirme que exhibiese la habilidad en el kiosco del barrio, espectáculo que, según ella, me encantaba dar.

El libro que me regaló la tía Chela era La historia interminable de Michael Ende. Todavía conservo el mismo ejemplar y está impecable: es una edición impresa en Barcelona en 1983, tapa dura, ilustrada y a dos tintas. El libro es largo, cuatrocientas páginas, pero no tengo un solo recuerdo de sentirme intimidada ante su tamaño. La tapa me parecía hermosa: unicornios rojos corriendo hacia una torre blanca, el dibujo enmarcado en dos serpientes que se muerden la cola. Las primeras palabras estaban escritas en espejo, porque así las veía Bastián, el protagonista-lector, que las miraba desde adentro de una tienda: una librería de viejo donde consigue –se roba– La historia interminable. Es complejo explicar la obra maestra de Ende, pero leerla es muy fácil y es como un par de grilletes. No te deja soltarla, no te deja dormir. El libro usa tinta de dos colores porque tiene dos planos, el rosa oscuro es para el plano de Bastián, el lector, y el verde es para el plano de la ficción, la novela. La trama es inquietante: la Nada, una especie de niebla borradora, una amnesia que se lleva consigo ciudades, personajes, historia, lenguaje, amenaza Fantasía y a su soberana, la Emperatriz Infantil. Los dos planos están separados hasta que Bastian se da cuenta de que los personajes rompen la cuarta pared de verdad, le hablan, le piden ayuda. Entonces él ingresa en la ficción como protagonista. La historia interminable es una novela sobre la posibilidad de perderse en la lectura y sobre la memoria. Es la entrega absoluta a la narración, sin distancia y con candor. Ende escribe que le resultará imposible entender la pasión de Bastián a “quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a los personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido”.

Cada vez que lo releo o lo repaso, me doy cuenta de cuánto influyó en mi educación estética, y me sorprende que lo leído en la infancia deje semejante cicatriz. Los títulos de los capítulos me siguen gustando muchísimo hoy: “La voz del silencio”, “La ciudad de los espectros”, “La mano vidente”, “El monasterio de las estrellas”. La Nada se parecía a la soledad de las calles del conurbano de noche, a la mirada en los ojos de mi papá cuando se anunció el desembarco en Malvinas, a la depresión e inmovilidad de mi madre en la habitación de cortinas anaranjadas. La Nada era una devastación íntima, era lo irrecuperable. No pensé esto entonces, pero me queda muy claro años después.

La historia interminable es, en mi vida, la explosión de las posibilidades y una especie de texto sagrado.

martes, 21 de abril de 2026

El relato heroico en La historia interminable de Michael Ende

Texto: Maria del Mar Gallardo Samper e Isabel Romero Tabares en Crear el hábito de leer

Imagen: Alex F



Publicada en 1979, La historia interminable tuvo un éxito inmediato y se tradujo a numerosas lenguas, hoy en día constituye un clásico de la literatura juvenil, aunque el profundo simbolismo de la obra hace posible su lectura en todas las edades, ya que tiene varios niveles de comprensión. Su autor, Michael Ende, sigue el rastro de autores como Tolkien o Lewis en la construcción de un mundo imaginario en el que el joven protagonista puede desplegar totalmente su personalidad, algo que le está negado en el mundo real. Por otra parte, Ende se enmarca en la larga tradición del cuento romántico alemán, de Hoffmann o Novalis, aunque él decía que en su mundo de fantasía se encontraban Cervantes o Borges apuntando a los enigmas que acompañan al ser humano en su peregrinaje vital.

Michael Ende sostuvo siempre que no escribía pensando en los niños, sino siguiendo el juego libre de la imaginación, para aquellos que no han caído aún en el prosaísmo o la falta de creatividad, pues él juzgaba asfixiante el predominio de lo racional en la cultura occidental y consideraba más la poesía y el arte que la ciencia. Para él la fantasía y la imaginación son capacidades sanadoras y liberadoras del ser humano, como se pone de relieve en La historia interminable.

En esta novela se plantea el camino de ida y vuelta que emprende el protagonista, Bastián Baltasar Bux, al territorio imaginario de Fantasia, amenazado por la Nada. Si bien es importante y sugerente la fantasía creadora por la que el niño Bastián se introduce en el libro que está leyendo, no lo es menos el recorrido que ha de hacer de vuelta al mundo real. De este modo, en el relato se plantea una doble aventura: Bastián debe salvar Fantasia y también salvarse a sí mismo.

La historia interminable se estructura sobre el esquema del relato heroico tradicional en el que el héroe, debe superar determinadas pruebas y realizar una misión. En la obra, la misión que se le solicita, salvar Fantasia, es paradójicamente, lo primero que realiza, no lo último, sin embargo, la aventura que requerirá todos sus esfuerzos, se le propone a partir del éxito inicial: descubrir cuál es su Verdadera Voluntad, la raíz última de sus deseos. De este modo, el relato se convierte en un recorrido iniciático que narra simbólicamente el proceso de maduración y elevación del ser humano.

Proponemos a los profesores y profesoras que acompañen a sus jóvenes lectores en el viaje por La historia interminable y les ofrecemos esta guía de lectura que no puede ser más que un instrumento. Lo verdaderamente valioso se dará en el diálogo con los alumnos y alumnas.

 

GUÍA DE LECTURA PARA LA HISTORIA INTERMINABLE
 

El héroe se encuentra en el mundo ordinario.
Bastián vive con su padre. Tras la muerte de su madre, su padre queda muy afectado y apenas presta atención al niño. Bastián tiene 10 u 11 años y sus compañeros se ríen de él por su aspecto físico. Es un niño retraído y miedoso. Un día roba un libro en la librería del señor Koreander, titulado La historia interminable. Como se considera un ladrón, decide no volver a su casa y se esconde en el desván del colegio. Allí comienza a leer.

Llamada a la aventura y rechazo o duda.
Caps. I-XII 

En La historia interminable se cuenta lo que ocurre en un reino imaginario llamado Fantasia que está a punto de desaparecer por el extraño fenómeno de la Nada. Para salvarlo, la Emperatriz Infantil (reina de Fantasia) convoca a un joven de aquel reino, llamado Atreyu, que, a su vez, debe encontrar a alguien capaz de dar un nombre nuevo a la Emperatriz. Solo así, Fantasia se salvará. A medida que lee las aventuras de Atreyu, Bastián descubre que él puede dar ese nombre a la Emperatriz Infantil, y se siente llamado a implicarse en la aventura que está leyendo, aunque no se atreve a dar el paso. 

Aparición del sabio anciano.
Cap. XII

Se trata de la Emperatriz Infantil, que no es una anciana, pero si tiene sabiduría y dones especiales. Es tan antigua como la imaginación. Obliga a Bastián a introducirse en La historia interminable haciendo que el Viejo de la Montaña Errante repita la narración una y otra vez. Esta repetición hace que la historia no avance y Bastián se decide a intervenir llamando a la Emperatriz “Hija de la Luna”.

Entrada en el mundo especial. Cruce del primer umbral
Cap. XII

Al  introducirse en La historia interminable, Bastián pasa del mundo real al mundo imaginario de la narración. Fantasia se salva, pero para él comienza ahora su recorrido: encontrar su Verdadera Voluntad y regresar a su mundo. 

Instrucción del candidato
Caps. XIV-XV

La Emperatriz Infantil otorga a Bastián el ÁURYN, el signo del máximo poder en Fantasia. Con él, Bastián debe empezar su propia aventura, protegido y acompañado por su mentora. Además, Bastián recibe instrucción de Atreyu y Graógraman.

Pruebas
Caps. XIV-XV: Bastián sobrevive en Goab el desierto de colores y convive con Graógraman, león gigantesco llamado la Muerte Multicolor.
Cap. XVI: Desafío y victoria sobre Hynreck el Héroe. Bastián es aclamado como héroe de Fantasia.
Cap. XVII: Bastián se supera a sí mismo inventando la historia de la ciudad de Amarganz y dándole a esta una biblioteca con todas las historias imaginadas por él.
Cap. XVIII: Convierte a los ayayai en polillas-payaso para librarlos de la tristeza, aunque eso constituye, posteriormente, un fracaso.

Aliados y consejeros
Atreyu y el dragón Fújur. El león Graógraman. El monito Árgax (XXIII). Los tres caballeros Hykrion, Hysbald y Hydorn. Doña Aiuola (XXIV) Yor el Minero Ciego (XXV)

Enemigos
Su gran enemiga es la hechicera Xayide que lo impulsa a quedarse en sus deseos  de vanagloria, egoísmo y competitividad. Lo incita a coronarse como emperador de Fantasia y le hace desconfiar de su amigo Atreyu.

Primeras heridas (caídas y fracasos)
En realidad, Bastián no sufre las heridas que el héroe padece en el cumplimiento de su misión. Se trata más bien de fracasos debidos a ala mala elección de sus deseos  y de caídas morales provocadas por la falta de aceptación de sí mismo y su deseo de encumbramiento.
Bastián convierte a los ayayai en polillas-payaso porque no asume el dolor ni la tristeza. Más tarde, las polillas, hartas de vivir en una alegría sin sentido, reclaman de él volver a su antigua naturaleza (XVIII y XXV)
Por otra parte, Bastián se deja arrastrar por el deseo de ser emperador de Fantasia y llega a provocar una guerra y a luchar personalmente con su amigo Atreyu.

Visita al oráculo 
Consulta a Yor el Minero Ciego, en la Mina de las Imágenes, sobre cómo aprovechar sus deseos para salir de Fantasia.

Descenso a los infiernos. Cruce del segundo umbral 
Cap. XXIII
Bastián visita simbólicamente el reino de los muertos cuando llega a la Ciudad de los Antiguos Emperadores. Es una ciudad habitada por locos (“muertos para el mundo real), que son los que se coronaron de hecho como emperadores de Fantasia. Esto les impidió encontrar el camino de vuelta a su mundo.

Desaparicion de aliados, consejeros y mentores
La Emperatriz Infantil solo se revela una vez a cada uno; por lo tanto no está en la Torre de Marfil cuando Bastián va a buscarla (XXII). Después de la batalla de la Torre de Marfil, Atreyu y Fújur lo abandonan. Así mismo, sus compañeros y aliados en la guerra lo dejan marchar porque no pueden seguirle (XXIII)

Prueba suprema
Cap XXV

Sucede cuando Bastián debe permanecer un tiempo excavando en el pozo de la Mina de las Imágenes hasta encontrar una imagen que le ayude a desear encontrar el camino de regreso a su mundo. Cuando por fin la encuentra, las polillas-payaso se la rompen con sus volteretas. Después de esto, Bastián, que había perdido ya todos sus recuerdos, pierde su ultima posesión: su propio nombre. 

Sacrificio de la vida
Aunque no muere físicamente, Bastián se ve desposeído de todo lo que lo vinculaba a su mundo por un lado y, por otro, lo que le relacionaba con Fantasia. Lo pierde todo. En realidad, ha malgastado sus deseos y cree que no puede encontrar su Verdadera Voluntad. Él ve que ya es imposible conseguir el Agua de la Vida para llevarla a su padre y a su mundo.

Resurrección y recompensa. Triunfo de la misión y del héroe
Cap. XXVI

En la Casa del Cambio (XXIV), Bastián experimentó el deseo de ser capaz de amar. Gracias a este deseo se pone en marcha hacia la Fuente de la Vida. Atreyu y Fújur le conducen a ella y allí Bastián se siente transformado. Vuelve a ser el niño de antes, pero ya se acepta a sí mismo. En su resurrección, Bastián encuentra el camino de regreso a su mundo y lleva a su padre un poco del Agua de la Vida. Por tanto, Bastián triunfa como salvador de Fantasia y triunfa en su propia aventura, pues, gracias a su regreso, puede culminar su camino de maduración personal, y su experiencia permite que otros encuentren el camino a Fantasia. 


martes, 10 de marzo de 2026

La meta ficción es lo que permite que La historia interminable sea interminable

Texto: Catalina Bernabó Cruz en Universidad Adolfo Ibañez. Facultad de Artes Liberales
Imagen: francescoch 



En La historia interminable de Michael Ende, podemos observar que la metaficción es un elemento fundamental de la obra, es más, sin esta la novela no tendría un argumento base.
 

La metaficción, es la literatura sobre la literatura. Según Zavala (2010), “cada texto metaficcional construye su propia propuesta acerca de las posibilidades y los límites del lenguaje, y, muy especialmente, acerca de lo que significan el acto de escribir y el acto de leer textos literarios” (p.3). En La historia interminable vemos como se construye el choque entre el mundo real y el mundo de fantasía, y como Bastián a través de la lectura puede generar cambios entre estos dos mundos. Este tipo de metaficción según Jesús Armas pertenece a la metalepsis narrativa, que se da cuando el personaje leído de la novela se pone en contacto con su lector ficticio, rompiendo así la estructura ficcional (p.8). 

Podemos observar que esta estructura es el argumento sobre el cual se sostiene la obra de Michael Ende, por lo que podríamos concluir que La historia interminable existe gracias a la metaficción, es decir, a través de esta, la novela surge y al mismo tiempo, por esta misma no tiene fin.

La historia interminable no puede existir sin la metaficción, esta forma parte del argumento principal y base de la obra. El que Bastián pueda introducirse en una historia, siendo parte de la novela y que el lector pueda leer esta, es lo que le da vida al mundo de fantasía, y es lo que lo hace tan único e interesante. A través de la metaficción el libro se va escribiendo a sí mismo, sin esta el libro no puede existir. Un ejemplo claro de esto en la novela, es cuando la Emperatriz Infantil se encuentra con el Viejo de la Montaña Errante, al entrar a su guarida lo primero que observa es el libro de La historia interminable con el mismo aspecto físico del que tenía Bastián en sus manos, de hecho, este deja de leer sorprendido: “el libro que tenía en las manos era el libro del que se hablaba. Pero ¿cómo podía aparecer ese libro dentro de sí mismo?” (Ende, 129). Aquí podemos observar cómo se empieza a romper el marco ficcional en la historia, donde ambos mundos comienzan a chocar, y Bastián se empieza a dar cuenta que el libro que está en sus manos, se va escribiendo a medida que lo lee. Y así se lo explica el Viejo de la Montaña Errante a la Emperatriz Infantil: “Podía leerlo mientras lo escribía. Y lo sé porque lo leí. Y lo escribí porque sucedió. De esa forma, por mi mano, la Historia Interminable se escribe a sí misma” (Ende 131). 

El viejo no podía decirle a la Emperatriz qué iba a suceder a continuación, ya que él va escribiendo la historia a medida que sucede, y para atraer a Bastián al mundo de Fantasia, y que comprenda finalmente que al que necesitan es a él, el Viejo de la Montaña Errante comienza a contar la historia desde el comienzo, lo cual comenzaría con la historia de Bastián al entrar a la librería. Aquí tanto lectores, como Bastián como lector quedan en desconcierto, ya que el libro hace alusión directa a su comienzo, y en caso de Bastián a que la historia comienza cuando el coge el libro. Por lo tanto, sin esta “historia dentro de la historia”, La historia interminable, no podría existir, y mucho menos ser infinita. Jesús Armas afirma que cuando se da esta metalepsis narrativa; “…la obra presenta ante los ojos del pequeño lector una obra “en construcción”, porque las interferencias de un mundo en otro provocan pequeños cataclismos, cambios imprevisibles. Son casos evidentes de ruptura del marco, pero mantienen la ilusión de la ficción” (p.8).

Para continuar, otro elemento que nos permite argumentar que la metaficción es lo que permite que La historia interminable, sea interminable, es que el lector comienza a ser parte de la historia. Ya que al igual que Bastián está inmerso en la lectura, y le da vida al libro otorgándole un nuevo significado. Fantasia vuelve a existir cada vez que alguien lee La historia interminable, ya que cada persona le entrega un significado distinto, no todos leen lo mismo, a través de nuestras propias experiencias, podemos leer distintas versiones del mismo libro, haciéndolo así, interminable. Roberto Cáceres, se hace la misma pregunta que Michael Ende realiza en otra de sus obras; cuando varias personas leen el mismo libro ¿leen realmente lo mismo? Aquí, Cáceres pone énfasis en la multiplicidad semántica que existe en la literatura (p.4) al ser seres individuales con nuestra propia historia, experiencias y formas de ver la vida, le otorgamos distintas significaciones al mundo que nos rodea. No dudo que al leer La historia interminable, yo junto a todos mis compañeros de esta asignatura, aunque hayamos leído el mismo libro, nos hemos quedado con cosas distintas, no creo que ninguna lectura haya sido idéntica a la otra. 

Como lectores, al igual que Bastián revivimos esta historia junto a todos sus personajes, y le vamos dando nuevos significados y rumbos a la novela. Cáceres lo aclara de esta forma también: “El planteamiento inicial de la obra (un libro que se escribe según es leído, en el que autor, lector y protagonista coinciden en un acto de creación y recreación simultáneo) …” (p.2). Incluso hasta el propio autor, da de cierta manera este mensaje oculto en el libro; “¡Lo que allí se contaba era su propia historia! Y estaba en la Historia Interminable. Él, Bastián, ¡aparecía como un personaje en el libro cuyo lector se había considerado hasta ahora! ¡Y quién sabe qué otro lector lo leía ahora precisamente, creyendo ser también sólo un lector... y así de forma interminable! (Ende 134). Como lectores, al estar inmersos en la lectura, volvemos a darle vida una y otra vez a La historia interminable, leyendo la novela desde nuestra perspectiva y otorgándole un propio sentido.

En conclusión, gracias a la metaficción es posible La historia interminable, tanto así por como estructura el argumento base de la novela, a como nosotros como lectores le vamos dando infinitos significados a través de nuestra lectura. En mi opinión el carácter meta literario que tiene la novela de Michael Ende, es lo que la hace tan llamativa y especial, ya que nos invita como lectores a sumergirnos en el libro, ver la historia con los ojos de sus personajes y llegar al mundo de Fantasia. Siento que también hace un fuerte llamado a la creatividad. Constantemente a lo largo del libro se dejan historias sin finalizar con la frase “Pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.”, permitiéndonos como lectores imaginar y dar con finales para esos personajes, y dando nuevamente alusión a la infinidad de la historia. En lo personal, la metaficción además de ser fundamental para que La historia interminable exista como tal, es lo que le da un carácter único al libro y lo que lo ha hecho tan popular y relevante hasta hoy en día. 


 

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Referencias:
Armas, Jesús Díaz. "El libro dentro del libro: aspectos de la metaficción en la literatura infantil y juvenil." AILIJ. Anuario de Investigación en Literatura Infantil y Juvenil 1 (2003).

Cáceres Blanco, Roberto. "Una lectura alquímica de «La historia interminable»." (2018): 263-292.

Zavala, Lauro. "Leer metaficción es una actividad riesgosa." Literatura: teoría, historia, crítica 12 (2010).

 

martes, 16 de diciembre de 2025

El ponche de los deseos

Texto: Jose Asgard Arroyo Canales en Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
Imagen: portada de libro 

 

Escrita en 1989 por el alemán Michael Andreas Helmuth Ende, la novela El ponche de los deseos ha sido traducida a diferentes idiomas, creando asombro y fascinación a lectores en todo el mundo. Los libros de este autor han sido fuente de inspiración para la creación de obras de teatro, ópera, entre otras.

La novela narra la historia del brujo Belcebú Sarcasmo, Consejero Secreto de Magia y distinguido Miembro de la Academia de Negras Artes, con gran dominio en el conocimiento de la hechicería para moldear la realidad a su antojo, quien tiene todo ese poder dedicado únicamente a fines maléficos. La historia se detona con la desafortunada visita del burócrata Maledictus Oruga, el Ministro de las Tinieblas Supremas y representante de Belcebú, el señor de los infiernos, quien le recuerda a Sarcasmo que no ha cumplido con su cuota de maldades pactadas y que antes de la media noche debe ejecutar lo prometido. En el mismo dilema se encuentra Tiranía Vampir quien también debe cumplir su contrato, motivo por el que aparentemente trabajará con Sarcasmo.

La historia mantiene al lector en una tensión constante ya que es una carrera contra al reloj. Los protagonistas solo tienen siete horas exactas antes de que acabe el año para cumplir con el contrato prometido. Abatidos y desesperados necesitan trabajar en conjunto para unir dos mitades de un enigmático pergamino que contiene la fórmula de un brebaje que hace que se cumpla todo lo que deseas.

La tarea es casi imposible, la lista de ingredientes resulta ser una serpiente de pergamino con más de cinco metros de largo, que contiene el secreto del ponche genialcoholorosatanarquiarqueologicavernoso. Mientras realizan la enredosa tarea de desciframiento y preparación del ponche de los deseos, la pugna entre ambos protagonistas permanece latente; es decir, ha llegado el momento, cada uno pretenderá exterminar al otro y ser el único que tome el brebaje sin ser descubierto. Un juego engañoso, en el cual sobrevivirá el más mentiroso y malvado.

Lo que Sarcasmo y Tiranía ignoran es que necesitarán más que un ponche para zafarse de sus obligaciones ya que sus mascotas, un cuervo desplumado con el nombre de Jacobo y un gato robusto con el seudónimo de Mauricio, espías del señor de los infiernos, tratarán de impedir que logren sus planes malignos, obstaculizando sus planes.

El ponche de los deseos parece un texto complejo por lo enredado de la trama, empero, no es así, resulta divertido y fascinante. Michael Ende nos regala una historia mágica dándoles el triunfo a los animales, en esa última noche del año. Algo maravilloso que sin duda es motivo de reflexión. Las descripciones de los personajes, de los objetos, de las escenas, son tantas y tan vívidas que la mente vuela desenfrenada, construye e idealiza una historia legendaria.

Además de tener un magnífico relato, el escritor transmite en cada uno de sus icónicos y extravagantes personajes, moralejas, como la preservación de nuestro entorno, el cuidado de otros seres vivos, la motivación, el siempre creer en nosotros mismos, luchar por lo que soñamos sin nunca darnos por vencidos, incluso cuando el objetivo parece imposible de alcanzar.

Así que El Ponche de los deseos lleva el mensaje implícito que reta a todo lector atrevido: ¡Adéntrate en esta carrera contra el reloj y cruza los dedos en ésta “fabucuenticontalectugenimaravillosa” historia!


viernes, 12 de diciembre de 2025

Michael Ende y sus tortugas

Texto: LUDWIGGALERIE
Imagen: Alejandra Romero


Cuando uno pasea por las obras de Michael Ende, siempre destaca un motivo particular: la tortuga. El autor parece tener preferencia por la tranquilidad.
Hablamos de Casiopea de Momo, de la antigua Morla de La historia interminable y de Tranquilla Tragaleguas, que incluso da nombre a su libro. Cada una de estas criaturas es importante para la historia a su manera. 

Casiopea es un símbolo de esperanza y consuelo, guía a Momo y es la única que está con ella cuando todos sus demás amigos la han abandonado. Al mismo tiempo, son fascinantes los mensajes, a menudo enigmáticos, que aparecen en su caparazón y su capacidad de ver el futuro. Estas cualidades de misterio y misticismo a menudo se asocian con las tortugas. 

La Vetusta Morla, por otra parte, es casi la contrapartida de Casiopea. Mientras Casiopea vive con el Maestro Hora en la hermosa y cómoda Casa de Ninguna Parte, el nombre del sitio que habita Morla, es el Pantanos de la Tristeza, que ilustra una situación completamente diferente. La tortuga es vieja y resignada [a la soledad], lo que también se refleja en su negativa por ayudar a Atreyu en su misión. Esto se simboliza en la descripción de los ojos de ambos personajes:

Sus inteligentes ojos negros brillaban con tal amabilidad, como si de un momento a otro fuera a comenzar a hablar (Ende: Momo, p. 131)

Sus ojos eran grandes como charcos negros. (…) La mirada gigantesca, oscura y vacía de la Vetusta Morla paralizaba su mente. (Ende: La Historia Interminable, pp. 58-59)
Otro contraste entre las dos tortugas es la voz de la Vetusta Morla y la falta de voz de Casiopea. La voz de Morla se describe como un gorgoteo desagradable que habla consigo misma y en tercera persona. Atreyu sospecha que esto se debe a su soledad. Casiopea, por otro lado, se comunica mediante la escritura. No puede hablar pero sus misteriosas palabras aparecen en su caparazón. Mientras la vieja Morla está atrapada dentro de sí misma, Casiopea es capaz de comunicarse y escuchar sin revelar demasiado de sí misma. Casiopea ayuda a Momo en su lucha contra los ladrones del tiempo, mientras que la Vetusta Morla no quiere ayudar a Atreyu porque ya no le importa nada. Sin embargo, cuando Atreyu la convence de revelar la cura para la enfermedad de la Emperatriz Infantil, Morla finalmente, al igual que Casiopea, se convierte en una figura central en la progresión de la historia y tiene una influencia esencial en la aventura del héroe. La Vetusta Morla también parece haber recibido con agrado la visita de Atreyu. Ella se ríe por primera vez en mucho tiempo.

Tranquila Tragaleguas es un tipo de tortuga completamente diferente. No parece ser tan omnisciente ni tan experimentada como Casiopea y Morla, pero tiene una certeza instintiva de que todo saldrá bien. Aunque todos los demás animales se lo desaconsejan, ella quiere llegar por sus propios medios hasta la boda del león y no se la puede disuadir de cambiar su decisión. 
 
Las tres tortugas tienen en común su paz y tranquilidad inherentes. Tranquila Tragaleguas en particular consigue transformar estas características, que también podrían verse como lentitud y letargo, en algo positivo. Su perseverancia le permite alcanzar su objetivo, sin importar el tiempo que le lleve. Su repetida frase “Paso a paso” también muestra esta coherencia frugal y recuerda a Beppo Barrendero de Momo, que hace su trabajo golpe a golpe de escoba. Quién sabe, ¡quizás podamos aprender esta confianza de las tortugas!
 
 

miércoles, 10 de diciembre de 2025

En lugar de prólogo: para ser más exactos

Texto: Michael Ende en Los mejores cuentos
Imagen: Pixabay

 

 



Todos los miembros de nuestra familia, desde el más viejo hasta el más joven, tenemos la misma pequeña debilidad: la lectura. Es prácticamente imposible conseguir que uno de nosotros, por algún motivo, deje su libro a un lado para hacer alguna otra cosa urgente o inaplazable. Lo cual no significa que esa cosa urgente o inaplazable no se haga. Lo que sucede es que nos parece que no es en absoluto necesario renunciar por eso a la lectura. Se puede hacer perfectamente lo uno si tener que dejar de hacer lo otro, ¿o no? Admito que ello acarrea de vez en cuando algún pequeño percance…, pero ¿qué importa?

El abuelo, pongamos por caso, está sentado en un cómodo sillón de orejas, fumándose su pipa con un libro en la mano. Está leyendo. Al cabo de un rato, sacude su pipa dándole unos golpecitos en el cenicero de la mesita que tiene delante. Bueno, para ser más exactos, no es realmente su cenicero, sino más bien un florero. Por el sonido, el abuelo se acuerda vagamente de que ya hace mucho tiempo que debería haber tomado su medicina para la tos. Así que agarra el florero y se bebe todo lo que hay dentro.

- ¡Mmm, mmm! –gruñe-, ¡qué fuerte está hoy el café…! ¡Lástima que esté tan frío!

La abuela, pongamos por caso, está sentada en el sofá que hay en el otro rincón del cuarto. Lleva puestas unas gafas sobre su nariz y hace calceta entrechocando las agujas. Sobre su regazo hay un grueso libro, que está leyendo.

Teje y teje… ¿Que qué teje? Pues un calcetín, por supuesto. Bueno, para ser más exactos, realmente no es un auténtico calcetín, sino más bien una especie de gigantesca serpiente de lana que cubre ya, serpenteante, todo el suelo de la habitación. Mientras la abuela pasa la página, echa una rápida ojeada al monstruo por encima de sus gafas y murmura:

- Me parece que ha vuelto a haber un incendio en casa. Pero los bomberos no deberían dejarse así, sin más, la manguera tirada por la casa…

El padre pinta retratos. Está, pongamos por caso, en su taller, delante de un lienzo, haciéndole un retrato a una rica y distinguida dama. La dama está sentada ante él en un pedestal; lleva en la cabeza un sombrerito de flores encantador y tiene a su perrillo faldero en el regazo. El padre pinta con una mano y con la otra sostiene un libro que está leyendo. Una vez terminado el cuadro, la distinguida y rica dama se acerca expectante a admirar su propio retrato. El cuadro ha quedado muy bonito. Bueno, para ser más exactos, quizá haya quedado un poco raro, pues a la dama del sombrerito de flores el padre le ha pintado la cara del perrillo faldero, y al perrillo faldero que tenía en el regazo le ha pintado el rostro de la dama. Por eso ahora la dama se marcha bastante indignada sin comprar el bonito retrato.

- Bueno -dice, afligido, el padre-, quizá no haya salido muy favorecida… ¡pero se parece!

La madre, pongamos por caso, está en la cocina preparando la comida. Afortunadamente, se le ha olvidado encender el fuego del puchero, porque, de lo contrario, tal vez la comida ya estuviera un poquito requemada, pues tiene un libro en una mano y lo está leyendo. En la otra mano tiene un cucharón, con el que remueve y remueve. Bueno, para ser más exactos, no se trata realmente de un auténtico cucharón, sino más bien de un termómetro.

Al cabo de un rato, se lo lleva a la oreja y dice, meneando la cabeza:

- Ya ha pasado otra hora. Así, naturalmente, jamás podré terminar a tiempo.

La hermana mayor (tiene catorce años) está, pongamos por caso, en el pasillo, al teléfono, en estado de tensión y con el auricular pegado a la oreja. Ya se sabe que los teléfonos se inventaron expresamente para las hermanas de catorce años, pues sin el auricular en la oreja, todas las hermanas de catorce años del mundo seguro que se morirían por falta de noticias, igual que los buzos sin botellas de oxígeno por falta de aire. Pero nuestra hermana de catorce años tiene, además, un libro en la mano y lo está leyendo. Aun así, naturalmente, oye muy bien todas las cosas emocionantes que su amiga tiene que contarle. Bueno, para ser más exactos, quizá no lo oiga del todo bien, porque en realidad, no ha marcado ningún número. Y así, finalmente, después de un par de horas, pregunta como de pasada:

- Oye, ¿quién es ese “Tuuu-Tuuu” del que llevas hablando todo el rato?

El hermano pequeño (tiene diez años) digamos que va, pongamos por caso, camino de la escuela. Naturalmente él también lleva un libro en la mano y lo va leyendo, pues ¿qué otra cosa mejor podría hacer durante el largo trayecto en el tranvía? El tranvía se bambolea y traquetea, sube y baja, y sin embargo, no acaba de moverse del sitio. Bueno, para ser más exactos, realmente no es un auténtico tranvía, sino más bien el ascensor de nuestra casa, del que el hermano pequeño se ha olvidado salir. Cuando, pasadas algunas horas, sigue sin haber llegado a la parada que hay delante de la escuela, murmura preocupado:

- Seguro que hoy el profesor tampoco va a creerme que, si llego siempre tarde, no es por culpa mía.

El miembro más joven de nuestra familia, el bebé, está, pongamos por caso, acostado en su canastilla. En nuestra familia, naturalmente también el bebé lee ya. Como todos los demás, tiene un libro en la mano, sólo que el suyo es más pequeño y pesa menos que los libros de los mayores, pues se trata de un libro de bebé. En la otra mano tiene el biberón, pues su misión, que él se toma muy en serio, consiste en alimentarse bien para hacerse grande y fuerte y poder leer pronto libros más grandes y más pesados. Pero, para ser más exactos, realmente lo que tiene en la mano no es exactamente su biberón, sino más bien un gran tintero. Y tampoco bebe de él, sino que, de vez en cuando, lo sacude y se echa un chorrito en su cabecita. Eso le trae absolutamente sin cuidado, y sólo cuando finalmente le cae una gruesa mancha de tinta en la página que está leyendo, comienza de repente a llorar y grita (y espero que nadie pondrá en duda que nuestro lector bebé sabe ya, por supuesto, hablar perfectamente):

- ¡Qué alguien encienda la luz, que ya está todo muy oscuro!

Nuestro gato, como la mayoría de los gatos, tiene la misión de cazar ratones. Su profesión lo es todo para él; y por eso, pongamos por caso, se pasa tan a menudo horas enteras delante de una ratonera que hay a la izquierda, en la parte de atrás del cuarto, al lado del ropero. También él, por supuesto, tiene un pequeño libro entre las patas, pues ¿en qué otra cosa mejor iba a emplear tanto tiempo como se pasa al acecho? (Y el que crea que un gato puede leer no debería asombrarse de que también pueda hablar). Así que, como decía, está delante de la ratonera. Bueno, para ser más exactos, realmente no es una auténtica ratonera, pues, mientras estaba leyendo, los ratones le han dado sencillamente la vuelta y lo han corrido un poco hacia un lado, de manera que ahora está delante del enchufe. Al cabo de un rato, mete en él las uñas y echa chispas por el rabo.

- ¡Ay! –maúlla sobresaltado-. ¡Este libro está realmente cargado de tensión!

Nuestra ranita de San Antonio está, pongamos por caso, en su recipiente. Tiene una importante misión: predecir el tiempo subiendo o bajando su escalera. Cumple con su obligación de una manera muy concienzuda, siempre y cuando en ese momento no esté leyendo, pues a estas alturas resultará evidente que en nuestra casa también la ranita de San Antonio tiene su propio libro, que es del tamaño de un sello y además impermeable.

(No malgastaré ahora ni una sola palabra diciendo que una rana que lee también habla). Lo malo es que en realidad no para de leer, y por ello no dedica la atención necesaria a su principal oficio. Aunque a veces, de repente, la mala conciencia puede con ella y se acuerda de su obligación. Entonces, para demostrar su buena voluntad, echa de repente a correr y sube la escalera a toda velocidad, siempre con el libro en su húmeda pata. O la baja exactamente igual deprisa y sin motivo alguno. Bueno, para ser más exactos, realmente no la baja peldaño a peldaño, sino que pisa en el vacío y cae dando tumbos por la escalera abajo, armando un estrépito de mucho cuidado.

- Si no me equivoco –croa entonces frotándose su verde anca-, pronto va a haber una fuerte depresión atmosférica.

El único de nuestra familia que no lee tenía que ser precisamente el ratón de biblioteca, que pongamos por caso, vive en el octavo tomo del diccionario enciclopédico Brockhaus. No señor, no lee. Él valora los libros exclusivamente desde el punto de vista de si son comestibles o no. Por eso sus opiniones sobre el “buen gusto” o el “mal gusto”, por lo menos en ese sentido, sólo tienen un valor muy relativo, y todos los demás tampoco lo consideramos plenamente como un miembro de la familia.

Quizá alguien se esté preguntando ahora qué relación de parentesco guardo yo con el resto de los miembros de la familia. Debo reconocer que ni yo mismo lo tengo del todo claro. Bueno, para ser más exactos, yo a esta gente no la conozco en absoluto, y entre nosotros, casi no me creo que existan realmente. Posiblemente toda esta historia que os he contado ha salido como ha salido porque, mientras la estaba escribiendo, estaba al mismo tiempo leyendo el libro que tengo delante.

Y ahora ya lo único que me queda es aconsejaros que hagáis lo mismo. Bueno, para ser más exactos, realmente ya lo estáis haciendo, pues si no, no habríais leído todo lo que pone aquí. ¡Así que no molestéis y dejadme también a mí seguir leyendo!

 

 

martes, 9 de diciembre de 2025

La Nada: Imaginación contra Nihilismo en La historia inteminable

Texto: Atreyu en Fronteras de Fantasia
Imagen: portada de libro




Hoy hablaremos de La Nada, el enemigo invisible que consume Fantasia, y representa algo más que un simple villano: y es una metáfora de la deconstrucción en el nihilismo que amenazan constantemente nuestra capacidad de soñar y crear.

Primero, hablamos de cómo la “Nada” representa una amenaza existencial para la imaginación y el alma humana. Después, nos centramos la manera en que Ende sigue los pasos de Tolkien y Lewis al defender la fantasía como una fuerza transformadora. En tercer lugar, recordamos por qué la adaptación cinematográfica, aunque icónica, no logró capturar los matices de la novela y diluyó su mensaje central. Terminamos con algunas conclusiones.
 

El Significado de la Nada: Más que una Amenaza de Fantasía
En La historia interminable de Michael Ende, la Nada no es simplemente un antagonista o una fuerza oscura que amenaza su mundo, Fantasia. Es, en esencia, la ausencia absoluta de existencia y significado. Aunque, en apariencia, es solo un vacío que devora el mundo, su significado es mucho más profundo. Representa una amenaza existencial: la pérdida de sentido y el abandono de la imaginación. No es un enemigo tangible, sino una fuerza sutil que despoja al mundo de significado.

No destruye de forma activa; su poder radica en borrar por completo cualquier rastro de lo que consume, dejando un vacío donde antes había algo. A diferencia de otros villanos clásicos, no busca conquistar ni dominar, sino erradicar la realidad misma.

Cuando Fantasia empieza a desaparecer, sus habitantes no entienden qué ocurre. No hay ejércitos ni catástrofes, solo la progresiva desaparición de lugares y criaturas. Los habitantes de Fantasia no pueden explicar la Nada con claridad. No es un monstruo ni un ejército oscuro: es la ausencia misma de existencia. Cuando algo desaparece, no deja rastro, ni siquiera un agujero. Como explica el personaje del fuego fatuo al comerrocas al decirle cómo desapareció el lago Cálidocaldo:

Un agujero es algo. Y allí no hay nada.

La Nada se presenta como una fuerza silenciosa que avanza sin ser notada hasta que es demasiado tarde. Fantasia no se desmorona en una batalla épica; se disuelve poco a poco, devorada por el vacío. Este concepto, tan abstracto como aterrador, es una alegoría del nihilismo, el escepticismo y la pérdida de imaginación que acechan tanto al individuo como a la sociedad.

Michael Ende no oculta esta simbología. A través de esta metáfora, explora la idea de que el vacío interior y la falta de propósito no son simplemente problemas personales, sino enfermedades sociales. La Nada es contagiosa y se propaga rápidamente en sociedades que han dejado de valorar la imaginación, el arte y la cultura.

El mensaje de Ende es claro: la imaginación es una herramienta esencial para combatir el vacío. Fantasia solo puede salvarse si los humanos creen en ella y participan activamente en la creación de nuevos relatos. Esta participación es lo que mantiene viva a Fantasía y, en última instancia, al propio ser humano. En este sentido, La historia interminable no solo narra una aventura fantástica, sino que plantea una reflexión profunda sobre el papel del arte y la literatura en nuestras vidas. La Nada es una advertencia: si dejamos de soñar, si permitimos que el cinismo y la desesperanza nos invadan, corremos el riesgo de perder no solo nuestra capacidad de imaginar, sino también nuestra humanidad.

Aquí radica la brillantez de Ende, conectar la nada con el pensamiento nihilista y la corriente filosófica y literaria conocida como “deconstrucción”, que tiene sus raíces en el trabajo del filósofo Jacques Derrida.

Esta teoría sostiene que los textos no poseen un significado fijo o unívoco sino que están llenos de contradicciones, ambigüedades y vacíos que desafían una interpretación cerrada. Derrida argumenta que el lenguaje es inherentemente inestable, lo que impide que un texto pueda tener un solo significado definitivo. En lugar de buscar la “verdad” detrás del texto, la deconstrucción se enfoca en revelar cómo los significados se desplazan y se descomponen, sugiriendo que el texto está en constante deconstrucción a través de la interacción con el lector y el contexto.

El deconstruccionismo sostiene, por tanto, que no hay una verdad fija en los textos ni en la realidad misma. Todo es relativo, y cualquier intento de encontrar un significado absoluto está destinado a fracasar. Según esta perspectiva, un libro no tiene sentido propio hasta que el lector lo interpreta. La obra solo existe en el acto de leerla, y fuera de ello, es simplemente tinta en papel.

Ende parece responder directamente a esta idea. Bastián mismo, justo antes de sumergirse en el libro, reflexiona sobre este concepto:

Me gustaría saber», se dijo, «qué pasa realmente en un libro cuando está cerrado. Naturalmente, dentro hay sólo letras impresas sobre el papel, pero sin embargo… Algo debe de pasar, porque cuando lo abro aparece de pronto una historia entera. Dentro hay personas que no conozco todavía, y todas las aventuras, hazañas y peleas posibles… y a veces se producen tormentas en el mar o se llega a países o ciudades exóticos. Todo eso está en el libro de algún modo. Para vivirlo hay que leerlo, eso está claro. Pero está dentro ya antes. Me gustaría saber de qué modo.

Ende, como argumenta Kath Filmer, no niega el papel del lector. De hecho, lo ratifica. Bastian participa activamente en el libro, debe hacerlo porque si no la historia simplemente se repetirá de forma interminable. Una vez que participa y se involucra en el mundo de Fantasia, dando nombre a la Emperatriz infantil, la historia cobra vida y Bastian, como reflejo del lector en general, se involucra en en el mundo inventado en el sentido que Tolkien expresó en su famosa conferencia “Sobre los cuentos de hadas”: El escritor crea un Mundo Secundario donde el lector puede entrar, e involucrarse según sus propios términos, pero para hacerlo, debe existir ese mundo secundario. La entrada de Bastian en el libro transforma el texto, generándose un encuentro de imaginaciones, la del autor y la del lector. Y esta interacción es vital para la vida de Fantasia.

Lewis también aborda esta idea en Las crónicas de Narnia, aunque dándole un toque algo más religioso, especialmente en El sobrino del mago, donde Aslan canta el mundo a la existencia, pero necesita que Digory y otros humanos lo habiten y cuiden de él. El creador establece las bases, pero son los soñadores quienes dan forma y sentido a esos mundos.

En La historia interminable, Fantasia solo sobrevive si hay humanos que creen en ella y aportan nuevos sueños. Sin la participación activa de lectores (en el caso del libro, de Bastián), el mundo imaginario se desmorona y la Nada avanza.

“Nada en absoluto” es por la tanto la esencia de la deconstrucción nihilista. La “Nada” de Derrida, como la de Ende, devora el mundo secundario. Así, por ejemplo, en la conversación de Gmork, el hombre lobo servidor de la Nada, con Atreyu, asegura que “vosotros tenías un mundo, pero yo no”. Los deconstructivistas se niegan un mundo, y niegan también el de los demás, ya sean materiales, imaginativos o espirituales.

 

Ende y la antroposofía
Michael Ende estuvo influido por la antroposofía, una corriente filosófica y espiritual fundada por Rudolf Steiner a principios del siglo XX, que sostiene que la realidad no se limita al mundo físico y material, sino que existe una dimensión espiritual accesible a través de la intuición, la meditación y el desarrollo interior.

Las ideas sobre la imaginación como puente hacia realidades más profundas, el papel de la fantasía para revelar verdades espirituales y la interconexión del ser humano con el universo. O también La Nada, que amenaza con devorar Fantasía, y simboliza también la desconexión espiritual y la pérdida de la capacidad creativa, reflejando el vacío existencial de una humanidad atrapada en el materialismo.

Todo ello parece que refleja algunos conceptos antroposóficos que han permeado en la obra de Ende.

Pero a pesar de lo anterior, la visión del mundo de Ende, como menciona Peter Boccarius en su biografía, no fue moldeada únicamente por la antroposofía, y  nunca adoptó una única corriente de pensamiento. Para el autor, el arte tenía una importancia superior a cualquier sistema filosófico y creía que ni Steiner ni otros pensadores comprendían plenamente su verdadero propósito. En su opinión, el arte no debía ser utilizado para transmitir verdades filosóficas de manera directa, sino que tenía su propia esencia y razón de ser, independiente de las ideas de los intelectuales.
 
 

Fantasía como Resistencia
Al final, Bastian vence a la Nada gracias a su imaginación, pero poco después comienza a usar su creatividad con fines egoístas lo que le lleva a perder la memoria. El poder de la imaginación no finaliza en la verdadera Fantasia, sino que crea una mentira, a la que Bastian debe renunciar para volver a ser humano. En el mundo real, Bastian le cuenta sus aventuras a su padre y gracias al “Agua de la Vida”, que simboliza el poder creativo e imaginativo, sana su relación con él, Fantasia se convierte así en una metáfora de que los mundos mágicos no son sólo una escapatoria para las dificultades, sino una cura y un consuelo, como argumentaba Tolkien.

En palabras del mismo señor J, esta escapatoria es la del prisionero, no la del desertor. El desertor huye, buscando escapar por completo, sin mirar atrás, hacia un mundo de fantasía donde puede esconderse de sus miedos. En ese lugar, se refugia de la realidad, sin querer enfrentar las dificultades que lo acechan. De manera similar, hay quienes se acercan a las historias solo para mirar los detalles superficiales, sin llegar a profundizar en lo que realmente pueden enseñarnos. Se quedan en lo trivial, sin encontrar ninguna lección que aplicar a su vida.

Por otro lado, el prisionero que logra escapar no lo hace para evadir su realidad, sino para regresar a la lucha. Quiere volver al “frente”, a la batalla por lo que es justo, como alguien que ha entendido lo que una historia tiene para ofrecer y lo lleva consigo, aplicándolo en su vida diaria. En este caso, el verdadero enemigo no es el sufrimiento que nos rodea, sino las injusticias, el odio y la ignorancia que nos retienen. La rutina diaria, que a veces sentimos como una prisión, es la que nos invita a rendirnos. Sin embargo, la fantasía puede ser un refugio que, si sabemos usarla correctamente, nos ofrece la posibilidad de escapar, no para escondernos, sino para encontrar la libertad. Y aunque esa libertad no sea fácil ni inmediata, es, al fin y al cabo, una oportunidad para luchar por un mundo mejor.

Como Tolkien defendía, Los cuentos de hadas siempre nos han ofrecido un refugio, un espacio donde podemos escapar de las presiones, las angustias y las limitaciones de la vida cotidiana. No se trata por tanto de huir de la realidad, sino de encontrar en ella una vía para conectar con lo que hay de más profundo y misterioso en nuestro ser. Nos permiten alejarnos, aunque solo sea por un momento, del sufrimiento, las injusticias y la dura perspectiva de la muerte. En este espacio, los límites de lo posible se desvanecen, y lo ordinario se transforma en algo excepcional, lleno de magia y esperanza.

Lejos de ser una evasión trivial, los cuentos de hadas nos ofrecen consuelo en una forma profunda, invitándonos a imaginar que incluso en los momentos más oscuros, existe una posibilidad de redención. A través de lo que Tolkien describió como eucatástrofe, ese giro inesperado hacia la esperanza, los cuentos nos muestran que la verdadera alegría no es ignorar el sufrimiento, sino aprender a enfrentarlo. Aunque el dolor nunca desaparezca por completo, podemos encontrar destellos de luz en medio de la oscuridad, señales de que, a pesar de todo, hay belleza y sentido más allá de las dificultades.

Es esta capacidad de transformar el dolor en algo esperanzador la que hace que los cuentos de hadas sigan siendo tan poderosos. Nos recuerdan que, aunque la vida esté llena de pruebas, siempre hay una posibilidad de algo más grande, algo mágico que nos conecta con un futuro lleno de promesas. En medio de las sombras, estos relatos nos enseñan que los finales felices, aunque parezcan lejanos o inalcanzables, son posibles y que, a través de ellos, podemos hallar una forma de seguir adelante con renovada fuerza.

Por su parte, Lewis compartía esa idea. En su famoso ensayo sobre los cuentos, Lewis decía que las historias fantásticas no nos apartan de la realidad, sino que nos permiten experimentar lo real de una manera más plena. Según él, a través de la fantasía, podemos llegar a entender mejor nuestro propio mundo y nuestras propias emociones, revelando aspectos de la vida que de otro modo podrían pasar desapercibidos. La fantasía, para Lewis, no era solo una forma de evasión, sino una vía para explorar los grandes temas humanos: la lucha entre el bien y el mal, la esperanza frente al sufrimiento y la posibilidad de redención.

Además, Lewis creía que los cuentos de hadas, especialmente aquellos que incluyen elementos de magia y lo sobrenatural, ofrecían una especie de “verdad secundaria”, algo que, aunque no es literal, nos ayuda a entender las verdades más grandes y profundas de la vida.

Es más o menos parecido a lo que Terry Pratchett defendía, con un punto de vista muy diferente, cuando hablaba de creer en las pequeñas mentiras para creer después en las grandes, como comentamos en nuestro post sobre Mundodisco.

Neil Gaiman también aborda en muchas de sus obras  esta idea de que los mitos y las historias dan forma al mundo. En Sandman, el Sueño, como entidad, es una pieza fundamental en el equilibrio del universo. Si los humanos dejan de soñar, el cosmos mismo se desmorona. También Pullman, defiende en La materia oscura que la imaginación es un acto de rebelión frente a la opresión dogmática. El “polvo” que anima su universo es, en esencia, la chispa de la creatividad y el pensamiento libre.

Todo estos autores, resisten la tendencia moderna al cinismo y reivindican el poder de la imaginación como una fuerza transformadora, curativa y profundamente humana.

Ende lleva esta idea un paso más allá. En su novela, la fantasía no es solo una vía de escape, sino la clave para reconstruir el mundo real. Mientras la imaginación exista, la Nada nunca tendrá la última palabra.

La “Nada” en La historia interminable representa la destrucción de la imaginación, un vacío que consume la creatividad y la vida. Sin embargo, Ende sugiere que la imaginación humana, como un poder creativo, es más fuerte que esta nada destructiva. En palabras de Filmer, la Nada no puede ser una amenaza para la imaginación humana, ya que es nada, y la creación humana es creación ex nihilo, esto es, de la nada.
 
 

La Película y el Olvido del Mensaje
Cuando La historia interminable llegó a los cines en 1984, muchos espectadores quedaron fascinados por su estética visual y su mundo lleno de criaturas fantásticas. La película dirigida por Wolfgang Petersen se convirtió en un clásico instantáneo. Y como ya expliqué en el post que hice sobre esta obra, de pequeño la veía en bucle y me sé diálogos enteros de memoria.

Pero si se analiza desde la perspectiva de la obra original de Michael Ende, surge una realidad incómoda: el filme diluye los temas centrales del libro y pierde gran parte de su profundidad alegórica.

La película convierte La historia interminable en una aventura heroica estándar, eliminando entre otras cosas este poderoso mensaje sobre el valor de la imaginación y la amenaza que representa la Nada. Lo que en el libro es una reflexión sobre el nihilismo, la creatividad y el papel activo del lector, se transforma en una lucha simplificada entre el bien y el mal, con efectos especiales y un dragón simpático (que en realidad se parece más un perro que a un dragón, pero esto es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Uno de los mayores errores de la película es cómo se traiciona el propio concepto de “historia interminable”. El libro es, literalmente, una historia sin fin. La relación entre Fantasía y el lector continúa incluso después de cerrar el libro, lo que refleja la idea de que la imaginación nunca se agota mientras haya alguien dispuesto a soñar. En cambio, la película concluye de forma definitiva. Aunque deja abierta la posibilidad de futuras aventuras, el mensaje es claro: la historia ha terminado. Esto contradice directamente el corazón del libro, donde el lector se convierte en parte de la narrativa, llevándola más allá de las páginas.

Toda esta simplificación es lógicamente un reflejo de la tendencia general de la industria cinematográfica: transformar ideas complejas en conflictos superficiales para atraer a un público más amplio. Pero, al hacerlo, se pierde el alma de la historia.

Pero hay más. La fantasía que defiende Ende, al igual que la de Tolkien o Lewis, no es cómoda ni simple. Implica confrontar verdades incómodas, como que la imaginación es frágil y debe ser protegida, que la apatía puede destruir mundos, incluso aquellos que creemos invulnerables y que las historias importan, no solo como entretenimiento, sino como piezas fundamentales de nuestra humanidad.

Llevar estos conceptos al cine es complicado. La industria tiende a priorizar el espectáculo visual sobre la introspección filosófica. Como resultado, La historia interminable se adapta como una aventura fantástica con moralejas básicas, pero sin el peso metafísico que hace del libro una obra atemporal.
 
 

Conclusión
La historia interminable no es solo un libro para niños. Es una advertencia disfrazada de cuento, una invitación a reconectar con la imaginación en un mundo donde la apatía y el vacío avanzan sin cesar. Michael Ende entendió que las mayores batallas no se libran con espadas o ejércitos, sino en el corazón y la mente de cada persona.

La Nada que devora Fantasia no pertenece solo al reino de la ficción. Se manifiesta en la vida real cuando dejamos de soñar, cuando creemos que las historias ya no importan y cuando caemos en el escepticismo absoluto. Este vacío se alimenta de nuestra indiferencia, del cinismo cotidiano y de la creencia de que la imaginación es un pasatiempo infantil.

En la novela, la salvación de Fantasía depende de Bastián, un lector. Este mensaje no podría ser más claro y positivo: La imaginación no es pasiva. Es un acto de creación, y todos participamos en él.

Cada vez que abrimos un libro, vemos una película o simplemente imaginamos algo diferente, creamos pequeños fragmentos de Fantasia. Pero si dejamos de hacerlo, si cedemos ante el agotamiento o la indiferencia, la Nada avanza.

Ende nos enseña que los lectores somos héroes silenciosos. Al participar en la historia, no solo rescatamos mundos ficticios, sino que cambiamos nuestra percepción del mundo real. El viaje de Bastián, como el de Frodo o el d Lucy, es también el nuestro. La verdadera magia de la fantasía reside en su capacidad para transformarnos desde dentro, haciéndonos más fuertes, compasivos y creativos.

En un mundo donde la “Nada” parece manifestarse de nuevas formas –ya sea en el exceso de información vacía, el cinismo generalizado o la falta de conexión con el arte y la literatura–, La historia interminable sigue siendo una obra imprescindible. Es un recordatorio de que, mientras la imaginación exista, siempre habrá esperanza para crear nuevos mundos y, con ellos, salvar el nuestro.

 

Michael Ende. Artículos en español sobre su vida y obra.

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