viernes, 28 de agosto de 2026

La historia interminable: poder, imaginación y realidad

Texto: Saul Andreetti en Think-Iafor
Imagen: Ayesha L. Rubio




La historia interminable (Michael Ende, Traducido por Raph Manheim. Nueva York: Penguin, 1983) es una novela del escritor alemán de fantasía Michael Ende. La novela, a diferencia de la película homónima estrenada en 1984, evita una representación simplista de los temas fantásticos, ya que genera discursos complejos sobre el Ser, el Tiempo y la naturaleza de los deseos y la memoria. Un aspecto destacado de la novela pone de relieve el Poder como un elemento constante y recurrente, donde se presenta tanto en términos de destrucción como de creación, pues el Poder implica la capacidad de crear o destruir la realidad en su totalidad. Además, el Poder se presenta tanto como un objeto de deseo en sí mismo, algo perseguido por los Manipuladores y el hombre lobo Gmork, un viajero entre mundos (Capítulo IX), como un medio para el control total de la realidad; a través del protagonista del libro, un niño, dotado de la capacidad de crear y destruir el mundo de la imaginación a su antojo. Dos ejemplos del tratamiento que Ende da al poder son objeto del análisis detallado que sigue. Primero, el tema central de la novela, «El camino de los deseos», como la proyección de los anhelos sobre la realidad hasta el punto de moldearla. Segundo, y de forma más aguda, el capítulo IX, donde el poder se presenta como una manipulación de las creencias en el contexto de mundos que se abren paso y la destrucción de la imaginación.

Poder e imaginación: la destrucción de la realidad
La novela presenta una narración lineal y sencilla. Narra la historia de Bastián, un niño que roba de una librería un libro titulado «La historia interminable». Empieza a leerlo en el ático de su escuela y pronto descubre que no se trata de un libro cualquiera, sino de un portal a la dimensión de la imaginación. Finalmente, salva a este mundo de la destrucción en el último momento, entrando en el libro y, por ende, en Fantasia (término que Ende utiliza para referirse al mundo del mito y la imaginación), para luego regresar a su propio mundo, transformado.

“Cuanto más persistan los humanos en sus vidas monótonas y rehúyan una existencia donde el misterio y la poesía desempeñen un papel activo, más se borrará de la existencia el mundo de Fantasia.”

Por el contrario, el héroe de la metadiegética Historia Interminable (Para la noción de metadiégesis, véase Gérard Genette, Figures III, París, Editions du Seuil, 1999), Atreyu, se embarca en su propia búsqueda de transformación. Se propone descubrir la misteriosa enfermedad de la Emperatriz Infantil de Fantasia y fundamentalmente, cómo se relaciona con la Nada, una fuerza ominosa y omnipresente que invade y destruye Fantasia. El lector pronto descubre que esta Nada está relacionada con una misteriosa enfermedad de la Emperatriz Infantil —un personaje que funciona como el equilibrio de los opuestos en la imaginación—, otorgándole así su propia existencia. La Emperatriz Infantil está enferma porque no vive en el tiempo como todas las demás criaturas, sino [por medio de] nombres. 

En consecuencia, solo un nuevo nombre, otorgado por un Hijo del Hombre, puede salvarla, y con ella a Fantasia, de la perdición. El capítulo IX del libro muestra con gran detalle cómo este discurso sobre el poder y la manipulación personifica una lectura política original de la imaginación frente al materialismo irracional. La imaginación se presenta como una cualidad salvadora y redentora, que permite a quienes la cultivan liberarse del control mental de los que ostentan el poder. El héroe, Atreyu, llega a un lugar llamado La ciudad de los espectros, donde se encuentra con Gmork, un hombre lobo moribundo, encadenado a un pozo que emite un lamento fúnebre. Atreyu se acerca a Gmork y tras una breve conversación, descubre por qué el mundo de Fantasia está en peligro. Gmork explica el dilema de cómo la incredulidad humana en la imaginación provoca la desaparición de Fantasia. Cuanto más se aferran los humanos a sus vidas monótonas y rehúyen una existencia donde el misterio y la poesía desempeñan un papel activo, más se borra el mundo de Fantasia de la existencia. Las criaturas fantásticas que luego saltan a la Nada, explica Gmork, se convierten en mentiras, y las mentiras son fundamentales para manipular a los humanos, ya que:

[Los seres humanos] viven de ideas. Y éstas se pueden dirigir. Ese poder es el único que cuenta. Por eso yo también he estado al lado del poder y lo he servido, para poder participar de él... 

Como resultado, el mundo humano se ve inundado de criaturas fantásticas, despojadas de su verdadera naturaleza. Asimismo, los humanos han perdido la capacidad de ver a los seres fantásticos tal como son. La incredulidad humana en la existencia de Fantasia les impide traspasar la frontera entre la realidad y la imaginación y en última instancia, les [impide] proporcionar un nuevo nombre a la Emperatriz Infantil. Esta falta de un nuevo nombre acabará provocando la desaparición de Fantasia.

Las criaturas fantásticas que pierden su estatus ontológico y se convierten en mentiras son «sirvientes anónimos del poder, sin voluntad propia». En efecto, Ende construye un discurso sobre el Poder mediante una valoración de la imaginación como fuerza salvadora. La visión deficiente de los humanos los conduce a la destrucción mutua tanto de Fantasia como del mundo humano. Lo contrario también es cierto: si un humano le da un nuevo nombre a la Emperatriz Infantil, esto no solo devolverá la vida y la existencia a Fantasia, sino que también resultará en la sanación del mundo humano. Ende concibe el mundo como un lugar donde la poesía puede encontrarse en la vida misma (Michael Ende declaró: "Denn danach suchen wir letzten Endes nur, die Poesie ins Leben zu verweben, im Leben selbst die Poesie zu finden.“ "Tejer poesía en la vida, encontrar poesía en la vida misma“, la traducción es mía). Esto se puede encontrar en el sitio del editor de Ende, Thienemann (http://www.thienemann-esslinger.de/thienemann/autoren-illustratoren/michael-ende/biografie/), en lugar de una existencia ordinaria y aburrida donde no hay lugar para misterios y milagros.

Poder e imaginación: la creación y la construcción de la realidad.
La segunda parte de la novela nos presenta un escenario completamente diferente. Bastián, ahora parte de La historia interminable metadiegética, es el Salvador de Fantasia; un sobrenombre que se ganó al darle a la Emperatriz Infantil el nombre de Hija de la Luna. Mediante el poder de ÁURYN, un amuleto que lleva al cuello, Bastián se embarca en el «Camino de los Deseos», según el cual debe encontrar su verdadera voluntad. Esto se logra «Siguiendo el camino de los deseos, de uno a otro, hasta llegar al último. Ese camino te conducirá a tu Verdadera Voluntad.». ÁURYN puede, de hecho, concederle a Bastián todos sus deseos, que se cumplen al pie de la letra. Cuanto más desea Bastián, más rica y diversa se vuelve Fantasia. Sin embargo, Bastián solo puede avanzar a costa de sus recuerdos. 

Paradójicamente, Ende deja claro que sin memoria no se puede desear, porque «sin pasado no se puede tener futuro». Ahora es el mundo interior de Bastián el que está en peligro. Con cada deseo que se le concede, pierde una parte de sí mismo. Sin embargo, la narración nos revela que Bastián tiene otra forma de contribuir al crecimiento de una nueva Fantasia: mediante la creación desde la imaginación misma. Así, Bastián inventa historias y nombres, que se convierten en realidad al pie de la letra. Esta ansia de control absoluto de la realidad evidencia la desaparición de otro mundo: el mundo interior de Bastián. Su poder sobre la realidad es el resultado tanto de sus transformaciones como de su dependencia de sus deseos.

Según Ende, los deseos provienen de lo más profundo del alma: «Los deseos no se pueden invocar ni reprimir a voluntad. Vienen de lo más hondo de nuestro ser, más allá de las buenas o malas intenciones. Y surgen sin previo aviso».

En otras palabras, Bastián quiere dejar su huella en el mundo de la imaginación; pero Fantasia misma, a través de ÁURYN, lo transforma en una nueva persona, borrando su memoria. Consideremos el episodio en el que la malvada y manipuladora bruja Xayide persuade a Bastián a coronarse Emperador Infantil porque La hija de la luna probablemente se ha marchado para siempre, nombrándolo su sucesor. El texto transmite claramente el mensaje de que no solo desea tener poder en el ilimitado reino de Fantasia, sino moldear la dimensión imaginativa a su imagen y semejanza.

Y entonces Xayide le habló de una nueva Fantasia, un mundo moldeado al detalle según el gusto de Bastián, donde podría crear o destruir a su antojo, en el que no habría ya límites ni condiciones, y en el que toda criatura, buena o mala, hermosa o fea, necia o sabia, se debería sólo a su voluntad y él, majestuoso y enigmático, reinaría sobre todos dirigiendo la Historia en un juego eterno.” (Cursivas mías)

Este juego interminable con los súbditos de Bastián, sus vidas y destinos, va más allá de un delirio solipsista de omnipotencia. Su poder trasciende la mera vigilancia; es creación total, y por ende, dominio absoluto sobre todo lo que puede crearse y percibirse. El acto de nombrar no es inocente. Al otorgar nombres a cosas y seres, Bastián les confiere existencia ontológica. Esta es una imagen fascinante del poder. No solo implica el poder divino de crear vida, sino también el poder de trascender el tiempo debido a las extrañas leyes del mundo de Fantasia, donde las cosas surgen de la nada y, simultáneamente, han existido desde el principio de los tiempos.



 

Ende, Michael. La historia interminable. Traducido por Raph Manheim. Nueva York: Penguin, 1983. 

Genette, Gérard, Figures III, París, Editions du Seuil, 1999. 

Thienemann: http://www.thienemann-esslinger.de/thienemann/autoren-illustratoren/michael-ende/biografie/


jueves, 27 de agosto de 2026

Xayide, ¿hechicera o mujer fatal? Magia y empatía al servicio de la manipulación en La historia interminable de Michael Ende

Texto: Saul Andreetti en BRILL
Imagen: Miriam Barea



Resumen 

Si a lo largo de los siglos, las mujeres han sido retratadas como traviesas, seductoras, lascivas, rebeldes, vengativas y manipuladoras, estas son características que sin duda pueden aplicarse a un personaje importante de La historia interminable, novela de Michael Ende: la hechicera Xayide. Mujer manipuladora y seductora, Xayide encarna el arquetipo de la bruja, como hechicera y mujer fatal. El objetivo de este capítulo es demostrar que, si bien Ende debe su inspiración a un tipo existente, lo ha apropiado de una manera original mediante el uso de elementos fantásticos e imágenes poderosas, dotando a Xayide de una gran capacidad de dominación por medio de la habilidad de controlar todo lo que está vacío y un talento para la manipulación que roza la brujería. 

Palabras clave: Xayide, Castillo Horok, manipulación, poder, Bastian, Atreyu, Guémmal, Emperatriz Infantil, la Batalla por la Torre de Marfil. ***** 

 

La historia interminable1, novela de Michael Ende, nos presenta a Xayide como un personaje que encarna las características de hechicera: mujer manipuladora y seductora. Este capítulo busca demostrar que Ende se ha apropiado de un modelo existente, es decir, el arquetipo de la bruja seductora y malvada, para construir un discurso sobre la manipulación y el poder. Metodológicamente, el análisis subsiguiente es una lectura atenta del viaje de Bastián hacia lo imaginario y la presentación de una mujer cuya habilidad no es solo seducir con la ayuda de la comprensión empática de sus víctimas, sino también a través de la manipulación de sus deseos que tienen una profunda conexión con la creación de la realidad y la conquista misma del mundo. 

Es necesario un breve resumen de la novela y de lo que Ende llama el Camino de los Deseos para comprender cómo y por qué Xayide logra moldear la voluntad de Bastián para satisfacer su ambición y sed de poder. En la primera página de la novela se nos informa que el personaje principal, Bastián, un niño inseguro, entra en una librería y se siente misteriosamente atraído por un libro llamado "La historia interminable", lo roba, va al ático de su escuela, comienza a leer el libro y se da cuenta de que forma parte de la misma historia que está leyendo, a medida que los límites entre las dimensiones metadiegética y diegética —para usar la terminología de Genette2— se vuelven cada vez más delgados. 

Bastián lee sobre la Gran Búsqueda de Atreyu para encontrar la razón por la cual la Nada, una aterradora fuerza aniquiladora, borra gradualmente el mundo de Fantasia de la existencia y cómo esto se conecta con la misteriosa enfermedad de la Emperatriz Infantil. Bastián ve el mundo a través de los ojos de Atreyu, y pronto se da cuenta de que esta historia también trata sobre él, ya que no es solo un lector, sino un personaje de la historia que está leyendo. Y en efecto, entra en el mundo metadiegético del libro dentro del libro «La historia interminable», salvando así al mundo de Fantasia de la ruina al darle un nuevo nombre a la Emperatriz Infantil. En este punto, Bastián recibe el amuleto mágico y protector [llamado] ÁURYN, cuya inscripción reza «Haz lo que quieras», lo que significa [seguir] su verdadera voluntad, descubriendo su deseo más profundo, aquello que realmente anhela. 

Así, Bastian se embarca en una búsqueda personal de iniciación y redención, un viaje al mundo del mito y la imaginación, siguiendo sus deseos internos, que brotan de lo más recóndito de su ser. Pero sus deseos no siempre son buenos, pues la Emperatriz Infantil del mundo de Fantasia, garante del equilibrio del mundo de la imaginación, no juzga ni distingue entre deseos buenos y malos, del mismo modo que acepta a todos sus súbditos tal como son: bellos o feos, tontos o sabios, buenos o malos. Además, si bien los deseos de Bastian contribuyen al enriquecimiento de Fantasia, al surgir nuevas criaturas y situaciones gracias a su intervención, también representan una terrible carga, pues con cada deseo que se cumple, Bastián pierde un recuerdo de su existencia terrenal, no solo cambiando, sino olvidando por completo quién era. En efecto, Bastián cambia y se vuelve apuesto, fuerte y valiente, pero también arrogante y engreído hasta el punto de considerarse el indiscutible Salvador del mundo de Fantasia, exigir ser llamado «Señor y Maestro» y debatirse entre su amor por su amigo Atreyu y su creciente orgullo. Bastián siente que Atreyu no lo respeta de verdad, que casi lo trata con condescendencia. De hecho, es el orgullo de Bastián lo que alimenta uno de sus deseos "malvados": el deseo de ser temido por todos, especialmente por Atreyu y su montura y amigo, el dragón de la suerte Falkor [Fújur]. 

Casi todo lo que le sucede a Bastián en Fantasia es resultado de sus deseos, y el encuentro con Xayide no es una excepción. Bastián se encuentra con Xayide como resultado de su deseo de ser "peligroso y temido"3 En el capítulo XX de La historia interminable, Bastián y sus amigos ven ante sus ojos un bosque de orquídeas carnívoras perteneciente a Xayide, "la maga más poderosa y perversa de toda Fantasia."4 

Xayide vive en el Castillo Horok, también conocido como la Mano Vidente, "una construcción que parece una gran mano que saliera del suelo,"5 

El castillo de Hórok se alzaba sobre una pequeña elevación, libre de vegetación de orquídeas. La forma del edificio era realmente la de una mano gigante que saliera de la tierra. Cada uno de sus dedos era una torre y el pulgar un bastión sobre el que, a su vez, se levantaba una torre. El conjunto tenía una altura de muchos pisos, en el que cada falange formaba uno, y las ventanas tenían la forma de ojos luminosos que observasen el país hacia todos los lados. Con razón lo llamaban la Mano Vidente.6 

Esta imagen está relacionada con la vigilancia, el acto manifiesto de espiar y controlar a quienes vagan por el territorio de Xayide. Y la vigilancia es poder. En este punto, Xayide envía a sus soldados, gigantes acorazados aparentemente imparables, para secuestrar a los amigos de Bastián, Hykrion, Hysbald y Hydorn, y encarcelarlos en el Castillo de Horok, usándolos como cebo para atraer a Bastián a su trampa. Cuando Bastián lucha contra los gigantes acorazados, descubre que son armaduras vacías. Esta es otra imagen de poder y control, ya que, según la narración, la magia de Xayide consiste en la capacidad de controlar todo lo que está vacío, personificando así, la manipulación y la voluntad de dominar. Después de que Bastian logra derrotar a los gigantes acorazados, declara que "el peligro parece haber terminado", a lo que su amigo Hydorn comenta: "Al menos la parte que requiere una espada".7 El verdadero peligro está, de hecho, dentro de Bastián; está conectado con sus deseos y anhelos secretos, la parte más frágil e indefensa de sí mismo. Y esto es lo que Xayide atacará: los deseos de Bastian y su capacidad para crear y moldear la realidad misma. 

Después de la aparente victoria de Bastián, finalmente nos encontramos con Xayide. 

Cuando Bastián, seguido de su gente, entró en el gran salón encantado, Xayide se levantó de su trono de coral rojo. Era mucho más alta que Bastián y muy hermosa. Vestía una larga túnica de seda violeta, sus cabellos eran rojos como el fuego y los llevaba recogidos en un extraño peinado de trenzas y coletas. Su rostro era pálido como el mármol y pálidas eran sus manos largas y delgadas. Su mirada era extraña y turbadora, y Bastián necesitó algún tiempo para comprender a qué se debía: tenía dos ojos distintos, uno verde y otro rojo. Parecía tener miedo de Bastián, porque temblaba. Bastián desafió su mirada y ella bajó sus largas pestañas.8 
 

Lo que se puede deducir de esta descripción es que tiene una apariencia muy seductora: es muy femenina y delicada, y sin embargo su belleza es inquietante y está cargada de maldad. Claramente se asemeja a una mujer fatal al estilo oriental. De hecho, más adelante en la narración, se nos informa que viaja en una litera de coral, llena de cojines, alfombras y perfumes y que: 

fumaba casi continuamente en un narguile oriental que tenía al lado. El tubo era como una víbora de color verde esmeralda y la boquilla, que ella sostenía entre sus largos dedos blancos como el mármol, parecía la cabeza de una serpiente. Cuando chupaba, era como si la besara. Las nubes de humo que, voluptuosamente, dejaba escapar por boca y nariz, tenían a cada bocanada un color distinto, unas veces azul y otras amarillo, rosa, verde o lila.9 

Aparte de la evidente imagen fálica, su descripción coincide con una visión idealizada de Oriente, donde la belleza a menudo se describe como romantizada y algo peligrosa. 

Además, tiene una actitud servil hacia Bastián, finge miedo, tiembla y declara que quiere ser su esclava, 

- Señor y maestro -dijo con voz profunda y aterciopelada y, de un modo impreciso, oscura-, nadie puede oponerse a ti en Fantasia. Eres más poderoso que todos los poderosos y más peligroso que todos los demonios. Si te place vengarte de mí porque fui suficientemente necia para no comprender tu grandeza, puedes aplastarme con tu pie. He merecido tu cólera. Sin embargo, si quieres demostrar la generosidad que te ha dado fama, incluso con un ser tan indigno como yo, permite que me someta a ti como esclava obediente y prometa servirte con todo lo que soy, poseo y sé. Enséñame a hacer lo que creas conveniente y seré tu discípula humilde, obedeciendo cada gesto de tus ojos. Me arrepiento de lo que quise hacer contigo e imploro tu compasión. 10

En este momento, Bastián acepta su propuesta y le dice que la tomará a su servicio y “los ojos de Xayide, rojo y verde, resplandecieron durante una fracción de segundo, pero inmediatamente bajó otra vez sobre ellos sus largas pestañas y dijo: -Te obedezco, señor y maestro.'11 En este breve pasaje, se puede ver claramente que tiene una actitud traviesa y [astuta] y sabe bien qué palabras elegir para halagar el ego de Bastian. 

Bastián, cegado por sentimientos de superioridad moral y grandeza es incapaz de ver la realidad objetiva, es decir, que Xayide había enviado a sus gigantes acorazados con la litera de coral de antemano, pues sabía que iba a ceder ante Bastián para ganárselo. Cuando Atreyu intenta ayudar a Bastián a ver que está siendo engañado, Bastián lo reprende delante de todos, y esta es la primera señal de los efectos de la manipulación de Xayide. Habiendo visto los primeros efectos de sus engaños, «Xayide sonrió. No era una sonrisa agradable».12 Y esto coincide con el momento en que Bastian pierde un recuerdo de su existencia terrenal directamente enlazada con el deseo de ser peligroso: el recuerdo de haber sido un niño. 

Xayide comprende que manipular la vanidad y el sentido de grandeza de Bastián no es suficiente para llevar a cabo sus planes. Debe separarlo de aquellos que lo aman y pueden protegerlo de su influencia. En consecuencia, induce a Bastián a desprenderse de su mula Yicha manipulando su orgullo y vanidad. Posteriormente, lo convence de romper su amistad con Atreyu, usando magia (el cinturón Guémmal)13 y manipulando su rivalidad con Atreyu. De hecho, el deseo de Bastián de ser peligroso, respetado y nunca subestimado proviene de su temor a ser tratado con condescendencia por Atreyu y es un signo de profunda inseguridad. Finalmente, lo persuade para que se corone Emperador Infantil, lo que sería su perdición, ya que todos los humanos que se coronan Emperadores Infantiles, y por lo tanto intentan arrebatarle el poder a la Emperatriz Infantil, están destinados a perder todos sus recuerdos de un solo golpe. Sin recuerdos, los humanos que vagan por el universo del mito no pueden desear nada más, pierden el rumbo y terminan en un lugar llamado la Ciudad de los Antiguos Emperadores, un infierno donde la vida no tiene un propósito real y donde ya no pueden envejecer, ya que "sin un pasado, [uno no puede] tener un futuro".14 Esto significa que sin recuerdos uno no puede seguir deseando y por lo tanto, participar en la creación de la realidad. Los deseos regulan el propósito y la dirección en el mundo de la imaginación, y esta es la razón principal por la que los deseos de Bastián son tan preciados para Xayide. 

El segundo deseo que surge en Bastián se origina en sus sentimientos hacia Atreyu. Xayide le dice a Bastián que le da demasiada importancia a la amistad y a lo que piensen los demás: 

«Lo prudente es estar por encima de todo, no odiar a nadie ni amar a ninguno. Pero tú, señor, sigues concediendo valor a la amistad. Tu corazón no es frío e impasible como una cumbre nevada y por eso hay alguien que puede dañarte.».15
Se refiere a Atreyu, buscando sembrar la duda en Bastián. Estas palabras son muy poderosas para él, ya que dan origen a su deseo de desapegarse de todos los sentimientos y ser completamente indiferente a la opinión de los demás, que, de nuevo, es un generador de la realidad. Por lo tanto, el deseo de Bastián hace que los Monjes del Conocimiento del Monasterio de las Estrellas lo llamen para que explique los orígenes y la existencia del mundo de Fantasia, lo cual logra iluminando toda la bóveda celeste con la piedra mágica Al-Tsahir.16 El cielo muestra, por un instante, el ático donde Bastián estaba leyendo, revelando la dimensión diegética a los habitantes metadiegéticos de Fantasia. En otras palabras, Bastian es el Gran Sabio porque muestra a los Monjes del Monasterio de las Estrellas, un fragmento de la verdad detrás de su existencia, pero los Monjes son, al mismo tiempo, el resultado de su participación en su creación. 

Este deseo también se cumple al pie de la letra (Sólo sentía un vacío frío y sin fondo. Ahora todo le daba igual... como había dicho Xayide.'17) y Xayide, complacida con los resultados, le dice: 'Ahora has conseguido ser verdaderamente grande…ahora no te importa nada y nada puede afectarte.'.18 Pero su nueva 'sabiduría' le cuesta el recuerdo de haber ido a la escuela, el recuerdo del ático y del libro encuadernado en seda color cobre ('La historia interminable'), hasta el punto de olvidar por qué vino a Fantasia. 

A la luz de lo dicho hasta ahora, conviene hacer algunas consideraciones. Para empezar, la descripción de Xayide no solo es interesante por las alusiones a una mujer fatal oriental, sino también por el inquietante detalle de los ojos de diferentes colores. Esto no es una alusión a la ambigüedad; su significado va mucho más allá. Sus ojos, verde y rojo, son los mismos colores que las páginas [en que está escrita] La historia interminable extradiegética, ya que Ende quería que se imprimiera en diferentes colores para distinguir las partes de Fantasia de lo [transcurrido] en el mundo real. Xayide mira a través de las dimensiones ontológicas de la narración, por así decirlo. La referencia cromática es, de hecho, una alusión a la ambición desmedida de Xayide: la conquista del mundo mediante el control de los deseos de Bastián que forjan la realidad. Ella es la dueña de la Mano Vidente y está dotada de la capacidad empática de ver a través de los deseos secretos de Bastián con una sed de poder cada vez mayor. En otras palabras, quiere instaurar la vigilancia total y el control absoluto sobre el mundo de Fantasia convirtiéndose en la nueva Emperatriz Infantil y convenciendo a Bastián de que tome la Torre de Marfil, símbolo de la Emperatriz Infantil, para sus propios fines. Pero la diferencia entre ellas radica en que la Emperatriz Infantil no ejerce dominio alguno, pues respeta a todos los opuestos, mientras que Xayide ansía poder y dominio sobre todos los seres. 

Además, lo que Xayide dice en su primer encuentro refleja literalmente el deseo de Bastián de ser peligroso y temido. Ella es la materialización de su deseo de peligro y, simultáneamente, utiliza sus propios deseos para manipularlo. En el mundo de Fantasia, los deseos le dan a Bastián una dirección y son la fuente tanto de su fuerza como de su debilidad. Por lo tanto, no sorprende que Xayide tenga éxito manipulando a Bastián, no solo porque lo comprende, empatiza con él y ve más allá de su vanidad, sus inseguridades y sus sentimientos de amistad con Atreyu, sino sobre todo, por su habilidad para manipular los deseos secretos de Bastián. 

El siguiente pasaje explica de manera peculiar dicha habilidad y muestra cómo, al estilo de Yago, Xayide posee una medicina capaz de doblegar por completo la voluntad de Bastián a sus planes. 

Para Xayide era claro que de ninguna forma debía dejarlo solo ahora. Estaba a punto de escapársele de las manos. Tenía que consolarlo y animarlo a su manera. Tenía que inducirlo a proseguir el camino que ella había planeado para él y para sí misma. Y esta vez no lo podía lograr con un regalo mágico o un sencillo truco. Tenía que recurrir a medios más poderosos. A los más fuertes de que disponía, a los deseos más secretos de Bastián. 19 

El resultado de tales palabras es el compromiso de Bastián de convertirse en el Emperador Infantil de Fantasia y moldear el mundo de la imaginación a su antojo. De hecho, Xayide le dice que Fantasia le pertenece por derecho y él sueña con un mundo donde 

podría crear o destruir a su antojo, en el que no habría ya límites ni condiciones, y en el que toda criatura, buena o mala, hermosa o fea, necia o sabia, se debería sólo a su voluntad y él, majestuoso y enigmático, reinaría sobre todos dirigiendo la Historia en un juego eterno. 20 

Esta ansia de dominio no es más que el resultado de la manipulación de Xayide sobre su vanidad y sus miedos. Bastián sucumbe a sus halagos, creyendo que su verdadera voluntad es dominar y controlar, y que esto es, en última instancia, lo que significa ser libre. Y esto llega al punto en que, en el capítulo XXII de La historia interminable, hiere a su amigo Atreyu. Los efectos de la manipulación son una especie de ceguera, donde ya no puede ver la realidad porque su percepción ha sido afectada por mentiras, engaños y halagos. 

Para concluir, se puede decir que la forma en que Xayide perece, arroja una luz irónica sobre su sed de poder. 

Ordenó a sus gigantes acorazados que permanecieran quietos, pero incomprensiblemente no obedecieron su voluntad, sino que siguieron adelante. Entonces Xayide se encolerizó, saltó de su litera y se enfrentó a ellos con los brazos extendidos. Los gigantes acorazados, sin embargo, lo mismo infantes que jinetes, continuaron avanzando pesadamente como si ella no estuviera, y la pisotearon con sus pies y cascos. Y sólo cuando Xayide había expirado se detuvo de súbito la larga comitiva, como se detiene un mecanismo de relojería. 21 

Los gigantes acorazados ya no obedecen a su voluntad y la pisotean. Esto es, en última instancia, un símbolo de la desaparición de su poder para dominar. Su voluntad la abandona y, al igual que el antiguo símbolo del Uroboros, la serpiente que se muerde la cola, se doblega sobre sí misma con trágicas consecuencias. 


 

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Notas 
1 Michael Ende, La historia interminable, trad. Ralph Manheim (Nueva York: Penguin, 1983). En adelante NES. 
2 Gérard Genette, Figuras III (París: Editions du Seuil, 1999). 
3 Ibid., 267. 
4 Ibid., 268. 
5 Ibid., 28. 
6 Ibid., 273. 
7 Ibid., 277. 
8 Ibid., 278. 
9 Ibid., 286. 
10 Ibid., 278. Las cursivas son mías.  
11 Ibid., 279. 
12 Ibid., 281. 
13 Cf. Ibid., 289-290 y 303-304. 
14 Ibid., 323. 
15 Ibid., 290. 
16 Cf. Ibid., 296. 
17 Ibid., 304. 
18 Ibid., 307. 
19 Ibid., 278. Esta es claramente una referencia a Otelo. Cf. 'Work on, my medicine, work' (Acto 4, Escena 1) en William Shakespeare, Otelo, en Cuatro tragedias: Hamlet, Otelo, Rey Lear, Macbeth (Nueva York/Londres: Bantam Books, 1988). 

20 Ibid., 308. 
21 Ibid., 337. 


 

Bibliografía 
 

Ende, Michael. La historia interminable. Traducido por Ralph Manheim. Nueva York: Penguin, 1983. 
Genette, Gérard. Figuras III. París: Editions du Seuil, 1999. 
Shakespeare, William. Cuatro tragedias: Hamlet, Otelo, Rey Lear, Macbeth. Nueva York: Bantam Books, 1988. 
 

 

Saul Andreetti es actualmente investigador independiente en Literatura Comparada, Mito y Fantasía. Su investigación se centra principalmente en la novela de Michael Ende, La historia interminable. Ha publicado un libro de poesía titulado La mente e la curva.


miércoles, 26 de agosto de 2026

Momo de Michael Ende o la evolución diacrónica de la traducción en la literatura infantil y juvenil

Texto: Cristina Victoria Paneque de la Torre en ORCID
Imagen: Michael Ende


Resumen:
Las traducciones de textos infantiles y juveniles requieren de un especial empeño en su adaptación al contexto sociocultural de la lengua meta, pues la experiencia vital de sus lectores no es  comparable a la adquirida por los receptores de la literatura adulta. Este condicionante ha marcado la utilización de diferentes estrategias de traducción en el campo de la literatura infantojuvenil, adaptándose a los avances producidos en el contexto social que rodea al lector y al traductor. El presente trabajo propone un estudio contrastivo entre las traducciones de Momo de Michael Ende realizadas por las traductoras Susana Constante y Begoña Llovet, teniendo en cuenta la vigencia de los preceptos trabajados por Klingberg y la flexibilidad aportada a los textos en lengua meta a través de marcas culturales, nuevas paráfrasis y conceptos. El análisis desarrollado observa y clarifica las estrategias de traducción utilizadas para adecuar el texto al contexto generacional, histórico y social de cada momento y permite concluir que las estrategias adoptadas por ambas traductoras no solo están marcadas por el contexto sociopolítico establecido en el momento de la traducción, sino que también disfrutan de una mayor flexibilidad y adaptabilidad a su momento de actualidad.

Palabras clave: Momo, Michael Ende, traducción infantil, adaptación, Neue Subjektivität
 

 

La esencia de una lengua es su adaptabilidad al tiempo y contexto que la rodean. Cada año los lingüistas asisten al nacimiento de nuevos términos que designan una realidad hasta el momento inexistente, pero que son imprescindibles en un determinado momento histórico. Asimismo, la traducción —como campo de trabajo ligado a la palabra— está estrechamente unida a la sociedad y, por lo tanto, también a su evolución. Los cambios en el lenguaje, los neologismos, las adaptaciones lingüísticas o los modismos nacen, crecen, se desarrollan y caen en desuso según el marco político, económico o social de cada momento. A esto debemos sumarle, también, aquellas nuevas incorporaciones a nuestro vocabulario provenientes de los extranjerismos, la inmigración, series de televisión, películas de cine o música, entre otras. Por lo tanto, es imprescindible, al realizar un análisis diacrónico de un texto traducido, tener en cuenta que estas variaciones dependerán del momento en que el traductor o traductora se enfrenta al texto original y debe trasladarlo a la lengua meta. De esta manera, observaremos que las estructuras del texto original fueron trasladadas de una determinada manera al texto meta en la traducción original, pero una revisión diacrónica del texto nos hará plantearnos nuevas opciones que en el momento de la primera traducción fueron desestimadas por razones objetivas, razonadas y justificadas o simplemente porque no existían en aquel momento.

Estos problemas también se producen y, cabe decir, son aún más sensibles cuando se trata de traducciones de textos literarios, pues aunque «the final product of the act of translation is the result of the relationship between a source system and a target system» (Zohar 2006: 25), este no es un acto mecánico, sino que permite, necesita y exige adaptaciones, adiciones, equivalencias y un sinfín de recursos que la figura del traductor o de la traductora emplea para conseguir un texto en lengua meta que transmita todos los elementos que el texto original contiene y permita al lector del texto traducido disfrutar de la obra al completo. 

Al mismo tiempo, el ejercicio de traducir un texto literario también supone poner de manifiesto la importancia de la forma junto con la del contenido. Como afirma Hirano (2006: 225), las diferencias estilísticas son las que suponen un verdadero reto para el traductor, pues no solo muestran la pericia lingüística a la hora de traducir, sino que también revelan los conocimientos que este tiene sobre la cultura, la sociedad y sus códigos en ambas lenguas. 

La imprescindible capacidad de adaptación y contextualización de las traducciones de textos literarios se torna difusa cuando abordamos la traducción del género de la literatura infantil y juvenil (LIJ) pues, aunque se trata de una rama literaria de larga tradición cultural, parece no haberse desprendido todavía de la etiqueta de subgénero o Durchgangsliteratur (Marcelo 2007). Esta peculiaridad en su valoración hace que el estudio y análisis de su traducción no haya despertado el interés de los académicos hasta tiempos recientes, en los que podemos encontrar numerosos estudios que nos aportan definiciones y tesis específicas sobre la LIJ y su traducción, pero que también dejan abierta la puerta a la necesidad de realizar un estudio diacrónico que observe y analice las diferentes traducciones realizadas de obras destinadas al público más joven. 

El objetivo de este trabajo es precisamente el de profundizar en la comparativa diacrónica dentro del análisis de la traducción de la literatura infantil y juvenil, para lo que se lleva a cabo un estudio contrastivo entre las traducciones realizadas por Susana Constante en 1978 para Ediciones Alfaguara y por Begoña Llovet en 2015 para la editorial Penguin Random House de Momo oder die seltsame Geschichte von den Zeit-Dieben und von dem Kind, das den Menschen die gestohlene Zeit zurückbrachte de Michael Ende (1973/2024) (1).

 

1. Contextualizando Momo: ¿literatura infantil o crítica social adulta para niños? 
Momo oder die seltsame Geschichte von den Zeit-Dieben und von dem Kind, das den Menschen die gestohlene Zeit zurückbrachte es la tercera obra publicada en 1973 por el autor alemán Michael Ende (Alemania, 1929–1995), quien se muestra como un autor prolífico dentro de la LIJ. En 1960 publicó su primera novela Jim Knopf und Lukas der Lokomotivführer, a la que siguió, trece años después, su secuela Jim Knopf und die Wilde 13 (Ende 1973). Tras esta, el autor alemán publicó Momo, de la que se han vendido más de doce millones de ejemplares en 53 lenguas diferentes y que fue galardonada en 1974 con el Deutscher Jugendbuchpreis. Seis años después, Ende publicó la que ha sido su obra más famosa, Die unendliche Geschichte, y continuó su trabajo dentro del ámbito de la LIJ con la publicación en 1989 de la novela Der satanarchäolügenialkohollische Wunschpunsch. En 2019 se publicó de forma póstuma su novela Rodrigo Raubein und Knirps, sein Knappe, trabajo iniciado por Ende y culminado por el periodista, crítico literario, escritor y traductor Wieland Freund (Alemania, 1969). 

1.1.    Neue Subjektivität: la literatura en la República Federal de Alemania de los años setenta 
Momo (2) fue publicada en 1973 en la República Federal de Alemania. La década de los años setenta supuso un cambio exponencial en la temática de la literatura alemana de la época: la literatura se alejaba del compromiso político que había adquirido durante la anterior etapa y buscaba mostrar y potenciar das ich, la importancia del individuo y sus sentimientos: «Die Welt, wie sie sich in der privaten Person des Autors spiegelt, war Gegenstand der Dichtung geworden: Mittelmäßigkeit wurde beschrieben, Enttäuschung über sich selbst» (Woesler 2002: 18). Esta muestra de individualidad, de conciencia del yo y de la importancia que se le da a los sentimientos respecto al individuo son muestra del importante cambio experimentado en la literatura alemana del último tercio del siglo XX, que actúa en consonancia a los cambios sufridos por la República Federal de Alemania como nación: «Buch zufolge ist eine solche “narzißtische Literatur” […] der “adäquate Ausdruck unserer Gegenwart”, in der die “Unfähigkeit zur Solidarität” eine in vielen westlichen Gesellschaften verbreitete “Zeitkrankheit” geworden sei» (Hoffmann 2006: 42). 

1.2.    Momo como ejemplo de LIJ 
La búsqueda del yo más profundo del individuo que demuestran los escritores de la República Federal de Alemania durante los años setenta está íntimamente relacionada con la conexión que establecen autores como Ende entre infancia y pureza, entendida esta última como actitud, comportamiento y toma de decisiones carentes de intereses. Como observa Ruzicka Kenfel (1993), Ende asimila la figura del niño a los conceptos de inocencia e ingenuidad, pero también encuentra esta misma figura como un medio de protesta contra las estructuras de la sociedad industrializada. Este hecho coincide con el presentado por Lozano (2019: 165): «[O]ne of the main features of children’s literature is its dual readership. The books are specially aimed at children, but at the same time, […] we have seen that there are often hidden messages meant for the adults who read them aloud to them». Los lectores más jóvenes experimentaron en la década de los años setenta «un cambio en los valores expresados hasta ese momento en los libros infantiles, para adaptarse a las nuevas preocupaciones sociales» (Marcelo 2007: 32). 

De esta manera, se produjo un cambio en la concepción de la LIJ que la acercaba a los parámetros sociales que se estaban experimentando, sacando a los niños de un mundo de fantasía que presentaba escenarios perfectos, pero cuya concepción estaba plagada de tabúes. Los protagonistas dejaban de ser figuras perfectas, ejemplos de buena conducta y ejecutores de los códigos sociales establecidos para transformarse en una nueva herramienta que permitía 

no excluir nada del conjunto de experiencias propias a cualquier ser humano o grupo social, ofreciéndolas con un lenguaje adaptado a las exigencias y necesidades de la edad a partir de la que el niño o niña pueden leer el libro, y adaptado también a las necesidades de un mundo en constante cambio (Gasol y Lissón 1989: 21). 

Ambas autoras establecieron en el mismo artículo de la revista Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil las características que atesoraban los textos narrativos dedicados al público más joven en la época de publicación de Momo y que permiten valorar si su inclusión en la LIJ es completa o si, al contrario, se debe establecer un criterio diferenciador que nos permita situarla en el límite entre la literatura dedicada al público infantil y los textos adaptados a ellos. 

Gasol y Lissón agrupan los rasgos que caracterizan esta tipología de textos en dos grandes bloques que se construyen en torno a la relación de los personajes con el contexto que los rodea. Las autoras dividen estas características en dos grupos en función de la edad de los personajes, infancia y adolescencia: realidad obsesiva como la vive un niño o un adolescente que no encuentra salida (Gasol y Lissón 1989: 22). Dado que el personaje de Momo se encuentra enmarcado en los límites de edad de la infancia, para el presente estudio se ha tenido en cuenta este primer bloque, cuyas propiedades se citan a continuación: 

a) Los protagonistas pertenecen, en su mayoría, a un mundo marginal o a una clase social baja. 
b) Personajes débiles, porque son viejos, niños o mujeres. 
c) La acción no transcurre, por lo general, en las grandes ciudades. 
d) Hay una identificación del autor con el protagonista. 
e) El protagonista muestra unas veces una gran desconexión con el adulto. En otras existe una palpable falta de comunicación entre ellos. El enfrentamiento con el mundo que les rodea es constante. Si el protagonista es niño, este se produce con los adultos que tiene más cerca: padres, maestros, abuelos… 
f) La realidad con la que el protagonista se ve enfrontado es siempre dura y, en la mayoría de ocasiones, carece de salida. 
g) El autor nos muestra la realidad, pero no la interpreta. Esta será decisión del lector. 
h) Desarraigo en cuanto a lugar, unas veces, y a personas, otras. O ambas cosas a la vez. 
i) Los enemigos son, en primer lugar, la familia (el padre o la madre) y, en segundo lugar, la droga, la escuela, los compañeros. 
j) La ayuda, cuando existe, suele venir a través de hermanos mayores o de los abuelos. 
k) En muchas ocasiones el autor pretende provocar sentimientos de angustia y de rechazo en el lector. 
l) La trama se presenta con un elemento de conflicto que convierte al protagonista en un ser totalmente desprotegido. A continuación, una acción desafortunada compromete su futuro. Se mantiene la constante de un final no feliz y abierto. (Gasol y Lissón 1989: 22–23)

Un análisis en profundidad de la obra de Ende podría generar dudas acerca de su pertenencia al género de la LIJ, pues la novela del autor alemán no parece cubrir todos estos puntos. Esto es consecuencia del uso de la imagen, la alegoría y el simbolismo que realiza Ende y que lleva a su relato a cruzar la línea entre el mundo infantil y el adulto:
 

Momo es algo más: crítica de la civilización, de las ciudades muertas, de la falta de amor entre los hombres, de la soledad, de la ideología del manager (=los hombres grises, dueños de la “caja del tiempo”), que poseen en sus manos todo el poder. Momo los vence con ayuda de una tortuga, símbolo de la utopía romántica. (Ruzicka Kenfel 1993: 13) 

Sin embargo, Momo ha sido tradicionalmente considerada como novela-cuento de hadas (Ruzicka Kenfel 1993), pues aunque no cuenta con todos los elementos que condicionarían su pertenencia a la LIJ —véase por ejemplo la ausencia de conflicto o ayuda de la familia o la falta de salida a unas condiciones de vida duras—, se trata de una narración en la que los ejes del bien y del mal están claramente representados y mantiene un uso del lenguaje bien recibido por el público más joven. Esto no significa que se trate de una obra destinada exclusivamente a un público infantil o leído para él, sino que es compatible con la lectura desde un punto de vista adulto, pues «el análisis del aislamiento y del abandono del niño en nuestra sociedad, […], va dirigido a los lectores adultos» (Ruzicka Kenfel 1993: 26)

Es decir, Momo supone la clara representación del segundo componente que marca a la LIJ más allá de los preceptos estilísticos, narrativos o culturales: la persona adulta. Esta figura cobra una especial importancia en la literatura infantil y juvenil si la comparamos con el resto de géneros literarios dedicados a un público experto pues, como hace notar Marcelo (2007), el adulto desempeña la función de mediador entre el autor y el lector; es decir, es un adulto quien decide qué escribir, qué publicar, qué comprar y qué leer para el público infantil e, incluso, cómo leer los relatos en el caso de que el público aún no tenga capacidad para leer por sí mismo. Por lo tanto, este factor también debería ser añadido en las definiciones realizadas sobre qué es literatura infantil y juvenil, pues no solo es aquella «literature written, published marketed and treated by specialists with children as its primary target» (Nikolajeva 1996: 7), sino también la supervisada y aceptada por los adultos que velan por la integridad, educación y valores que se transmiten a los más jóvenes. De esta manera, se puede comprobar que las apreciaciones realizadas por O’Connell (2006: 17) en su estudio sobre la traducción de la literatura infantojuvenil se cumplen con el mensaje intrínseco que deja Momo en sus lectores adultos: 


Firstly, books of this kind in fact address two audiences: children, who want to be entertained and possibly informed, and adults, who have quite different tastes and literary expectations. […] It is adults, after all, who wield power and influence and it is they who decide what is written and, ultimately more importantly, what is published, praised and purchased. Secondly, while it is true that some works of children’s literature appeal essentially only to the primary audience, […] many can be read by a child on a conventional, literal level or interpreted by an adult on a more sophisticated or satirical level as well. Thirdly, children’s literature is written by people who do not belong to the target group. (O’Connell 2006: 17) 

Con esta obra Ende exponía al público infantil y juvenil a un trasfondo filosófico de mayor complejidad, del que el niño no puede apreciar todos los matices por su falta de experiencia vital: el mundo de los niños acostumbra a ser reducido y su perspectiva de los hechos narrados está limitada a lo vivido por ellos. Por ello es complicado que el público más joven pueda apreciar el simbolismo de los personajes de los hombres grises, los adultos, la tortuga o ponerle valor al tiempo; sin embargo, el adulto probablemente realizará una lectura mucho más crítica y entrará en un segundo nivel de profundidad, al dejar de lado la literalidad de lo narrado. De este modo, es más posible que pueda participar de la exposición a la crítica social que el autor alemán dejaba fluir en su texto. 

La capacidad de presentarse y adaptarse a su lector es posiblemente uno de los rasgos más destacables y valorados de Momo por su público, pero también el que confiere al texto y a su traducción un carácter especial: el traductor se enfrenta aquí a un reto dual, pues debe traducir una novela concebida en su forma como un cuento para niños y niñas, pero que oculta en su narración una crítica universal al capitalismo y los ritmos de trabajo que impone en sus ciudadanos.

 

2.    Traducir Momo: la problemática del lector doble 
Una de las primeras tareas del traductor al trabajar con un texto enmarcado dentro de la LIJ es, de acuerdo con Klingberg (1978: 86), «that the author has in some ways considered the presumptive readers, their interests, ways of experiencing, knowledge, reading ability and so on». Este paso es primordial para poder ejecutar con éxito la traducción del texto en lengua meta, pues el perfil del lector marcará el lenguaje utilizado en la traducción, los recursos que el traductor utilice y la adaptación que este haga de la forma a la cultura meta. 

Esta adaptación se ve condicionada en gran medida por la ausencia de experiencias vitales del lector infantil por las que el traductor se ve obligado a lo que Klingberg denominó «context adaptation» (Klingberg 1978: 86), es decir, adaptar el contexto cultural del texto en la lengua fuente al contexto cultural en lengua meta y esto incluye desde objetos cotidianos como mobiliario, alimentos, plantas o animales hasta nombres geográficos, de juegos infantiles, homónimos, singularidades en la pronunciación de las palabras o neologismos. 

La dualidad presente en Momo supone un reto para el traductor en este aspecto. Por un lado, presenta las singularidades propias de la LIJ en cuanto a forma, estructura narrativa y recursos estilísticos. Por otro lado, la carga simbólica de sus elementos supone un importante estímulo para la figura del traductor, que debe adaptar contenidos a la cultura infantil en castellano. 

De los recursos del traductor presentados por Klingberg para acometer la adaptación contextual (Klingberg 1978: 89) destacaremos aquellos que cuentan con un mayor índice de presencia en la traducción de Momo
 

a) Adaptation: The consideration given by the author (reviser, editor, etc.) to the (supposed) interests, needs, ways of experiencing, knowledge, reading ability, etc. of the presumptive readers. 
b) Context Adaptation: Adaptation of the (cultural) context of the source language to the context of the target language in order to retain the degree of adaptation of the source text. 
c) Degree of Adaptation: The degree to which a text is adapted […] for the presumptive readers. 
d) Purification: Enlargements, polishing-up, modifications and abbreviations aimed at getting the target text in correspondence with the values of the presumptive readers, or —in case of children’s books— rather with the values or the supposed values of adults, for example, of parents. (Klingberg 1978: 89) 

Tras valorar el tipo de adaptación realizada, se someterán a un análisis cualitativo los recursos utilizados por parte de las traductoras Susana Constante, responsable de la traducción en 1978, y Begoña Llovet, en 2015, siguiendo la tabla de técnicas o estrategias de traducción recogidas por la Asociación Ibérica de Estudios de Traducción e Interpretación. 

La adopción por parte de las traductoras Constante y Llovet de estas estrategias traslativas responde a las distintas necesidades que presenta el texto fuente. Este estudio presenta a continuación una serie de ejemplos que recogen los tipos de estrategias utilizadas y analiza las diferentes razones que han llevado a su utilización. 

Al tratarse de un relato dividido en tres partes — primera parte: Momo y sus amigos; segunda parte: los hombres grises y tercera parte: las flores de horas— se han seleccionado ejemplos pertenecientes a cada una de ellas para establecer una correlación entre el tipo de estrategias de traducción escogidas y el nivel de desarrollo del texto. Además, se ha buscado analizar si las estrategias utilizadas o el resultado de las mismas dependen del contexto sociocultural que dominaba el momento en que la traducción fue llevada a cabo, tales como códigos de buen uso del lenguaje o lenguaje políticamente correcto. Es decir, el propósito es valorar las diferencias encontradas en los textos traducidos en función de la tendencia seguida en el campo de la traducción y si estas variaciones responden a necesidades del texto o si, por el contrario, vienen impuestas por las reglas sociales imperantes en cada momento.

Para facilitar el seguimiento de este análisis se ha utilizado una misma estructura en forma de tabla en la que figuran los fragmentos del texto original y las traducciones realizadas por Constante y Llovet en orden cronológico seguidas de los resultados obtenidos. Asimismo, los términos analizados se han clasificado según la función que desarrollan dentro del texto original, a excepción de los elementos parémicos, que no ejercen ninguna función literaria explícita en el texto. Dada la extensión de la narración y las numerosas diferencias detectadas por sinonimia o cambios en las estructuras oracionales entre ambas versiones traducidas, se presenta una selección representativa de las variaciones detectadas que contienen una complejidad que supera el nivel lingüístico y responden a los condicionantes presentados por Klingberg. 

La tabla diseñada muestra en primer lugar el texto original de Michael Ende, extraído de la decimonovena edición publicada en 2024. A continuación presenta la traducción realizada por Susana Constante en la tercera edición del libro en castellano y por último, la de Begoña Llovet de 2015. 

En un segundo subepígrafe se analizará la adaptación del texto contenido en una de las ilustraciones realizadas por Ende. Esta parte requiere especial atención porque nos muestra una nueva forma de adaptación del texto fuente a la lengua meta al trasladar las faltas ortográficas cometidas intencionadamente por el autor a la lengua castellana.
 

2.1    Análisis cualitativo de las estrategias de traducción en Momo
La primera parte de la novela sitúa al lector en el contexto de la novela mediante la descripción del lugar, de sus habitantes y de la propia Momo, tanto física como psicológicamente. Este es el punto en el que se pueden encontrar las primeras diferencias relevantes entre las dos traducciones que resultan reveladoras para nuestro estudio:

A) Descripción de Momo

Tabla A.1:
Momo
Texto fuente: Es sei ein Kind, ein kleines Mädchen vermutlich. (2024: 9)
Traducción de Susana Constante: Se trataba, al parecer, de una niña. (1981: 14)
Traducción de Isabel Llovet: Decían que era una personilla de poca edad, presumiblemente una niña. (2015: 14)

El sustantivo Kind en alemán tiene género neutro, por lo que Ende indica en primer término que la persona que vive en las ruinas no es un adulto. Sin embargo, la lengua española exige la atribución de un género al sustantivo niño o niña. Constante evita plasmar esta información, reduciendo la oración mientras que Llovet utiliza el término personilla para indicar que se trata de un menor, pero sin especificar su género.


Tabla A.2:
Momo
Texto fuente: […] wie jedes andere Kind (2024: 16)
Traducción de Susana Constante: […] como cualquier otro niño […]. (1981: 20)
Traducción de Isabel Llovet: Momo, como cualquier otra niña de su edad […]. (2015: 21)

Las soluciones de traducción propuestas aquí por Constante y Llovet permiten apreciar la evolución que la lengua experimenta en consonancia con la sociedad. Según la Real Academia de la Lengua se recurre cada vez más al uso de las formas del masculino y femenino, provocando desdoblamientos, «especialmente en los ámbitos político y educativo […]. La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas» (Real Academia Española s.f.).

A pesar de que la norma contradice lo expuesto por Llovet, pues la recomendación de la Real Academia de la Lengua es la utilización del género no marcado —el masculino— para incluir a todos los individuos de una especie, la traductora opta, no ya por el desdoblamiento, sino por utilizar el femenino al tratarse de una protagonista de género femenino y ser este un texto cuyo lector objetivo es la infancia. 

A pesar de que no es el objeto de estudio de este trabajo, se puede afirmar que este debate responde, como apunta la Real Academia Española a razones extralingüísticas. Sin embargo, es importante indicar que la norma lingüística se desarrolla a partir de las innovaciones que los hablantes hacen al usar una lengua, por lo que fomentar el uso del femenino en aquellos casos en los que la intención sea utilizar el término genérico puede resultar de ayuda a su normalización e inclusión en la norma, superando los debates extralingüísticos. 

B) Descripción de personajes secundarios.

Tabla B.1:
Momo
Texto fuente: Auch Nino und dessen dicke Frau gehörten zu Momos Freunden […] (2024: 16)
Traducción de Susana Constante: También Nino y su gorda mujer estaban entre los amigos de Momo […] (1981: 21)
Traducción de Isabel Llovet: También Nino y su mujer, que estaba rellenita, se contaban entre los amigos de Momo […] (2015:21)

En este caso las dos opciones de traducción quedan claramente diferenciadas. Constante, en la edición de 1981, opta por utilizar la traducción literal del adjetivo dick en español. Llovet, por su parte, modula su traducción mediante el uso del adjetivo rellenita para referirse al exceso de peso del personaje. 

Esta variación supone una muestra de la estrecha relación entre la lengua y su contexto. En los más de treinta años transcurridos entre ambas traducciones, la sociedad se ha volcado en proteger y prevenir en la infancia los trastornos alimenticios derivados de la persecución de un ideal físico que se promueve desde el mundo de la moda, la publicidad, producciones fílmicas y, en los últimos tiempos, redes sociales. Al utilizar Llovet una aposición explicativa, en la que el adjetivo del texto original se traduce por el diminutivo rellenita, la traductora consigue reducir el impacto de la imagen del personaje y relegar la relevancia de su descripción a un segundo plano. 

Podemos encontrar una nueva variación en una descripción similar a la presentada. En este caso se trata de un compañero de juegos de Momo:

Tabla B.2:
Momo
Texto fuente: «Ich weiß was», sagte ein dicker Junge mit einer hohen Mädchenstimme […] (2024: 26)
Traducción de Susana Constante: —Yo sé una cosa— dijo un chico con una aguda voz de niña […] (1981: 21)
Traducción de Isabel Llovet: —A mí se me ocurre algo— dijo un chico gordito con una voz aguda como de niña […] (2015: 31)

Constante decide suprimir el calificativo dicker en su traducción del texto de Momo, pero Llovet opta por modularlo mediante el uso del diminutivo gordito. Esta modulación del adjetivo gordo busca, como en la anterior opción, mostrar una versión más amable de la descripción de este compañero de juegos de Momo.

Tabla B.3:
Momo
Texto fuente: […] und hätte ihn bald nicht mehr wiedererkannt, so verändert war er, nervös, mürrisch, freudlos (2024: 89).
Traducción de Susana Constante: […] y casi no le reconocí, de tan cambiado que estaba, nervioso, gruñón (1981: 81).
Traducción de Isabel Llovet: […] y casi no le pude reconocer, de lo cambiado que estaba, tan nervioso, malhumorado y amargado (2015: 98)

En esta descripción acerca de uno de los personajes secundarios, el peluquero Fusi, se puede observar cómo las dos traducciones optan por traducir el verbo haben en su forma de Konjunktiv II por el pretérito indefinido del verbo reconocer en el caso de Constante y por la combinación verbal «pude reconocer» en el de Llovet. Sin embargo, ninguna de ellas selecciona la forma de condicional, estableciendo así una creación discursiva que responde a un grado de adaptación independiente del lector meta, pero que se ajusta a las necesidades de la lengua española en materia de tiempos verbales.

Tabla B.4:
Momo
Texto fuente: Als Nächsten besuchte Momo den Wirt Nino und seine dicke Frau. […] Ihr dickes Gesicht glänzte von Schweiß (2024: 92)
Traducción de Susana Constante: A continuación, Momo fue a ver al tabernero Nino y a su gorda mujer. […] Su gorda cara relucía de sudor (1981: 83).
Traducción de Isabel Llovet: Al día siguiente al que visitó Momo fue a Nino, el tabernero, y a su regordeta mujer. […] Su cara regordeta estaba bañada de sudor (2015: 101 102).

Las diferencias en cuanto a técnicas de traducción utilizadas entre la traducción de Constante y la de Llovet se mantienen a lo largo de la narración. Constante recurre de nuevo a la literalidad al traducir los fragmentos descriptivos de la narración, mientras Llovet prefiere reemplazar el adjetivo gorda por regordeta, una versión que aporta matices más amables a la descripción del personaje.

Tabla B.5:
Momo
Texto fuente: Woher soll ich das Geld nehmen, wenn ich aus meinem Lokal ein Asyl für arme alte Tatterer mache? (2024: 93-94).
Traducción de Susana Constante: ¿De dónde quieres que saque el dinero si convierto mi taberna en un asilo para viejos chochos? (1981: 85).
Traducción de Isabel Llovet: ¿De dónde voy a sacar el dinero si convierto mi local en un asilo para viejos chochos? (2015: 103)

La traducción de «arme alte Tatterer» permite observar el alto grado de adaptación que requiere la narración de Momo. Tanto Constante como Llovet han optado por el sintagma «viejos chochos». El término chocho es una palabra polisémica que aúna significados de diferentes áreas: alimentario en su acepción de altramuz o peladilla, como adjetivo derivado del verbo chochear, en su expresión de asombro o alegría o biológico en su acepción más vulgar para designar la vulva o vagina (Real Academia Española s.f.). 

Ambas traductoras describen con este sintagma al grupo de clientes habituales que el personaje de Nino atiende habitualmente en su negocio. El uso de este término permite al lector, tanto infantil como adulto, comprender de forma más concreta el tipo de clientela que acude a la taberna de Nino, descartando la acepción que aporta la definición estricta del término chochear, definida por la Real Academia Española como «mostrar debilitadas las facultades mentales por efecto de la edad» (Real Academia Española s.f.) y sustituyéndola por la imagen que la sociedad ha instaurado sobre este término, relacionándolo con el imaginario popular que refiere a una persona de edad avanzada y con poca vitalidad. En este caso, ambas traductoras han optado por modular el texto en lengua meta para favorecer la comprensión del texto y ayudar al lector infantil a generar el contexto que se vivía en la taberna del personaje. 
En cuanto a lo referido a traducciones de lugares y objetos, se puede afirmar que esta también ha sido motivo de diferentes adaptaciones que responden a términos culturales y no sociales: 

C) Descripción de lugares y objetos

Tabla C.1:
Momo
Texto fuente: Die Sitzreihen für die Zuschauer lagen stufenförmig übereinander wie in einem gewaltigen Trichter (2024: 7).
Traducción de Susana Constante: Las filas de asientos para los espectadores estaban escalonados como en un gran embudo (1981: 11).
Traducción de Isabel Llovet: Las filas de asientos para los espectadores estaban dispuestas de manera escalonada, una encima de la otra, como en un gigantesco embudo (2015: 11).

Llovet amplifica su traducción con paráfrasis explicativas, a diferencia de Constante, para facilitar la creación de una imagen del lugar en la mente del lector infantil. Llovet opta por este recurso de traducción en repetidas ocasiones a lo largo de la narración:

Tabla C.2:
Momo
Texto fuente: Einer von ihnen, […], baute sogar einen kleinen steinernen Herd. Ein rostiges Ofenrohr wurde auch aufgetrieben (2024: 13).
Traducción de Susana Constante: Uno de ellos, […], construyó incluso un pequeño hogar. También encontraron un tubo de chimenea oxidado (1981: 17).
Traducción de Isabel Llovet: Uno de ellos, […], incluso construyó un pequeño hogar de piedra donde cocinar. Alguien trajo un tubo oxidado de chimenea (2015: 18)

Llovet precisa qué uso se le va a dar al hogar para clarificar a qué objeto se refiere dando respuesta a dos necesidades: la primera es de tipo estilístico y la segunda es de contextualización del lenguaje. 
Por un lado, el término chimenea es utilizado en la siguiente oración, por lo que se evita su repetición empleando su sinónimo hogar, que se define como «sitio donde se hace la lumbre en las cocinas, chimeneas, hornos de fundición, etc.» (Real Academia Española s.f.). 
Por otro lado se puede observar que el uso de la acepción de hogar como lugar para cocinar está cayendo en desuso en el círculo de la infancia frente a su segunda acepción que la define como «casa o domicilio» (Real Academia Española s.f.) por lo que se hace necesaria una aposición que ayude al lector infantil a comprender el mensaje en su totalidad y evitar malentendidos o confusiones que dificulten la comprensión del texto. 

Tabla C.3.:  

Momo
Texto fuente: Ein alter Schreiner nagelte aus ein paar Kistenbrettern ein Tischchen und zwei Stühle zusammen. (2024: 13).
Traducción de Susana Constante: Un viejo carpintero construyó con unas cajas una mesa y dos sillas. (1981: 17).
Traducción de Isabel Llovet: Un viejo carpintero construyó una mesita y dos sillas atornillando algunos listones de unas cajas de madera. (2015: 18).

En este ejemplo, frente a la traducción de Constante que tiende a la literalidad, Llovet detalla cómo se han construido la mesita y las sillas. Esta aclaración nace del cambio vivido en materias de embalajes en la sociedad actualmente, en la que la mayoría de embalajes están realizados con cartón. No debemos olvidar que esta adaptación se debe a la apreciación que hace Llovet del lector en lengua meta, quien no tiene la apreciación del contexto en el que fue escrito el texto original y a quien le resulta difícil concebir que un carpintero pueda construir una mesita y unas sillas con cartón porque, en su propia experiencia vital, las cajas de embalaje que conoce en su día a día son de cartón. 

Junto a estas adaptaciones culturales se puede encontrar en Momo un reto todavía mayor: la traducción de unidades paremiológicas. Esta es probablemente la traducción más compleja en un texto perteneciente a la literatura infantojuvenil, pues debe responder a dos requerimientos de igual prevalencia: por un lado, la necesidad de adaptar al contexto infantil el mensaje implícito en un refrán, dicho popular o proverbio, pues ninguno de ellos debe entenderse de forma literal; por otro lado, la búsqueda de una equivalencia en la cultura meta dificulta aún más si cabe la tarea traductora. En este caso el traductor deberá analizar la función de esta paremia dentro del texto fuente y valorar si su uso responde no solo al contexto lingüístico en el que está inscrito, sino también a razones fonéticas o dialectales. 

D) Traducción de paremias

Tabla D.1:
Momo
Texto fuente: So wie man sagt: «Alles Gute!» oder «Gesegnete Mahlzeit!» oder «Weiß der liebe Himmel!», genauso sagte man also bei allen möglichen Gelegenheiten: «Geh doch zu Momo!» (2024: 16).
Traducción de Susana Constante: Igual que se dice: «¡Buena suerte!», o «¡Que aproveche!», o «¡Y qué sé yo!», se decía, en toda clase de ocasiones: «¡Vete con Momo!» (1981: 19-20).
Traducción de Isabel Llovet: Así como se dice: «¡Que te vaya bien!» o «¡Que aproveche!» o «¡Dios sabe!», justo así se pronunciaba esta frase en todas las ocasiones posibles: «¡Vete a ver a Momo!» (2015: 21).

Aunque las opciones escogidas por las traductoras son diferentes, ambas coinciden en buscar el equivalente basándose en el significado y no en la forma, pues las expresiones plasmadas en el texto original no están contextualizadas. La diferencia más notable en las traducciones presentadas radica en el refrán «Weiß der liebe Himmel!» vinculado al ámbito religioso. Constante opta por una traducción sin connotaciones religiosas al trasladarlo a su equivalente en significado como expresión de duda. Llovet, por su parte, opta por una solución que recoja también el sentir religioso en la lengua española con la expresión «¡Dios sabe!».

Tabla D.2:
Momo
Texto fuente: «Wer nichts wird, wird Wirt» (2024: 20).
Traducción de Susana Constante: «Venteros y gatos, todos latros» (1981: 23).
Traducción de Isabel Llovet: «El que vale vale, y el que no… a tabernero». (2015: 25).

Este refrán alemán presenta tres dificultades para su traducción al español dentro del ámbito de la traducción literaria: significado, fonética y ámbito de uso de la vida cotidiana al que se refiere. En su traducción de Momo Constante valora los tres aspectos de forma diferencial y con el recurso escogido consigue mantener dos de ellas: conservar el ámbito de uso y preservar la carga fonética al buscar un homólogo en español que le permita aproximarse a la sonoridad del texto en alemán. Llovet, por su parte, actualiza el conjunto paremiológico atendiendo únicamente a cuestiones de significado. El refrán «venteros y gatos, todos latros» relaciona la figura de los taberneros y los gatos con la mentira y, a pesar de que consigue mantener la melodía y la presencia de la figura del tabernero es coincidente en ambas lenguas, el significado no es el que Ende buscaba en su opción original. El dicho popular «Wer nichts wird, wird Wirt» hace referencia en alemán a las capacidades intelectuales de una persona y refiriéndose al oficio de tabernero como uno en el que no hace falta mostrar unas capacidades intelectuales sobresalientes. Llovet aporta este significado utilizando el dicho popular «el que vale vale, y el que no …» completándolo con el oficio de tabernero, consiguiendo así la equivalencia entre ambos dichos populares. 

Esta dificultad en conseguir una traslación en lengua meta que permita al lector apreciar todos los matices del texto original se ve complementada en el caso de Momo con las ilustraciones que aparecen en la narración original. 

Es importante indicar que estas ilustraciones están realizadas para aportar apoyo visual a objetos muy determinados de la narración, como por ejemplo jarrones, cigarrillos o telas de araña. Sin embargo, a lo largo de la segunda parte de la narración existe una ilustración que revela los mensajes escritos en pancartas por Momo y sus amigos para reivindicar la concepción del tiempo que hacen los adultos una vez han seguido los consejos de los hombres grises. En los carteles Ende plasma la ortografía que él, como adulto, considera típica de un menor, constatando así la apreciación realizada por Shavit con la que señala los dos principios sobre los que se basa la traducción de los textos infantiles: 

an adjustment of the text to make it appropriate and useful to the child, in accordance with what society regards […] as educationally ‘good for the child’; and an adjustment of plot, characterization, and language to prevailing society’s perceptions of the child’s ability to read and comprehend (Shavit 2006: 26) 

E) Traducción que imita el lenguaje escrito de los niños: A continuación se detalla una transcripción de los mensajes que aparecen en la ilustración:

Tabla E.1:
Momo
Texto fuente: Zeit spahren? Aber für wehn? (2024: 121)
?Warum? ?Hapt ihr keine Zeit? wir kinder sagen euch bescheit! komt bitte alle zur grosen fersammlung. nechsten sonntag um 6 im alten anfiteather. (2024: 121).

Traducción de Susana Constante: ¿Aorrar tiempo? Pero ¿para quien? (1981: 105).
¿Porque? ?No teneis tienpo? Nosotros los niños hos avisamos veniz todos por favor a la gran reunion el prosimo domingo a las 6 en el biejo anfiteatro (1981: 105)

Traducción de Isabel Llovet: ? Aorrar tiempo? Pero ¿para quien? (2015: 129)
¿Porque? ¿No teneis tiempo? Nosotros los niños hos avisamos veniz todos por favor a la gran reunion el prosimo domingo a las 6 en el biejo anfiteatro (2015: 129).

Se pueden apreciar en estos mensajes abundantes faltas de ortografía tanto en alemán como en español. En la lengua alemana el texto remite a faltas ortográficas producidas por la transcripción de las palabras de forma fonética, como por ejemplo bescheit, Ampfiteater o Fersammlung y en español mediante el intercambio de las letras b y v, ausencia de tildes, presencia de la letra h en el pronombre personal os o de n delante del fonema p. 

Es necesario subrayar que los textos en alemán buscan reproducir un sonido rítmico: «Habt ihr keine Zeit? Wir Kinder sagen euch Bescheid!» y «Eure Kinder rufen laut: Eure Zeit wird euch geklaut»3 (Ende 2024). 

La complejidad en la traducción de estos mensajes radica en trasladar las faltas de ortografía y el ritmo fonético de los mensajes utilizados por los niños, imitando el ideal de ortografía infantil que Ende transmite en su obra y adaptándolo a la lengua castellana. Tanto Constante como Llovet dejan de lado la parte fonética para centrarse en la traslación de las faltas de ortografía, manteniendo la literalidad como estrategia en su traducción y consiguiendo de este modo el mismo efecto de espontaneidad y realismo que ofrece la obra en lengua alemana. En el caso de la lengua castellana, las faltas que trasladan las dos traductoras imitan la estrategia utilizada por Ende en el texto original: prevalece la ejecución fonética sobre la norma ortográfica, pero adaptándolas a las grafías españolas; de esta manera escriben el pronombre os con h, intercambian las consonantes bilabiales b y v o confunden el uso de las consonantes m y n delante de la letra p. 

No obstante, esta adaptación literal pasa totalmente desapercibida para el lector quien, al desconocer el texto en lengua alemana, no aprecia la carencia de ritmo en los eslóganes utilizados en las pancartas y sobreentiende que se trata de mensajes escritos por niños en proceso de adquisición de una correcta ortografía. 

La suma de este registro de recursos de traducción nos permite tomar perspectiva de los cambios más acusados en cuanto a tendencias en la traducción de la LIJ y analizar las causas que obligan a estas modificaciones.

3.    Conclusiones 
El análisis en profundidad de las versiones traducidas que Constante y Llovet hacen de la obra de Michael Ende, Momo oder die seltsame Geschichte von den Zeit-Dieben und von dem Kind, das den Menschen die gestohlene Zeit zurückbrachte, constata la teoría inicial que sostiene este trabajo: la evolución de la traducción se produce de forma paralela a la evolución de la sociedad y supone un ejemplo representativo del desarrollo que ha tenido la práctica traductora en la LIJ. En este sentido, para conseguir que la lengua meta resulte eficaz necesita que las traducciones se adecúen no solo a nivel gramatical y semántico, sino también a nivel cultural y social. 

Las traducciones realizadas por Constante y Llovet son representantes de la tendencia que la traductología ha tenido en cada momento, como los resultados del análisis ratifican. 

Por un lado, Constante utiliza una combinación de traducción literal y reducción en las descripciones, tanto de personajes como de lugares, a diferencia de Llovet, quien recurre a la modulación y la amplificación y no presenta ningún elemento reducido o elidido en su trabajo. Este hecho nos lleva a remarcar que la evolución de los estudios de la traducción y el interés que ha despertado recientemente el estudio ad en las traducciones y, posiblemente, la mejora en la recepción por parte del lector de los textos de llegada. Siendo esta un área que se consideraba menor, las estrategias traductoras utilizadas confieren al texto una variedad de recursos que lo enriquecen, ofreciendo a los lectores la oportunidad de nutrirse de las paráfrasis explicativas, nuevos conceptos y marcas culturales que los traductores ponen a su disposición. 

El análisis contrastivo diacrónico realizado entre ambas traducciones sirve para exponer no solo los recursos utilizados, sino también para comprender cómo los preceptos desarrollados por Klingberg (1978: 89) mantienen su vigencia y son necesarios a la hora de comprender las traducciones de la LIJ de forma global. Constante y Llovet consiguen aproximar la obra de Ende a la lengua y cultura españolas, pues consiguen trasladar los presupuestos de interés que el autor atribuye a los más jóvenes, manteniendo un alto grado de adaptación lingüístico y cultural. Sin embargo, la traducción de Llovet sirve de modelo de cómo el estudio y análisis de las técnicas de traducción aplicadas a la literatura infantil y juvenil sirven para enriquecer y, posiblemente, permitir una mejor comprensión de las obras pertenecientes al género de la literatura infantil, contextualizándolas al lenguaje y la sociedad actuales.


 

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(1) Momo cuenta con tres opciones de traducción en lengua española elaboradas por Susana Constante, en 1978, para Alfaguara Ediciones, Luís Ogg, en 1995 para Círculo de Lectores y Begoña Llovet, en 2015, para Penguin Random House. Para el presente estudio se han utilizado las traducciones de Constante y Llovet, pues no ha sido posible disponer de la traducción de Ogg al encontrarse descatalogada. La traducción de Constante empleada para la extracción de ejemplos y citas se corresponde con la tercera edición de la obra en español, impresa en 1981.

(2) Para facilitar la lectura del trabajo se ha seleccionado el nombre popular y presente en la mayoría de ediciones en castellano de la novela de Ende: Momo

(3) Para facilitar la lectura del texto, solo se han mantenido las faltas ortográficas en la tabla que sirve de base para el análisis y contraste del texto fuente y las traducciones.

 

 

Bibliografía 
 

Asociación Ibérica de Estudios de Traducción e Interpretación (s.f.). Técnicas/estrategias de traducción: Entrada. AIETI. Recuperado el 23 de octubre de 2025, de https://www. aieti.eu/enti/techniques_SPA/entrada. html#titolo-01 

Ende, M. (2024). Momo oder die seltsame Geschichte von den Zeit-Dieben und von dem Kind, das den Menschen die gestohlene Zeit zurückbrachte. (19ª ed.). Thienemann Esslinger Verlag. (Trabajo publicado en 1973). original 

Ende, M. (1981). Momo o la extraña historia de los ladrones del tiempo y de la niña que devolvió el tiempo a los hombres (Traducción de S. Constante). Ediciones Alfaguara. (Trabajo original publicado en 1973). 

Ende, M. (2004). Jim Knopf und die Wilde 13 (Edición especial). Thienemann Verlag. (Trabajo original publicado en 1973). 

Ende, M. (2015). Momo (Traducción de B. Llovet Barquero) Penguin Random House Grupo Editorial. (Trabajo original publicado en 1973). 

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martes, 25 de agosto de 2026

2. En el que Chiquillo sitia el Castillo Escalofrío

Texto: Michael Ende
Imagen: Regina Kehn

 

Mientras tanto, lejos, muy lejos de la carretera en la que estaban Papá y Mamá Dick en su carromato, bebiendo té, preocupados por su hijo, Chiquillo se abría camino por entre la espesa espesura de un bosque. Por aquel entonces, teníamos auténticas selvas vírgenes con árboles gigantescos de miles de años, con desfiladeros por los que nadie había caminado, con plantas trepadoras y pantanos en los que bailaban por arriba y por abajo los fuegos fatuos. Y el inmenso bosque que aparece en esta historia se llamaba Bosquemiedo, pues era especialmente tenebroso.

Se decía que allí no solo habitaban osos y serpientes gigantes, sino también espíritus del bosque, duendes malvados y todo tipo de monstruos. Pero, sobre todo, allí vivía, escondido en algún lugar de su inaccesible castillo, el caballero bandido más temido de todos, al que Mamá Dick ya había mencionado con tanta inquietud: Rodrigo Bandido.

Nadie en todo el país se atrevía a pronunciar su nombre si no era con la mano delante de la boca y entre susurros, pues tan solo mencionarlo se consideraba peligroso. Existían innumerables historias sobre la maldad y ferocidad de aquel monstruo, pero sobre todo decían cosas increíbles acerca de su tremenda 
fuerza en la batalla, lo que le hacía totalmente invencible. Incluso los guerreros más valientes y los temerarios más atrevidos preferían correr aventuras más prometedoras y evitar el Bosquemiedo en la medida de lo posible. 

Sin embargo –o más bien justo por eso–, Chiquillo había decidido visitar a aquel hombre. Este asombroso propósito se tiene que explicar de inmediato, puesto que de lo contrario alguien podría crearse una falsa impresión de Chiquillo y tomarlo por un héroe o una persona de lo más valiente.
Pero él no era así, porque valiente es alguien que tiene miedo y lo supera. Sin embargo, Chiquillo no tenía ni idea de qué era el miedo y por consiguiente no le hacía falta superarlo.

Solo tiene miedo quien conoce el mal que hay en su interior y por tanto no lo busca. Y de eso tampoco tenía ni idea Chiquillo. No se imaginaba cómo podía ser. Así que más que una virtud, era un defecto. No tenía ni idea de qué se podía hacer ante semejante defecto. Había oído que quien no sabía diferenciar entre el bien y el mal sería un niño para siempre. Pero Chiquillo no quería eso. Él quería hacerse mayor y por esa razón se había marchado en busca de Rodrigo Bandido, quien sin duda era un 
experto en cuanto al mal.

La tormenta seguía rugiendo, la lluvia caía a mares, los rayos centelleaban, los truenos retumbaban y el vendaval agitaba todo el bosque con violencia. Chiquillo no iba lo que se dice vestido para su expedición. Su pequeña y delgada figura iba enfundada en un traje de arlequín que Mamá Dick le había cosido a mano con retales de los trajes que hacía para las marionetas. Unos trocitos coloridos de terciopelo, cuero, tela dorada, pelo de animal, seda, fieltro o lana. Por supuesto, el traje estaba completamente empapado y se le pegaba a las extremidades.

Tampoco llevaba gorro y su cabello pelirrojo iba todo despeinado. Parecía que aquella cara pecosa y aquellos ojos azules acabaran de caer del cielo. 

Al destellar un relámpago, se iluminaron las gigantescas y nudosas ramas de los árboles, unas formas extrañas semejantes a  piernas y brazos encorvados, rostros con ojos que miraban, narices cartilaginosas y bocas muy abiertas. El polifónico bramido y aullido del vendaval sonaba como un coro de voces quejumbrosas o amenazantes. Pero Chiquillo continuaba su marcha, sin dejarse impresionar en lo más mínimo. De vez en cuando, en la oscuridad, se daba en la cabeza con una rama que no había visto o se tropezaba con alguna raíz gruesa. Pero se volvía a levantar y proseguía su excursión de manera resuelta. 

Unas cuantas veces sucedió incluso que el viento arrancó los árboles, que crujieron al desplomarse y se llevaron por delante otros árboles. Pero Chiquillo trepaba por las ramas grandes que se interponían en su camino y continuaba andando por entre la maleza. 

En una ocasión metió el pie en algo que lo retuvo. Tiró y tiró, pero no pudo sacarlo. Era como si la raíz fuese una mano que le cogiera, porque el pie no podía librarse de aquellas garras. Chiquillo tiró con todas sus fuerzas, pero aquella cosa no cedía, y pensó que a lo mejor se trataba de un malvado gnomo de las raíces. 

—¡Oye —gritó Chiquillo—, suéltame! ¡Tengo que ir a ver a Rodrigo Bandido!

Apenas había pronunciado aquel nombre, cuando el pie quedó libre. ¿Acaso los árboles y los espíritus del bosque le tenían miedo? ¿O había sido pura coincidencia?

Solo había dado unos cuantos pasos cuando cayó allí mismo un potente rayo, a poca distancia de donde él se hallaba.

—¿Lo habré provocado yo? —se preguntó Chiquillo—. No me gustaría nada que hubiera sido simplemente por decir su nombre. 

Los mismísimos árboles de aspecto tenebroso parecieron asombrarse ante tanta indiferencia. De pronto sus rostros adquirieron una expresión de indignación y fue como si se susurraran los unos a los otros y cuchichearan entre ellos. 

—Pues vale —dijo Chiquillo—, ya me callo.

Y continuó caminando con paso firme y mucha calma. Un poco más tarde amainó por fin el temporal, tan solo duraba aún el viento, que llevó un jirón de nubes sobre la luna llena, de modo que a intervalos aclaraba y volvía a oscurecer; aunque en el suelo del Bosquemiedo, por donde se abría camino Chiquillo, no se notaba ninguna diferencia, puesto que las enormes copas de los árboles apenas dejaban pasar la luz mortecina. 

Entonces, de pronto, el viento cesó y reinó un silencio sepulcral. Tan solo se oía el leve sonido de las gotas que caían de las hojas. La niebla se alzó del suelo. Los animales nocturnos, que hasta ese momento se habían ocultado en sus escondrijos, fueron apareciendo poco a poco y observaban con ojos brillantes, desde todos los rincones, al pequeño excursionista, que de manera tan campechana había entrado en su territorio.

El suelo cada vez estaba más cenagoso y en algunas partes crecían setas inmensas, algunas de ellas más altas que Chiquillo. El suelo ahora se empinaba a ojos vistas y disminuía la cantidad de árboles, de modo que, de vez en cuando, se podía ver la luna a través de las copas. 

Tras un buen rato subiendo cada vez más arriba, de repente, Chiquillo oyó en el silencio un crujido, y después otro. Siguió el ruido y bajo un gran avellano silvestre encontró un oso cascando nueces.

—¡Hola, oso! —saludó Chiquillo, y se acercó a él—. Deja algunas para mí. Tengo hambre.

El oso se dio la vuelta y se alzó gruñendo sobre las patas traseras. Era tres veces más alto que Chiquillo y miraba desconcertado al tipo diminuto vestido con aquel colorido traje tan extraño.

—No voy a hacerte nada —dijo Chiquillo.

Ya fuera porque el oso se hubiese hartado o porque le había desconcertado mucho su desfachatez, volvió a ponerse a cuatro patas y se marchó gruñendo.
Chiquillo lo miró con amabilidad y gritó:

—¡Gracias!

Luego recogió todas las nueces que pudo encontrar, se las metió en los amplios bolsillos de su traje y retomó su camino mientras partía una nuez tras otra con los dientes para comérselas. La luna ya había recorrido un buen trecho cuando el bosque de repente se abrió ante Chiquillo y le permitió ver unas peladas montañas rocosas, cuyas cumbres escarpadas despuntaban. Muy arriba, en el pico más alto, bajo la luz mortecina, distinguió un castillo. Nada más verlo a aquella distancia, le habría puesto los pelos de punta a cualquiera, pero no a Chiquillo, que asintió satisfecho y lanzó un silbido de admiración. Estaba seguro de que por fin había alcanzado la dirección postal correcta: el caballero Rodrigo Bandido, morador del Castillo Escalofrío, en la Montaña Pelos de Punta de Bosquemiedo.

El castillo se había construido con bloques de piedras negras y tenía cinco torres de diferentes alturas, y todas ellas, de una forma u otra, parecían torcidas e inclinadas. Las pocas ventanas que daban afuera, ya que los muros exteriores se fusionaban directamente con las empinadas rocas verticales, parecían cuencas de ojos vacías. La fortaleza no tenía foso, tan solo había una puerta en un lateral, aunque desde abajo no se distinguía si estaba abierta o cerrada. En conjunto, aquel castillo daba la impresión de estar bastante en ruinas.

Chiquillo comenzó el ascenso. El camino era un estrecho sendero sin barandilla que serpenteaba con curiosos giros alrededor de los altos pináculos. Por todas partes, durante el camino, allá donde había un poco de sitio, Chiquillo se topaba con una tumba, cuya cruz de piedra estaba clavada en el suelo de forma inclinada. En las lápidas a duras penas descifró unas inscripciones donde se leía lo siguiente:
 

Aquí yace el caballero Bogumil Amenázame,
muerto a manos de Rodrigo Bandido
tras tres días de combate.
¡Viajero, cuídate de continuar!

 

O:
 

Aquí descansa el esqueleto que tanto costó recoger
del gigante Untam Menuwel,
que tuvo la mala suerte de disgustar a Rodrigo Bandido.
¡Viajero, sal huyendo!

 

O:
 

Los pocos restos que quedan 
de los trece salteadores de la Banda de los Fieras,
que se toparon con Rodrigo Bandido,
están enterrados en una maceta.
¡Forastero, sal enseguida de aquí!


Cuanto más subía Chiquillo, más se tropezaba con calaveras por allí tiradas y montones de huesos. En una ocasión incluso tuvo que traspasar un enrejado de huesos humanos, que estaban forjados con cadenas oxidadas a la pared rocosa y llevaban puestos cascos. Por lo visto, se trataba de todo un grupo de caballeros que recibió su castigo por haber ido a visitar a Rodrigo Bandido sin que los invitaran. Ante tal formación de honor, probablemente a cualquier otro se le habría ocurrido que en realidad se estaba mucho mejor y más cómodo en casa, y que ya iba siendo hora de regresar. A cualquier otro menos a Chiquillo.

Cuando por fin había llegado muy alto, vio que el camino terminaba en una almena de piedra. Un puente levadizo pasaba sobre un abismo infinito y en el otro extremo se hallaba la puerta del castillo. Aquel puente estaba tan carcomido y las enormes cadenas tan corroídas por el óxido que no se sabía muy bien si aguantaría que lo atravesase alguien. Además, la puerta gigantesca estaba cerrada. Chiquillo colocó los pies sobre los tablones del puente, que crujió y chirrió, y algo se deslizó hasta caer al abismo. No obstante, el niño siguió avanzando. Una vez tuvo que saltar un agujero que había entre los tablones. Toda la construcción se balanceó de un lado a otro y las cadenas chirriaron. Pero entonces 
llegó a la puerta. 

En el centro había una aldaba con el rostro de un demonio que llevaba una gruesa anilla de hierro en la boca. Chiquillo movió la anilla y llamó un par de veces. Oyó como resonaba el ruido de forma fantasmal en el interior de la fortaleza, que por lo demás estaba totalmente en silencio. Llamó una vez 
más con mayor ímpetu y después gritó haciendo bocina con las manos ahuecadas:

—¡Eh, hola! Señor caballero Rodrigo Bandido, ¿puedo entrar, por favor?

No recibió respuesta ni tampoco apareció nadie. 
Chiquillo continuó llamando un rato más, pero fue en vano. 
Poco a poco se fue cansando, al fin y al cabo se había pasado en vela toda la noche, y casi se le cerraban los ojos.

—A lo mejor —se dijo a sí mismo— ha salido a hacer un recado. Seguro que vuelve pronto, de lo contrario habría dejado una nota en la puerta donde pusiera «Estoy de vacaciones» o algo por el estilo.

Se agachó en un rincón de la puerta y al momento se quedó tranquilamente dormido.

 

Michael Ende. Artículos en español sobre su vida y obra.

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