martes, 10 de marzo de 2026

7. Poema en honor de un no inventor

Texto: Michael Ende en Carpeta de apuntes
Imagen: Angerer der Äeltere   



Habló Hopfer, doctor y profesor:
“Descubre poco a poco claramente el pensador
los límites del progreso
pues los productos de la ciencia
dudosos son en grado extremo”.
Y sacó las consecuencias.

Ni esfuerzos ni burlas temió,
y aunque peligros hubiese
y sus bienes se perdiesen, 
ni de día ni de noche
en otra cosa pensaba.
Que fue: en no inventar nada

Tras muchos años de duras fatigas,
la ansiada recompensa coronó
todos sus experimentos.
lo que aquí sigue no lo inventó
por más que (según informes de su sección)
hubiese podido hacerlo:

Un perro con enchufe, que ladra automáticamente
y que se pone como despertador, eléctricamente
una píldora que suple por completo el descansar
y el perder el tiempo durmiendo y soñando.
Un aparato que escribe poesías y libros
y que también los lee al momento y los aprende.
Un instrumento que ahorra las estaciones del año
y polvos que reducen la mala conciencia.
Bebés que no necesitan padres
y todo lo saben y fuman tabaco.
Un avión que vuela raudo como el pensamiento 
produciendo un ruido que hace doblarse el hierro.
Alimentos que se inyectan en la sangre:
y ya no hay que comer para vivir, un año entero.
Enfermedades que se envían por correo
(quien las recibe enloquece al momento).
Una cosa que a la gente ahorra
el esfuerzo y la manera de quererse mutuamente.
Una máquina grande que atonta (se conduce),
que le quita a la gente las ganas de pensar.
Una bomba gigante que hace, al explotar,
a todo el globo terrestre por el aire saltar…
Muchas otras cosas se podrían mencionar,
pero esto basta para reconocer al genio.

Fue enorme, como vemos, lo que hizo
en todos los campos de la ciencia.
El mundo así puede sanar.
Es un modelo, sublime y venerable;
apenas hay nadie que, cual él,
haya dejado tantas cosas de inventar.

Feliz ha hecho, al reprimirlas 
a la entera humanidad.
Y por su gran sacrificio
le van a conceder (eso dicen)
el próximo año el Premio Nóbel
¡Viva Pipin Hopfer!

6. El lenguaje de los árboles

Texto: Michael Ende en Carpeta de apuntes
Imagen: Justyna Kopania   



Se describe una escena de amor indirectamente, a través de la conversación de la luna con un árbol, mientras ambos observan los tiernos juegos que nosotros no podemos ver.

 

ÁRBOL: 
    Schschschsssssssschchchchch….
 

LUNA: 
    ¿Cómo dice?
 

ÁRBOL:
    Tssssszzzzzzzzzzzzchwwwwwwwwwschschschschsch…
 

LUNA: 
    No comprendo, oiga.
 

ÁRBOL: 
    Oh, perdone usted, era lenguaje de los árboles.
 

LUNA: 
    ¡Ah! ¿Y qué significa?
 

ÁRBOL:

    Significa…, bueno, ¿cómo podría explicarlo? Expresa algo, indica, con toda precisión, algo que hay en el amor y que sólo conocen los árboles. Y quizás dos o tres personas en el mundo, pues en la naturaleza no hay nada que no tenga correspondencia con el hombre. Es algo maravilloso en grado sumo, pero por desgracia no es posible traducirlo. 


La meta ficción es lo que permite que La historia interminable sea interminable

Texto: Catalina Bernabó Cruz en Universidad Adolfo Ibañez. Facultad de Artes Liberales
Imagen: francescoch 



En La historia interminable de Michael Ende, podemos observar que la metaficción es un elemento fundamental de la obra, es más, sin esta la novela no tendría un argumento base.
 

La metaficción, es la literatura sobre la literatura. Según Zavala (2010), “cada texto metaficcional construye su propia propuesta acerca de las posibilidades y los límites del lenguaje, y, muy especialmente, acerca de lo que significan el acto de escribir y el acto de leer textos literarios” (p.3). En La historia interminable vemos como se construye el choque entre el mundo real y el mundo de fantasía, y como Bastián a través de la lectura puede generar cambios entre estos dos mundos. Este tipo de metaficción según Jesús Armas pertenece a la metalepsis narrativa, que se da cuando el personaje leído de la novela se pone en contacto con su lector ficticio, rompiendo así la estructura ficcional (p.8). 

Podemos observar que esta estructura es el argumento sobre el cual se sostiene la obra de Michael Ende, por lo que podríamos concluir que La historia interminable existe gracias a la metaficción, es decir, a través de esta, la novela surge y al mismo tiempo, por esta misma no tiene fin.

La historia interminable no puede existir sin la metaficción, esta forma parte del argumento principal y base de la obra. El que Bastián pueda introducirse en una historia, siendo parte de la novela y que el lector pueda leer esta, es lo que le da vida al mundo de fantasía, y es lo que lo hace tan único e interesante. A través de la metaficción el libro se va escribiendo a sí mismo, sin esta el libro no puede existir. Un ejemplo claro de esto en la novela, es cuando la Emperatriz Infantil se encuentra con el Viejo de la Montaña Errante, al entrar a su guarida lo primero que observa es el libro de La historia interminable con el mismo aspecto físico del que tenía Bastián en sus manos, de hecho, este deja de leer sorprendido: “el libro que tenía en las manos era el libro del que se hablaba. Pero ¿cómo podía aparecer ese libro dentro de sí mismo?” (Ende, 129). Aquí podemos observar cómo se empieza a romper el marco ficcional en la historia, donde ambos mundos comienzan a chocar, y Bastián se empieza a dar cuenta que el libro que está en sus manos, se va escribiendo a medida que lo lee. Y así se lo explica el Viejo de la Montaña Errante a la Emperatriz Infantil: “Podía leerlo mientras lo escribía. Y lo sé porque lo leí. Y lo escribí porque sucedió. De esa forma, por mi mano, la Historia Interminable se escribe a sí misma” (Ende 131). 

El viejo no podía decirle a la Emperatriz qué iba a suceder a continuación, ya que él va escribiendo la historia a medida que sucede, y para atraer a Bastián al mundo de Fantasia, y que comprenda finalmente que al que necesitan es a él, el Viejo de la Montaña Errante comienza a contar la historia desde el comienzo, lo cual comenzaría con la historia de Bastián al entrar a la librería. Aquí tanto lectores, como Bastián como lector quedan en desconcierto, ya que el libro hace alusión directa a su comienzo, y en caso de Bastián a que la historia comienza cuando el coge el libro. Por lo tanto, sin esta “historia dentro de la historia”, La historia interminable, no podría existir, y mucho menos ser infinita. Jesús Armas afirma que cuando se da esta metalepsis narrativa; “…la obra presenta ante los ojos del pequeño lector una obra “en construcción”, porque las interferencias de un mundo en otro provocan pequeños cataclismos, cambios imprevisibles. Son casos evidentes de ruptura del marco, pero mantienen la ilusión de la ficción” (p.8).

Para continuar, otro elemento que nos permite argumentar que la metaficción es lo que permite que La historia interminable, sea interminable, es que el lector comienza a ser parte de la historia. Ya que al igual que Bastián está inmerso en la lectura, y le da vida al libro otorgándole un nuevo significado. Fantasia vuelve a existir cada vez que alguien lee La historia interminable, ya que cada persona le entrega un significado distinto, no todos leen lo mismo, a través de nuestras propias experiencias, podemos leer distintas versiones del mismo libro, haciéndolo así, interminable. Roberto Cáceres, se hace la misma pregunta que Michael Ende realiza en otra de sus obras; cuando varias personas leen el mismo libro ¿leen realmente lo mismo? Aquí, Cáceres pone énfasis en la multiplicidad semántica que existe en la literatura (p.4) al ser seres individuales con nuestra propia historia, experiencias y formas de ver la vida, le otorgamos distintas significaciones al mundo que nos rodea. No dudo que al leer La historia interminable, yo junto a todos mis compañeros de esta asignatura, aunque hayamos leído el mismo libro, nos hemos quedado con cosas distintas, no creo que ninguna lectura haya sido idéntica a la otra. 

Como lectores, al igual que Bastián revivimos esta historia junto a todos sus personajes, y le vamos dando nuevos significados y rumbos a la novela. Cáceres lo aclara de esta forma también: “El planteamiento inicial de la obra (un libro que se escribe según es leído, en el que autor, lector y protagonista coinciden en un acto de creación y recreación simultáneo) …” (p.2). Incluso hasta el propio autor, da de cierta manera este mensaje oculto en el libro; “¡Lo que allí se contaba era su propia historia! Y estaba en la Historia Interminable. Él, Bastián, ¡aparecía como un personaje en el libro cuyo lector se había considerado hasta ahora! ¡Y quién sabe qué otro lector lo leía ahora precisamente, creyendo ser también sólo un lector... y así de forma interminable! (Ende 134). Como lectores, al estar inmersos en la lectura, volvemos a darle vida una y otra vez a La historia interminable, leyendo la novela desde nuestra perspectiva y otorgándole un propio sentido.

En conclusión, gracias a la metaficción es posible La historia interminable, tanto así por como estructura el argumento base de la novela, a como nosotros como lectores le vamos dando infinitos significados a través de nuestra lectura. En mi opinión el carácter meta literario que tiene la novela de Michael Ende, es lo que la hace tan llamativa y especial, ya que nos invita como lectores a sumergirnos en el libro, ver la historia con los ojos de sus personajes y llegar al mundo de Fantasia. Siento que también hace un fuerte llamado a la creatividad. Constantemente a lo largo del libro se dejan historias sin finalizar con la frase “Pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.”, permitiéndonos como lectores imaginar y dar con finales para esos personajes, y dando nuevamente alusión a la infinidad de la historia. En lo personal, la metaficción además de ser fundamental para que La historia interminable exista como tal, es lo que le da un carácter único al libro y lo que lo ha hecho tan popular y relevante hasta hoy en día. 


 

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Referencias:
Armas, Jesús Díaz. "El libro dentro del libro: aspectos de la metaficción en la literatura infantil y juvenil." AILIJ. Anuario de Investigación en Literatura Infantil y Juvenil 1 (2003).

Cáceres Blanco, Roberto. "Una lectura alquímica de «La historia interminable»." (2018): 263-292.

Zavala, Lauro. "Leer metaficción es una actividad riesgosa." Literatura: teoría, historia, crítica 12 (2010).

 

martes, 10 de febrero de 2026

5. La muerte y el espejo. Un cuento

Texto: Michael Ende en Carpeta de apuntes
Imagen: Yuliya   


Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo, un niño que jugaba cada día con la muerte, pues aún no tenía a nadie más con quien jugar. Y la muerte era cariñosa con él y no le hacía nada malo, sino que muchas veces le traía de los mundos superiores donde vivía los más lindos regalos. El niño tampoco le tenía miedo a la muerte, pues todavía no había abierto sus ojos terrenales. Y no le hacía falta, pues él sabía ver por dentro, con el corazón, y allí, su amiga tenía un aspecto maravilloso, radiante de luz.   

Pero en la pared de la casa donde vivía el niño había un espejo, y éste sentía envidia de tal amistad. Quería que el niño sólo tuviese ojos para él, pues al fin y al cabo para eso estaba él allí. ¿Qué es un espejo al que nadie mira?

Un día, la muerte le trajo al niño una fulgurante corona. El niño se puso muy contento y cuando se marchó la muerte, se paseaba por la estancia con la corona en la cabeza. Y he aquí que el espejo gritó:

¡Los ojos, niño, deprisa abrirás!
¡Lo que trajo la muerte has de mirar!


Pero el niño no hizo lo que quería el espejo, pues la muerte le había advertido que no le prestara atención.

En otra ocasión, la muerte le regaló un hermoso cetro real, de plata. Cuando estuvo solo, el niño jugaba con él y era feliz. Y otra vez exclamó el espejo:

¡Los ojos, niño, deprisa abrirás!
Pues yo te estoy mostrando la verdad.


Pero el niño, no hizo como le aconsejaba el espejo. 

Una vez más, algún tiempo después, la muerte le trajo un regalo al niño: un precioso par de zapatos rojos que podía llevar siempre y que nunca se desgastarían. El niño bailó con ellos en la habitación, y el espejo exclamó:

¡Del oscuro poder te has de guardar
pues si no la muerte te aniquilará!


El niño entonces empezó a tener un poco de miedo y pensó: una mirada no puede hacer daño. Y abrió los ojos y se miró al espejo. Y el espejo le mostró su verdad: que la resplandeciente corona estaba hecha de cardos y espinas secas, y que el cetro de plata no era otra cosa que un descolorido huesecillo y los zapatos rojos dos malos pucheros de barro.

Y cuando el niño se vio a sí mismo en el espejo, descubrió, tras sus rosadas mejillas, una putrefacta calavera que le miraba con una espantosa sonrisa. Y de pura tristeza y horror, al niño se le paró el corazón. 

Desde entonces, la muerte se mueve entre los hijos de los hombres y les va cerrando los ojos para que aprendan de nuevo a mirar por dentro.

Y en cuanto a los espejos, hay que taparlos cuando ella llega.


Éste es el cuento de las dos visiones.

lunes, 22 de diciembre de 2025

6. Nadie

Texto: Michael Ende en El libro de los monicacos
Imagen: RHADS


Nadie aquí, al nacer el día,
para el trabajo se avía;
Nadie se arregla y prepara.
Nadie se lavó la cara.
Nadie se tomó el café.
Nadie el zumo, nadie el té.
Nadie salió a ver las flores.
Nadie aspiró sus olores.
Nadie oyó de noche el grillo.
Nadie, de día, el cuclillo,.
Nadie dijo sí niño.
Nadie habló, nadie calló.
Nadie se puso el pijama.
Nadie se metió en la cama.
Nadie relató algún cuento.
Nadie pudo estar atento.
Y en fin, nada ocurriría
puesto que nadie allí había.
A nadie este óvalo abarca,
y su marco a nadie enmarca.

martes, 16 de diciembre de 2025

El ponche de los deseos

Texto: Jose Asgard Arroyo Canales en Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
Imagen: portada de libro 

 

Escrita en 1989 por el alemán Michael Andreas Helmuth Ende, la novela El ponche de los deseos ha sido traducida a diferentes idiomas, creando asombro y fascinación a lectores en todo el mundo. Los libros de este autor han sido fuente de inspiración para la creación de obras de teatro, ópera, entre otras.

La novela narra la historia del brujo Belcebú Sarcasmo, Consejero Secreto de Magia y distinguido Miembro de la Academia de Negras Artes, con gran dominio en el conocimiento de la hechicería para moldear la realidad a su antojo, quien tiene todo ese poder dedicado únicamente a fines maléficos. La historia se detona con la desafortunada visita del burócrata Maledictus Oruga, el Ministro de las Tinieblas Supremas y representante de Belcebú, el señor de los infiernos, quien le recuerda a Sarcasmo que no ha cumplido con su cuota de maldades pactadas y que antes de la media noche debe ejecutar lo prometido. En el mismo dilema se encuentra Tiranía Vampir quien también debe cumplir su contrato, motivo por el que aparentemente trabajará con Sarcasmo.

La historia mantiene al lector en una tensión constante ya que es una carrera contra al reloj. Los protagonistas solo tienen siete horas exactas antes de que acabe el año para cumplir con el contrato prometido. Abatidos y desesperados necesitan trabajar en conjunto para unir dos mitades de un enigmático pergamino que contiene la fórmula de un brebaje que hace que se cumpla todo lo que deseas.

La tarea es casi imposible, la lista de ingredientes resulta ser una serpiente de pergamino con más de cinco metros de largo, que contiene el secreto del ponche genialcoholorosatanarquiarqueologicavernoso. Mientras realizan la enredosa tarea de desciframiento y preparación del ponche de los deseos, la pugna entre ambos protagonistas permanece latente; es decir, ha llegado el momento, cada uno pretenderá exterminar al otro y ser el único que tome el brebaje sin ser descubierto. Un juego engañoso, en el cual sobrevivirá el más mentiroso y malvado.

Lo que Sarcasmo y Tiranía ignoran es que necesitarán más que un ponche para zafarse de sus obligaciones ya que sus mascotas, un cuervo desplumado con el nombre de Jacobo y un gato robusto con el seudónimo de Mauricio, espías del señor de los infiernos, tratarán de impedir que logren sus planes malignos, obstaculizando sus planes.

El ponche de los deseos parece un texto complejo por lo enredado de la trama, empero, no es así, resulta divertido y fascinante. Michael Ende nos regala una historia mágica dándoles el triunfo a los animales, en esa última noche del año. Algo maravilloso que sin duda es motivo de reflexión. Las descripciones de los personajes, de los objetos, de las escenas, son tantas y tan vívidas que la mente vuela desenfrenada, construye e idealiza una historia legendaria.

Además de tener un magnífico relato, el escritor transmite en cada uno de sus icónicos y extravagantes personajes, moralejas, como la preservación de nuestro entorno, el cuidado de otros seres vivos, la motivación, el siempre creer en nosotros mismos, luchar por lo que soñamos sin nunca darnos por vencidos, incluso cuando el objetivo parece imposible de alcanzar.

Así que El Ponche de los deseos lleva el mensaje implícito que reta a todo lector atrevido: ¡Adéntrate en esta carrera contra el reloj y cruza los dedos en ésta “fabucuenticontalectugenimaravillosa” historia!


viernes, 12 de diciembre de 2025

Michael Ende y sus tortugas

Texto: LUDWIGGALERIE
Imagen: Alejandra Romero


Cuando uno pasea por las obras de Michael Ende, siempre destaca un motivo particular: la tortuga. El autor parece tener preferencia por la tranquilidad.
Hablamos de Casiopea de Momo, de la antigua Morla de La historia interminable y de Tranquilla Tragaleguas, que incluso da nombre a su libro. Cada una de estas criaturas es importante para la historia a su manera. 

Casiopea es un símbolo de esperanza y consuelo, guía a Momo y es la única que está con ella cuando todos sus demás amigos la han abandonado. Al mismo tiempo, son fascinantes los mensajes, a menudo enigmáticos, que aparecen en su caparazón y su capacidad de ver el futuro. Estas cualidades de misterio y misticismo a menudo se asocian con las tortugas. 

La Vetusta Morla, por otra parte, es casi la contrapartida de Casiopea. Mientras Casiopea vive con el Maestro Hora en la hermosa y cómoda Casa de Ninguna Parte, el nombre del sitio que habita Morla, es el Pantanos de la Tristeza, que ilustra una situación completamente diferente. La tortuga es vieja y resignada [a la soledad], lo que también se refleja en su negativa por ayudar a Atreyu en su misión. Esto se simboliza en la descripción de los ojos de ambos personajes:

Sus inteligentes ojos negros brillaban con tal amabilidad, como si de un momento a otro fuera a comenzar a hablar (Ende: Momo, p. 131)

Sus ojos eran grandes como charcos negros. (…) La mirada gigantesca, oscura y vacía de la Vetusta Morla paralizaba su mente. (Ende: La Historia Interminable, pp. 58-59)
Otro contraste entre las dos tortugas es la voz de la Vetusta Morla y la falta de voz de Casiopea. La voz de Morla se describe como un gorgoteo desagradable que habla consigo misma y en tercera persona. Atreyu sospecha que esto se debe a su soledad. Casiopea, por otro lado, se comunica mediante la escritura. No puede hablar pero sus misteriosas palabras aparecen en su caparazón. Mientras la vieja Morla está atrapada dentro de sí misma, Casiopea es capaz de comunicarse y escuchar sin revelar demasiado de sí misma. Casiopea ayuda a Momo en su lucha contra los ladrones del tiempo, mientras que la Vetusta Morla no quiere ayudar a Atreyu porque ya no le importa nada. Sin embargo, cuando Atreyu la convence de revelar la cura para la enfermedad de la Emperatriz Infantil, Morla finalmente, al igual que Casiopea, se convierte en una figura central en la progresión de la historia y tiene una influencia esencial en la aventura del héroe. La Vetusta Morla también parece haber recibido con agrado la visita de Atreyu. Ella se ríe por primera vez en mucho tiempo.

Tranquila Tragaleguas es un tipo de tortuga completamente diferente. No parece ser tan omnisciente ni tan experimentada como Casiopea y Morla, pero tiene una certeza instintiva de que todo saldrá bien. Aunque todos los demás animales se lo desaconsejan, ella quiere llegar por sus propios medios hasta la boda del león y no se la puede disuadir de cambiar su decisión. 
 
Las tres tortugas tienen en común su paz y tranquilidad inherentes. Tranquila Tragaleguas en particular consigue transformar estas características, que también podrían verse como lentitud y letargo, en algo positivo. Su perseverancia le permite alcanzar su objetivo, sin importar el tiempo que le lleve. Su repetida frase “Paso a paso” también muestra esta coherencia frugal y recuerda a Beppo Barrendero de Momo, que hace su trabajo golpe a golpe de escoba. Quién sabe, ¡quizás podamos aprender esta confianza de las tortugas!
 
 

miércoles, 10 de diciembre de 2025

En lugar de prólogo: para ser más exactos

Texto: Michael Ende en Los mejores cuentos
Imagen: Pixabay

 

 



Todos los miembros de nuestra familia, desde el más viejo hasta el más joven, tenemos la misma pequeña debilidad: la lectura. Es prácticamente imposible conseguir que uno de nosotros, por algún motivo, deje su libro a un lado para hacer alguna otra cosa urgente o inaplazable. Lo cual no significa que esa cosa urgente o inaplazable no se haga. Lo que sucede es que nos parece que no es en absoluto necesario renunciar por eso a la lectura. Se puede hacer perfectamente lo uno si tener que dejar de hacer lo otro, ¿o no? Admito que ello acarrea de vez en cuando algún pequeño percance…, pero ¿qué importa?

El abuelo, pongamos por caso, está sentado en un cómodo sillón de orejas, fumándose su pipa con un libro en la mano. Está leyendo. Al cabo de un rato, sacude su pipa dándole unos golpecitos en el cenicero de la mesita que tiene delante. Bueno, para ser más exactos, no es realmente su cenicero, sino más bien un florero. Por el sonido, el abuelo se acuerda vagamente de que ya hace mucho tiempo que debería haber tomado su medicina para la tos. Así que agarra el florero y se bebe todo lo que hay dentro.

- ¡Mmm, mmm! –gruñe-, ¡qué fuerte está hoy el café…! ¡Lástima que esté tan frío!

La abuela, pongamos por caso, está sentada en el sofá que hay en el otro rincón del cuarto. Lleva puestas unas gafas sobre su nariz y hace calceta entrechocando las agujas. Sobre su regazo hay un grueso libro, que está leyendo.

Teje y teje… ¿Que qué teje? Pues un calcetín, por supuesto. Bueno, para ser más exactos, realmente no es un auténtico calcetín, sino más bien una especie de gigantesca serpiente de lana que cubre ya, serpenteante, todo el suelo de la habitación. Mientras la abuela pasa la página, echa una rápida ojeada al monstruo por encima de sus gafas y murmura:

- Me parece que ha vuelto a haber un incendio en casa. Pero los bomberos no deberían dejarse así, sin más, la manguera tirada por la casa…

El padre pinta retratos. Está, pongamos por caso, en su taller, delante de un lienzo, haciéndole un retrato a una rica y distinguida dama. La dama está sentada ante él en un pedestal; lleva en la cabeza un sombrerito de flores encantador y tiene a su perrillo faldero en el regazo. El padre pinta con una mano y con la otra sostiene un libro que está leyendo. Una vez terminado el cuadro, la distinguida y rica dama se acerca expectante a admirar su propio retrato. El cuadro ha quedado muy bonito. Bueno, para ser más exactos, quizá haya quedado un poco raro, pues a la dama del sombrerito de flores el padre le ha pintado la cara del perrillo faldero, y al perrillo faldero que tenía en el regazo le ha pintado el rostro de la dama. Por eso ahora la dama se marcha bastante indignada sin comprar el bonito retrato.

- Bueno -dice, afligido, el padre-, quizá no haya salido muy favorecida… ¡pero se parece!

La madre, pongamos por caso, está en la cocina preparando la comida. Afortunadamente, se le ha olvidado encender el fuego del puchero, porque, de lo contrario, tal vez la comida ya estuviera un poquito requemada, pues tiene un libro en una mano y lo está leyendo. En la otra mano tiene un cucharón, con el que remueve y remueve. Bueno, para ser más exactos, no se trata realmente de un auténtico cucharón, sino más bien de un termómetro.

Al cabo de un rato, se lo lleva a la oreja y dice, meneando la cabeza:

- Ya ha pasado otra hora. Así, naturalmente, jamás podré terminar a tiempo.

La hermana mayor (tiene catorce años) está, pongamos por caso, en el pasillo, al teléfono, en estado de tensión y con el auricular pegado a la oreja. Ya se sabe que los teléfonos se inventaron expresamente para las hermanas de catorce años, pues sin el auricular en la oreja, todas las hermanas de catorce años del mundo seguro que se morirían por falta de noticias, igual que los buzos sin botellas de oxígeno por falta de aire. Pero nuestra hermana de catorce años tiene, además, un libro en la mano y lo está leyendo. Aun así, naturalmente, oye muy bien todas las cosas emocionantes que su amiga tiene que contarle. Bueno, para ser más exactos, quizá no lo oiga del todo bien, porque en realidad, no ha marcado ningún número. Y así, finalmente, después de un par de horas, pregunta como de pasada:

- Oye, ¿quién es ese “Tuuu-Tuuu” del que llevas hablando todo el rato?

El hermano pequeño (tiene diez años) digamos que va, pongamos por caso, camino de la escuela. Naturalmente él también lleva un libro en la mano y lo va leyendo, pues ¿qué otra cosa mejor podría hacer durante el largo trayecto en el tranvía? El tranvía se bambolea y traquetea, sube y baja, y sin embargo, no acaba de moverse del sitio. Bueno, para ser más exactos, realmente no es un auténtico tranvía, sino más bien el ascensor de nuestra casa, del que el hermano pequeño se ha olvidado salir. Cuando, pasadas algunas horas, sigue sin haber llegado a la parada que hay delante de la escuela, murmura preocupado:

- Seguro que hoy el profesor tampoco va a creerme que, si llego siempre tarde, no es por culpa mía.

El miembro más joven de nuestra familia, el bebé, está, pongamos por caso, acostado en su canastilla. En nuestra familia, naturalmente también el bebé lee ya. Como todos los demás, tiene un libro en la mano, sólo que el suyo es más pequeño y pesa menos que los libros de los mayores, pues se trata de un libro de bebé. En la otra mano tiene el biberón, pues su misión, que él se toma muy en serio, consiste en alimentarse bien para hacerse grande y fuerte y poder leer pronto libros más grandes y más pesados. Pero, para ser más exactos, realmente lo que tiene en la mano no es exactamente su biberón, sino más bien un gran tintero. Y tampoco bebe de él, sino que, de vez en cuando, lo sacude y se echa un chorrito en su cabecita. Eso le trae absolutamente sin cuidado, y sólo cuando finalmente le cae una gruesa mancha de tinta en la página que está leyendo, comienza de repente a llorar y grita (y espero que nadie pondrá en duda que nuestro lector bebé sabe ya, por supuesto, hablar perfectamente):

- ¡Qué alguien encienda la luz, que ya está todo muy oscuro!

Nuestro gato, como la mayoría de los gatos, tiene la misión de cazar ratones. Su profesión lo es todo para él; y por eso, pongamos por caso, se pasa tan a menudo horas enteras delante de una ratonera que hay a la izquierda, en la parte de atrás del cuarto, al lado del ropero. También él, por supuesto, tiene un pequeño libro entre las patas, pues ¿en qué otra cosa mejor iba a emplear tanto tiempo como se pasa al acecho? (Y el que crea que un gato puede leer no debería asombrarse de que también pueda hablar). Así que, como decía, está delante de la ratonera. Bueno, para ser más exactos, realmente no es una auténtica ratonera, pues, mientras estaba leyendo, los ratones le han dado sencillamente la vuelta y lo han corrido un poco hacia un lado, de manera que ahora está delante del enchufe. Al cabo de un rato, mete en él las uñas y echa chispas por el rabo.

- ¡Ay! –maúlla sobresaltado-. ¡Este libro está realmente cargado de tensión!

Nuestra ranita de San Antonio está, pongamos por caso, en su recipiente. Tiene una importante misión: predecir el tiempo subiendo o bajando su escalera. Cumple con su obligación de una manera muy concienzuda, siempre y cuando en ese momento no esté leyendo, pues a estas alturas resultará evidente que en nuestra casa también la ranita de San Antonio tiene su propio libro, que es del tamaño de un sello y además impermeable.

(No malgastaré ahora ni una sola palabra diciendo que una rana que lee también habla). Lo malo es que en realidad no para de leer, y por ello no dedica la atención necesaria a su principal oficio. Aunque a veces, de repente, la mala conciencia puede con ella y se acuerda de su obligación. Entonces, para demostrar su buena voluntad, echa de repente a correr y sube la escalera a toda velocidad, siempre con el libro en su húmeda pata. O la baja exactamente igual deprisa y sin motivo alguno. Bueno, para ser más exactos, realmente no la baja peldaño a peldaño, sino que pisa en el vacío y cae dando tumbos por la escalera abajo, armando un estrépito de mucho cuidado.

- Si no me equivoco –croa entonces frotándose su verde anca-, pronto va a haber una fuerte depresión atmosférica.

El único de nuestra familia que no lee tenía que ser precisamente el ratón de biblioteca, que pongamos por caso, vive en el octavo tomo del diccionario enciclopédico Brockhaus. No señor, no lee. Él valora los libros exclusivamente desde el punto de vista de si son comestibles o no. Por eso sus opiniones sobre el “buen gusto” o el “mal gusto”, por lo menos en ese sentido, sólo tienen un valor muy relativo, y todos los demás tampoco lo consideramos plenamente como un miembro de la familia.

Quizá alguien se esté preguntando ahora qué relación de parentesco guardo yo con el resto de los miembros de la familia. Debo reconocer que ni yo mismo lo tengo del todo claro. Bueno, para ser más exactos, yo a esta gente no la conozco en absoluto, y entre nosotros, casi no me creo que existan realmente. Posiblemente toda esta historia que os he contado ha salido como ha salido porque, mientras la estaba escribiendo, estaba al mismo tiempo leyendo el libro que tengo delante.

Y ahora ya lo único que me queda es aconsejaros que hagáis lo mismo. Bueno, para ser más exactos, realmente ya lo estáis haciendo, pues si no, no habríais leído todo lo que pone aquí. ¡Así que no molestéis y dejadme también a mí seguir leyendo!

 

 

Michael Ende. Artículos en español sobre su vida y obra.

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