Imagen: Alejandra Romero
Cuando uno pasea por las obras de Michael Ende, siempre destaca un motivo particular: la tortuga. El autor parece tener preferencia por la tranquilidad.
Hablamos de Casiopea de Momo, de la antigua Morla de La historia interminable y de Tranquilla Tragaleguas, que incluso da nombre a su libro. Cada una de estas criaturas es importante para la historia a su manera.
Casiopea es un símbolo de esperanza y consuelo, guía a Momo y es la única que está con ella cuando todos sus demás amigos la han abandonado. Al mismo tiempo, son fascinantes los mensajes, a menudo enigmáticos, que aparecen en su caparazón y su capacidad de ver el futuro. Estas cualidades de misterio y misticismo a menudo se asocian con las tortugas.
La Vetusta Morla, por otra parte, es casi la contrapartida de Casiopea. Mientras Casiopea vive con el Maestro Hora en la hermosa y cómoda Casa de Ninguna Parte, el nombre del sitio que habita Morla, es el Pantanos de la Tristeza, que ilustra una situación completamente diferente. La tortuga es vieja y resignada [a la soledad], lo que también se refleja en su negativa por ayudar a Atreyu en su misión. Esto se simboliza en la descripción de los ojos de ambos personajes:
Sus inteligentes ojos negros brillaban con tal amabilidad, como si de un momento a otro fuera a comenzar a hablar (Ende: Momo, p. 131)
Sus ojos eran grandes como charcos negros. (…) La mirada gigantesca, oscura y vacía de la Vetusta Morla paralizaba su mente. (Ende: La Historia Interminable, pp. 58-59)
Tranquila Tragaleguas es un tipo de tortuga completamente diferente. No parece ser tan omnisciente ni tan experimentada como Casiopea y Morla, pero tiene una certeza instintiva de que todo saldrá bien. Aunque todos los demás animales se lo desaconsejan, ella quiere llegar por sus propios medios hasta la boda del león y no se la puede disuadir de cambiar su decisión.





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