jueves, 17 de marzo de 2016

Osito Teddy conoce el existencialismo por Michael Ende

Texto: Luis Cermeño en Mil inviernos
Imagen: Aksam Gunesi



Desde la conmovedora historia de Brian Aldiss “Los superjuguetes duran todo el verano” no había leído un texto en donde un osito de peluche se interrogara tan arduamente por su propio ser y se cuestionara tanto sobre la artificialidad, como en el cuento infantil El osito de peluche y otros animales, de Michael Ende.

La pregunta no nace del oso por sí mismo, es un moscorrofio el que le pica la duda a Lavable (nombre de la etiqueta que lo bautizó), por supuesto, recriminándolo sobre su aparente inutilidad y su insignificante existencia. El osito Lavable está tirado, abandonado por su dueño, después de que éste creciera, se fuera, y el oso quedara como una parte del mobiliario, encima del mueble, perplejo, a veces inclinado, sobre el sofá. Al moscorrofio le irrita ver algo tan aparentemente inútil, y le hace preguntar al oso qué hace en este mundo, cuál es su sentido e importancia en este mundo.

Para encontrarlo, Lavable emprende un periplo alrededor del mundo, en que da con toda clase de animales, que lejos de darle una respuesta, lo alejan, y le hacen sentir diferente, poca cosa y residual. Por los valores que da cada especie de animal al valor de la existencia, se deduce son antropos, sino en forma sí en sustancia, y de allí que uno adivine en cada una de estas criaturas un oficio humano, o unas características propias de cada grupo humano que considera son mejores sobre otras. Allí tenemos al vanidoso artista, al obsesivo calculador positivista, a los odiosos filósofos y pensadores, a los hacendosos obreros. Y el osito Teddy sabe que no puede ser ninguno de ellos, además porque todos lo rechazan debido a que su ser peludo no se ajusta a los altos valores que estos consideran son los de la existencia.

Michael Ende, maestro de inocular filosofía a través de sencillos relatos, nos brinda una nueva versión del osito de peluche, con una aparente ingenuidad embarga el ánimo de la misma melancolía y confusión epistemológica que el cuento de Brian Aldiss, en fin, la pregunta es sobre la existencia de nosotros mismos y cómo un peluche artificial puede ser más auténtico que toda esa clase de animales que seguros de encontrar los valores en el mundo se pierden de encontrar algo más fundamental, y esto es el amor.

Porque el osito Lavable estaba hecho sencillamente para amar y ser amado. No les contaré más de la historia. Vayan a la sección infantil de la biblioteca pública, siéntense en el piso, y si encuentran un niño léanle el cuento, y verán que para eso este libro estaba hecho.


El rincón utópico o el porqué de la fantasía. Un homenaje a Michael Ende

Texto: Alberto Coronel en Juego de manos
Imagen: Mahir Ates



En 1940 un Michael Ende de doce años recorría eufórico las calles bombardeadas de Múnich atraído por la luz de las llamas como una polilla. Hijo de una psicóloga y de un pintor surrealista a quien los nazis prohibieron seguir pintando por degenerado, creció en un mundo en que las fronteras entre lo imaginario y lo real, lo subjetivo y lo objetivo se fueron difuminando primero en su infancia, luego aparecerán dibujadas en sus obras en línea discontinua. Con La historia interminable se metería en los estantes de literatura juvenil de media Europa —estantería más, estantería menos—. Este 12 de noviembre Ende cumpliría ochenta y seis años, y no hubiese querido presenciar las razones por las que hemos movido a Momo de la sección de literatura juvenil para ponerla en la de literatura imprescindible.

Poco se conoce el pasado de Michael Ende en el «Frente Libre Bavariano», una organización clandestina antinazi, de cómo hacía de mensajero entre ciudades bombardeadas. No cuesta imaginarse a un joven Ende con poco más de quince años recorriendo el mundo con algún mensaje urgente como haría después Atreyu, cuidándose ambos muy mucho de no ser absorbidos por la nada

Tras pasar una década en el teatro, la poesía y escribir todo lo que fuere que se vendiere, nuestro autor se irá volcando cada vez más en la literatura fantástica y el cuento infantil. Alemania durante los años sesenta estaba en el apogeo del realismo social, por lo que Ende fue criticado por producir literatura de evasión o escapismo. Esta crítica denuncia el mirar las estrellas en aquellas trincheras sociales en que habría que pasarse el día a tiros. Para colmo, el zángano invita a los demás a hacer lo mismo. En esas andaba y en esas andamos. El bueno de Ende hace una prosa que compite en cristalina con Stefan Zweig, y con ella enfrenta el espíritu de la producción de prisa. Momo apunta al corazón de lo que Weber identificó como el espíritu del capitalismo. Y es que uno no tarda en percibir que la literatura de Michael Ende tiene su némesis en aquella ética del ahorrador de tiempo, azote del zángano y acumulador de riquezas. La literatura de Ende es una apología luminosa de los jardines del mundo interior contra el «y yo qué gano» y la ansiedad del «quién soy yo al fin y al cabo»; en defensa del hablar con la calma y vivir con esa tranquilidad que llena el tiempo.

En una entrevista publicada en El País en 1984, Jean-Luis de Rambures, le pregunta a Michael Ende si el país fantástico que describe no está «lejos de nuestra realidad». Ende responde:
Mis libros no son westerns. No hay que matar a los malos al final para que todo vuelva a estar en orden. No ataco a individuos, sino a un sistema (llámele, si quiere, capitalista) que está a punto (nos daremos cuenta dentro de 10 o 15 años) de hacernos caer en el abismo.
Vayamos ahora a 1987. Margaret Thatcher le concede una entrevista a la revista Woman’s Own para marcarse el siguiente solo de ideología que hoy es célebre munición de think tank:
Hemos atravesado un periodo donde a demasiados niños y a demasiada gente se les ha hecho pensar de esta forma: «¡Tengo un problema, la labor del Estado es resolverlo!». O «¡Tengo un problema, conseguiré un subsidio para resolverlo!». O «¡No tengo vivienda, el Estado debe dármela!». Al hacer eso trasladan sus problemas a la sociedad, y ¿quién es la sociedad? No existe tal cosa. Lo que existe son hombres y mujeres individuales, existen las familias. No hay Estado que pueda hacer nada sino es a través de las personas, y las personas se preocupan primero de sí mismas.
Poco después —y esto es algo que se ha revelado hace poco a los periodistas independientes de Juego de Manos— Thatcher recibe la noticia de que Momo anda por Londres. La orden es clara: «Esperad a que esté sola antes de hablar con ella. Y no falléis. Quiero estar liberando cosas mañana por la mañana».

Era ya de noche cuando Beppo y Gigi se marcharon. No pasaría más de una hora cuando el agente número BLW_,553_,3 se bajó del coche con un cigarrillo entre los labios.
Surge en primer lugar la pregunta siguiente —prosiguió el hombre gris—: ¿De qué les sirve a tus amigos el que tú existas? ¿Les sirve para algo? No. ¿Les ayuda a hacer carrera, a ganar más dinero, a hacer algo en la vida? Decididamente no. ¿Los apoyas en sus esfuerzos por ahorrar tiempo? Al contrario. Los frenas, eres como un cepo en sus pies, arruinas su futuro. Puede que hasta ahora no te hayas dado cuenta de ello, Momo, pero lo cierto es que, por el mero hecho de existir, dañas a tus amigos. En realidad, y sin quererlo, eres su enemiga. ¿Y a eso le llamas tú quererlos?

Momo no sabía qué contestar. Nunca antes había visto las cosas de este modo. Durante un instante tuvo la duda de si no tendría razón el hombre gris[1].
Ende y Thatcher son, para pensar lo social, dos polos antagónicos: Momo es cuidada por sus vecinos y ella cuida de todos, Atreyu es el hijo de todos al que envidia el pobre Bastián que es el hijo de nadie. Está claro: al neoliberalismo del yo divinizado se le resiste el lazo social, el que nos nombremos y comuniquemos con el lenguaje del otro y que nos haga falta siempre un buen nosotros. La sociedad existe, y también la Nada. ¿Qué nos van a decir con la que ha caído en España? Apoyándose también en Ende, Amador Fernández-Savater escribe en «La política y la Nada: la España en crisis» que el vacío creado tras el desahucio simboliza la expansión de la Nada, luego —y todavía mejor— que los desahucios se paran socialmente antes de pararse físicamente, por eso el neoliberalismo tiene que romper el cordón de brazos que cierra el lazo social, las redes de solidaridad y la cooperación colectiva; tiene que seducir a las personas una a una para convertir la sociedad en una jauría de personas-empresa. Cualquiera puede triunfar en el capitalismo, pero no todos. El método es la economía —le gustaba decir a Thatcher—, el objetivo es cambiar el corazón y el alma. ¿Cómo se cambia el corazón y el alma? Recordemos la historia de Fusi el barbero, a quien siempre le había encantado charlar con sus clientes y siempre había estado orgulloso de su manera, insuperable a su juicio, de afeitar a contrapelo. Pero hay momentos —dice Ende— en que uno se olvida de todo eso. Le pasa a todo el mundo.
¿Qué se ha hecho de mí? Un insignificante barbero, eso es todo lo que he conseguido ser. Pero si pudiera vivir de verdad sería otra cosa distinta.

Claro que el señor Fusi no tenía la menor idea de cómo habría de ser eso de vivir de verdad. Sólo se imaginaba algo importante, algo muy lujoso, tal como veía en las revistas. Pero, pensaba con pesimismo, mi trabajo no me deja tiempo para ello. Porque para vivir de verdad hay que tener tiempo. Hay que ser libre. Pero yo seguiré toda mi vida preso del chasquido de las tijeras, el parloteo y la espuma de jabón.

En ese momento se acercó un coche lujoso, gris, que se detuvo exactamente delante de la barbería del señor Fusi[2].
Las cuentas salen, pero no cuadran. Cuando el agente número XYQ_,384_,2 abandonó la barbería delseñor Fusi, éste había sido brutalmente convencido de que si seguía haciendo las cosas que venía haciendo diariamente habría gastado ya todo el tiempo que le quedaba de vida. Horrorizado, el pobre Fusi entiende que las horas que dedica a ver a su madre, a charlar con sus clientes o a comer con calma le hacían perder un tiempo muy valioso.
Nadie se daba cuenta de que, al ahorrar tiempo, en realidad ahorraba otra cosa. Nadie quería darse cuenta de que su vida se volvía cada vez más pobre, más monótona y más fría.

Los que lo sentían con claridad eran los niños, pues para ellos nadie tenía tiempo.

Pero el tiempo es vida, y la vida reside en el corazón.

Y cuanto más ahorraba de esto la gente, menos tenía[3].
Los hombres grises, leales servidores del Banco de Tiempo le guardarán todo el tiempo que ahorre. Pero… ¿quiénes son los hombres grises? Momo lo sabe: quienes se fuman el tiempo de trabajo humano, que no es el tiempo que tienen, sino el tiempo que son.

Dicho esto podría sorprender que Momo fuese prohibido en la República Federal Alemana hasta que la Unión Soviética lo publicó, eso sí, con la censura de uno de los cuentos que relata Gigi de Marxenius Communus —Marjencio Communo en algunas ediciones—, un cruel tirano que quiso cambiar el mundo haciendo uno nuevo. Moviendo piedra a piedra, árbol a árbol, lo cambió todo utilizando los únicos materiales de los que disponía, y así no dejó sino otro idéntico (en el que están ustedes ahora mismo).
Desde Newton —le dice Ende a Rambures— nos hallamos cruelmente divididos en dos mundos: el de los objetos, llamado real, y el supuestamente ilusorio del yo. Para no seguir siendo un extraño, el hombre debe aprender de nuevo, como Goethe, a llamar de tú a la Luna.
Y esta es la lucha que libra Ende con su literatura para nutrir el mundo interior y llenar de estrellas nuestra intimidad. Nos invita a buscar la realidad desde la fantasía y mantener los mundos de fuera y dentro en equilibrio sin dejarnos llevar por unos ritmos de vida, de trabajo y de socialización que matan la imaginación. Utópico, sí, pero de otra manera, porque para Ende no hay patria humana posible fuera del lenguaje. La utopía se vive, no se hace. Primero se escribe: ¡alguien tiene que pronunciarla! ¿No lleva cada civilización un libro gordo bajo el brazo? En ese caso la fantasía o utopía no es un programa a realizar sino un espacio habitable que sólo existe cuando lo frecuentamos y se hace más grande cuanto más se visite; un espacio que llena patios maravillosos, cafeterías con terraza y colegios con calefacción, facultades con alumnos y hospitales sin aduanas; ese templo de lo común en el que siglo sí, siglo también toca expulsar a los mercaderes. Ese reino siempre asediado por la prisa donde reside el bendito derecho a un ratito más.


 
[1] ENDE, M. (1988), Momo, Madrid, Alfaguara, pp. 93-94. La novela completa puede verse en el siguiente enlace: http://latejapride.com/IMG/pdf/momo.pdf.

[2] Op. cit. pp. 61-62.

[3] Op. cit. p. 74.


Laberintos de desesperanza

Texto: José de Segovia en Entrelíneas
Imagen: Tamás



El movimiento pacifista y ecologista alemán, de tanta relevancia en nuestros días, tomó como símbolo de su sueño de rebeldía dos novelas fantásticas de un autor germano, casi desconocido, excepto por el público infantil: Michael Ende. Sus libros Momo y La historia interminable se han convertido en dos de las obras de ficción de más popularidad en todo el mundo. 

La literatura alemana no había conocido tal éxito de ventas desde el legendario Tambor de hojalata de Günter Grass, en 1959. Ahora, Michael Ende ha vuelto a la ciudad alemana de Münich, de donde ha estado alejado desde 1971, cuando se marchó con su mujer, Ingeborg, a una finca italiana cerca de Roma.

Allí, el famoso hijo del pintor surrealista Edgar Ende había pasado sus últimos quince años escribiendo, hasta la desgraciada muerte de su esposa, el año pasado. Ende se dio a conocer al público infantil con cuentos como Jim Botón o El tragasueños, pero hace ya demasiado tiempo que ha dejado de ser aquel desconocido autor de oscuras ediciones para pequeños lectores. Una película e infinidad de ediciones y traducciones le han hecho un artista de extraordinario testimonio social, de una joven Alemania que cree que ′el sueño no se ha acabado′. 

Su último libro, El espejo en el espejo, es una colección de relatos, entrelazados entre sí, a modo de cuadros íntimos e interiores. En palabras de su autor, ′auténticas escenas infernales′, que no pretenden ser nada más que ′historias de la tragedia humana′. Cada una de ellas nos introduce en un mundo cerrado, como su subtítulo indica, laberintos, pero éstos sin salida. 

′Desde luego, este no es un libro para niños, aunque sólo fuera porque hay ciertas facetas oscuras en la vida que no deben mostrarse a los niños′, dice Ende. Y es que realmente son pesadillas, en las que la muerte y el horror son el principal protagonista. La tragedia de gente desamparada, en una estación de la que nadie puede salir jamás; un buscador de ángeles, que al regresar a casa la encuentra cubierta de repugnantes ratas; un novio impaciente, que busca toda su vida el camino hasta la casa de su amada, para encontrarse ya viejo y maltrecho con la decepción…

′Mi existencia es incomprensible y ridícula -escribe Ende-. Pero nunca estuvo a mi alcance elegir otra […] Estamos ciegos, cegados por el futuro. No vemos nunca lo que está ante nosotros, hasta que nos rompemos la nariz contra él. Vemos sólo lo que hemos visto ya. Es decir, nada.′ 


Más allá del espejo

Oscar Wilde escribió que ′soñador es todo aquel que busca un camino a la luz de la luna; y, en castigo, ve la aurora antes que todos los demás hombres′. El papel del artista es ése. El del visionario que contempla la realidad, y la expresa, de un modo que muy pocos pueden hacerlo. 

Ende ha contemplado ′el espejo en el espejo′, y su mensaje es de desesperanza; como Peter Shaffer en Equus, puede decir: ′he visto al enemigo, y ése somos nosotros′. Ha contemplado la vanidad de la vida bajo el sol, y se encuentra en un laberinto de horror y muerte. Pero ¿qué hay más allá del espejo? 

Me pregunto si habrá oído la voz del profeta, que grita: ′Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia′. Ha visto desde el collado que ′el pueblo que anda en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos′, dice Isaías, tras su visión de Dios. 

Esa luz verdadera ′venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho, pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron′. Por eso estamos como en un laberinto, que nos parece sin salida, en terror y en desesperación. 

Pero Juan continúa escribiendo en su Evangelio que a todos los que le reciben, ′a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios′. Esa es la Palabra, que obra también como un espejo, y el desoírla nos hace ′semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era′, dice Santiago. 

′Sin adorar, te pudres; es tan brutal como eso′, escribía el dramaturgo, compatriota de Ende, Shaffer, en su obra Equus. Ahora todo depende de a quién entregues tu adoración; puede ser al Señor de la Luz o al de la Oscuridad. No cerremos los ojos al espejo de la Palabra. Mira, que el oírla puede producir la fe, y ésta la Vida, y con ella la salida a este laberinto. 

martes, 2 de febrero de 2016

Momo de Michael Ende

Texto: Alejandro Gamero en La piedra de Sísifo



Momo, como ocurre con otros libros como El principito o Platero y yo ─y por supuesto La historia interminable─, ha sido generalmente clasificado de forma errónea como libro para niños. No es que estos libros no puedan leerlos niños, naturalmente, pero un adulto puede descubrir matices que permanecen ocultos o que son meramente intuidos por un lector que se acaba de iniciar en tan placentero hábito. En el caso de Platero y yo el goce es sobre todo formal, diríase sibarítico; en cambio, Momo o de El principito, a los que se puede acceder a través de traducciones, tienen la enjundia en el contenido, nada envidiable al de los libros reconocidos y establecidos para un público adulto. Y yo, que en esto de la literatura infantil y juvenil opino lo mismo que C. S. Lewis, considero que a niños y a jóvenes ─bien preparados, porque son otros los tiempos de Lewis─ no se les puede dar gato por liebre con una literatura prefabricada con el único objeto de vender. Al fin y al cabo, los temas que aparecen en ambos libros, el tiempo y la amistad, son constantes que han preocupado a hombres de todas las edades, aunque cierto es que observados bajo el prisma peculiar de la infancia.

Una de las características, quizá la única y principal, que Lewis ─y perdonen mi insistencia─ entresaca de la literatura juvenil es la presencia del niño o del adolescente como protagonista de la historia. Se podría decir que este rasgo es común a la mala y a la buena literatura para jóvenes, aunque intuyo que por diferentes motivos: en la primera se busca una mera identificación entre el personaje y el lector; en la segunda es mucho más complejo, porque este hecho determina la cosmovisión de la obra. Por ejemplo, en el caso de Momo, que la protagonista tenga entre ocho y doce años ─con esa acertada ambigüedad temporal tan apropiada para el tema─ no es anecdótico, sino que condiciona de forma decisiva el tratamiento que se ofrece del tiempo, que no podría haber sido el mismo en caso contrario.

El personaje de Momo aparece rodeado de misterio y de incertidumbres. Lo único que se conoce de su pasado es que pasó un tiempo en un hospicio, donde, según cuenta «Había azotes cada día, y muy injustos. Entonces, de noche, escalé la pared y me fui». Aunque no se ofrece más información sobre el personaje, se sabe inmediatamente que ha tenido un pasado difícil, un pasado que sin embargo no ha conseguido moldear una personalidad apabullante. Gracias a su afabilidad, su empatía y su capacidad para escuchar y aconsejar Momo consigue ganarse rápidamente el afecto incondicional de los habitantes de la ciudad, y en especial de dos de ellos, Beppo Barrendero y Gigi Cicerone. Estos dos personajes, cuyos nombres remiten a la costumbre de Plauto de bautizar a los personajes con sobrenombres relacionados con alguna de sus cualidades, se prefiguran rápidamente como arquetipos y ayudan a descubrir el relato alegórico que se oculta tras la historia. Beppo simboliza la vez, la calma, la introversión, el realismo, el saber escuchar; Gigi, en cambio, la juventud, la impetuosidad, la extroversión, la imaginación, la verbosidad sin límites. Ambos acompañarán de forma inseparable a Momo en su aventura, aportando puntos de vista opuestos en cada situación y concepciones distintas del tiempo. Si bien Gigi en un primer momento se muestra como el más valiente y decidido, finalmente se revela como fácilmente manipulable y es Beppo el que se mantiene firme a sus creencias hasta el final.

El conflicto comienza cuando el señor Fusi, el barbero, se comienza a plantear su existencia en términos demasiado trágicos para tratarse simplemente de un libro para niños: «¡Toda mi vida es un error! […] ¿Qué se ha hecho de mí? Un insignificante barbero, eso es todo lo que he conseguido ser. Pero si pudiera vivir de verdad sería otra cosa distinta […] Pero mi trabajo no me deja tiempo para ello. Porque para vivir de verdad hay que tener tiempo. Hay que ser libre. Pero yo seguiré toda mi vida preso del chasquido de las tijeras, el parloteo y la espuma de jabón». A partir de ese momento entran en escena los hombres grisesque se alimentan del tiempo como los vampiros de la sangre, con su falacia de malgastarlo y de ahorrarlo. Tal vez parezca una niñería por la forma simbólica de la historia, pero el pensamiento de que el tiempo vivido es tiempo perdido y en muchos casos malgastado o de que dormir, comer o trabajar supone una pérdida de tiempo es demasiado habitual entre los adultos. La pregunta sobre qué es ahorrar tiempo y qué es malgastarlo es constante a lo largo de todo el libro. Todos los personajes, excepto Momo y Beppo, acaban obsesionándose con ahorrar el tiempo, entregando sus vidas por completo a esta obsesión, de forma que paradójicamente, y por la intervención de los hombres grises, cuanto más tiempo ahorran menos poseen: «Pero el tiempo es vida, y la vida reside en el corazón. Y cuanto más ahorraba de esto la gente, menos tenía».

El relato se descubre completamente simbólico cuando interviene la tortuga Casiopea─curioso animal con la capacidad de predecir el futuro─, que guía a Momo en un viaje iniciático al lugar de donde viene el tiempo, en donde conoce al Maestro Hora, el encargado de guardar y repartir el tiempo de los hombres. Ende utiliza dos elementos reiterativos a lo largo del arte para simbolizar el tiempo individual de cada persona: la flor que nace y muere bajo el péndulo. No voy a detenerme en las relaciones constantes que se han hecho entre la rosa y la fugacidad de la vida en la historia de la literatura, pero tampoco quiero dejar de señalar el uso simbólico que se hace de la flor en La historia interminable con el loto de la Emperatriz Infantil y en El principito con su rosa. Momo tiene el privilegio de contemplar el tiempo de su propia existencia, una experiencia que cambiará para siempre su vida y hará que sea consciente ─más aún─ de la importancia del tiempo.

Y precisamente esta conciencia basada en la importancia del tiempo es lo que Momo defiende: «Quien iba al trabajo tenía tiempo para admirar las flores de un balcón o dar de comer a los pájaros. Y los médicos tenían tiempo para dedicarse extensamente a sus enfermos. Los trabajadores tenían tiempo para trabajar con tranquilidad y amor por su trabajo, porque ya no importaba hacer el mayor número de cosas en el menor tiempo posible. Todos podían dedicar a cualquier cosa el tiempo que necesitaban o querían, porque volvía a haberlo en cantidad». El concepto temporal que se ensalza en Momo es el de un tiempo que ha de ser vivido como cada uno considere adecuado, sin arrepentimientos ni retractaciones, un tiempo para las pequeñas cosas, para dormir, para viajar, para trabajar, para disfrutar ─y sufrir, aunque no se diga─, para estar con los seres queridos y para estar a solas con uno mismo, porque lo que cuenta en definitiva es ser conscientes de cada instante y del conjunto de instantes que es la vida, que no está sino para ser vivida sin agobios ni presiones.


viernes, 15 de enero de 2016

La Historia Interminable, ¿sueño o realidad?. Yo prefiero creer en mis sueños

Texto: Itziar Azkona en El blog alternativo
Imagen: Spyrre


“Una vez que alguien ha soñado un sueño,
ese sueño ya existe y no puede escapar a su propia existencia.
Pero si el que lo sueña no puede recordarlo,
¿qué pasa con él, a donde va?
El sueño se va a vivir al país de Fantasía,
a un lugar muy profundo dentro de la Tierra.
Hay sueños olvidados,
todos almacenados en distintas capas.
Cuánto más profundo logres cavar,
más cerca estarás de él.
El país de Fantasía
se levanta sobre los sueños olvidados”
—Michael Ende-, “The Neverending Story”


En ocasiones me encuentro con dichos, textos o vídeos de hace tiempo que me sorprenden por su actualidad. Y siempre me pregunto lo mismo, si serán premoniciones de seres con su máquina del tiempo puesta a punto… hasta que caigo en la cuenta de que no, más bien es que el ser humano hemos avanzado bien lento en nuestra evolución de consciencia comparado con nuestro desarrollo tecnológico.

Mi sorpresa más reciente es la película de la Historia Interminable. Un cuento como todos, hecho para entretener a los niños y despertar a los adultos.

La historia nos cuenta como, Bastian, a través de la lectura de un libro, acompaña al protagonista, Atreyu, a vivir la realización de su propio sueño. Vive muchas aventuras en Fantasía, el país donde La Nada avanza destruyéndolo todo.

En esta película La Nada se está apoderando del planeta. Cada día La Nada crece más y se hace más fuerte. La Nada es la Oscuridad alimentada de los seres humanos que han abandonado sus esperanzas, que ya no creen en sus sueños. Es ese sentimiento de impotencia y ciega desesperación que se apodera de nosotros cuando olvidamos nuestro propósito auténtico de vida. Cuánto más nos alejamos de nuestros sueños, más crece La Nada. 

Se me ocurría sustituir las palabras “La Nada” por La Crisis y “País de Fantasía” por Otro Mundo es Posible. Esta Nada está destruyendo nuestro mundo y se está apoderando de la tierra de Fantasía.

¿Cuento o realidad? Ya que se intuye un poder establecido interesado en que perdamos la fe, la esperanza y la confianza en que podemos cambiar nuestra realidad. Parece que estén abonando el terreno con veneno, para dejarlo estéril y yermo. ¿Para qué? Puede que para que nos rindamos a su evidencia, para que bajemos los brazos, para que perdamos nuestra protección contra ellos y terminemos comprando las soluciones que nos quieran vender, porque para entonces ya habrán logrado implantar en el inconsciente colectivo que SU solución es LA mejor y que NO hay OTRA salida.

La película empieza con un discurso paternalista del padre a Bastían que bien podría ser el discurso de cualquier político, el discurso racionalista de este paradigma en decadencia:

“Tu sabras lo que te gusta o no, hijo
pero procura tener siempre los pies en el suelo
deja de soñar despierto y empieza a ver las cosas como son de verdad”

Pero… ¿cómo son las cosas de verdad? ¿qué es la verdad? ¿la tuya o la mía?. ¿Lo que es o lo que puede llegar a ser? ¿Que pasaría si la Tierra estuviera en lo más profundo del Universo y no arriba del todo como nuestra prepotencia humana nos hace creer?. Una vez creímos que éramos el centro del Universo y esa creencia colectiva se esfumó porque era falsa!!

¿Qué pasaría si estuviéramos debajo de una o varias capas dentro del Universo y fuéramos la base de Fantasía?¿Que pasaría si fuéramos un sueño soñado no recordado? ¿Que pasaría si fuéramos parte de un Gran Sueño Supremo que se estuviera soñando a sí mismo y del que ahora estaríamos despertando a través de nuestro día a día de tercera dimensión?

Puede que al despertar estuviéramos empezando a volver de un largo sueño y por eso todo lo que nos rodea nos espanta en un primer momento, como quien despierta y vuelve bruscamente de su sueño dorado.

Puede que las sincronicidades que estamos empezando a experimentar y la más que evidente aceleración del tiempo, hayan existido siempre. Puede que hayan estado super-impuestos en capas superiores a nuestro, hasta ahora, encumbrado modelo de sociedad mecanicista-racional. Puede que siempre haya existido pero han estado cubiertos de tiempo artificial, un tiempo que ha alimentado falsas nociones de realidad.
“La vida es sueño
y los sueños, sueños son”.
Calderón de la Barca

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jueves, 14 de enero de 2016

El ponche de los deseos de Michael Ende




El ponche de los deseos era, es y siempre será uno de mis libros favoritos, de esos que puedo releer mil veces sin aburrirme. Ya que estamos cerca de las vacaciones de Navidad, quiero recomendar su lectura. 

Los acontecimientos transcurren durante la tarde y noche de San Silvestre, la última noche del año. Belcebú Sarcasmo es un mago, pero no un mago de cuento de hadas, no uno de esos amables y generosos que quieren el bien para todo el mundo y profesan amor incondicional a todos los seres vivos de la Tierra ... ¡Tonterías! Belcebú es malo, egoísta y con muy mal humor, desagradable oportunista que se encuentra al servicio de un líder peor que él.

Y es un emisario de este último (Belcebú), en la víspera de fin de año, quien visita a nuestro mago. Él quiere saber por qué las malas acciones previstas en el contrato infernal no se han cumplido, y antes de la medianoche, si no se respeta el acuerdo, se llevará el alma de Belcebú Sarcasmo quien terminará en el infierno. Terrible, ¿no es así? 

... Lástima que Belcebú tiene una carta de triunfo: con la ayuda de su tía, la bruja Tiranía Vampir, podría construir en víspera de año nuevo, un mundo lleno de horrores y maldades que se recordarán para siempre y así cumplir su pacto con el diablo. Pero, ¿cómo? A través de la preparación del genialcoholorosatanarquiarqueologicavernoso ponche de los deseos, una poción muy difícil de conseguir que le permitirá lograr lo contrario de cualquier deseo expresado. Es decir, si quiero tener una piel hermosa y perfecta debo decir algo como: "Quiero ser horrible y llena de espinillas. "¿Te parece gracioso? No lo sería mucho si pensamos que Belcebú y Tiranía lograrían con esto terminar con nuestro planeta para siempre. 

Deben intervenir entonces unos personajes que no son héroes propiamente hablando: Maurizio un gato gordo y siempre somnoliento, que se jacta de ser un gran trovador y está convencido de que su amo Belcebú es el hombre más honesto y amable de esta tierra, y Jacobo el viejo cuervo al servicio de Tiranía Vampir, siempre que sus viejos huesos le permitan volar. Parece que estamos perdidos, ¿eh? 

Tal vez estás equivocado. Especialmente cuando se descubre que nuestros amigos son parte del Gran Consejo de los animales y tienen mucho más valor de lo que imaginas. 

¡Ya está! Todo listo para una noche de magia y sorpresas, incluyendo criaturas curiosas y extrañas, una casa encantada y giros inesperados. Pero, por encima de todo, ¿serás lo suficientemente audaz para probar el genialcoholorosatanarquiarqueologicavernoso ponche de los deseos? 


El ponche de los deseos es una historia dulce, divertida y encantadora con todos los ingredientes que atraen a los niños, que los hacen reír y emocionarse. Los protagonistas de la novela son tan torpes y desarrapados que divierten a pesar de ser toscos y logran despertar ternura por su ingenio; sin embargo, no pueden ser amados incondicionalmente, porque representan a los antihéroes de la vida cotidiana, personajes imperfectos como nosotros que hacen todo lo posible para lograr su objetivo, demostrando el valor y la determinación que ellos mismos ignoraban tener.

El ambiente, presenta tintes surrealistas, misteriosos y mágicos. Con el frío y los días festivos tan cercanos, una oscura villa abarrotada de criaturas extraordinarias se convierte en una gran historia imaginativa y encantadora, ideal para leer en las tardes de invierno o bajo las sábanas, antes de ir a dormir. 

Los temas de ecología y cuidado del medio ambiente, que Ende introduce dentro de la ponchera de los deseos, son positivos y fácilmente transmitidos a los jóvenes lectores para su asimilación y reflexión, de modo que son capaces de entender por sí mismos lo que está bien y lo que está mal, lo que es bueno para el planeta y lo que lo daña. 

Durante la infancia, los niños se sienten muy atraídos hacia la naturaleza y los animales, y los que plasma Ende mediante un lenguaje sencillo, se vuelven muy cercanos a sus lectores al compartir sus sueños, esperanzas y deseos. Toda la novela gira en torno a este tema, el deseo, encarnado por las intenciones que se expresan con la llegada del nuevo año. 

Hay muchas enseñanzas actuales en este libro, como la preservación de nuestro entorno y el cuidado de otros seres vivos, comprometerse para hacer de este mundo un lugar mejor. También el siempre creer en nosotros mismos y luchar por lo que soñamos, sin nunca darnos por vencidos, incluso cuando el objetivo parece imposible de alcanzar, como ocurrió con Maurizio, a quien le gustaría ser realmente un cantante de voz melodiosa y que finalmente tiene éxito, a pesar de todo, al realizarse un milagro. 

Aun los malos, a fin de cuentas son tan exagerados que se vuelven divertidos, entretenidos y casi dignos de compasión. 

¿Puede un libro de un ciento de páginas contener todo esto? Sí, por supuesto que puede, si quien lo escribió fue Michael Ende.


miércoles, 6 de enero de 2016

The neverending story, 30 años de aventuras en Fantasia

Texto: Ivonne Lara en Hipertextual
Imagen: Christian



The Neverending Story cumple 30 años de su estreno en el cine. Basada en la novela de Michael Ende, esta cinta dejó su influencia al cine de fantasía.

'Die unendliche Geschichte' es el título original de esta historia que no termina, de esa novela prodigiosa de Michael Ende. Así mismo, el título de la película basada en esta obra que fuera publicada en 1979. La cinta, dirigida por Wolfgang Petersen, se estrenó en España un día como hoy pero de 1984.

Acorde a esas fechas, en realidad, hay mucho que recordar y festejar. 35 años de la publicación de La Historia Interminable, así como 30 años de la película, que, entre otras cosas, tuvo un gran éxito en su estreno, aunque fue del descontento del autor que pidió, incluso, retirar su nombre de la cinta. Aun con esto, la película figura como una referencia en cuanto a películas de fantasía debido a sus efectos especiales y porque tuvo un presupuesto histórico para ese tiempo para una producción alemana: 27 millones de dólares.

Leer la novela de La Historia Interminable es toda una aventura en sí misma. Cada capítulo inicia con una letra del abecedario y, según sea la edición, la capitular estará decorada con el contenido del mismo capítulo. Los diálogo están divididos por colores (para distinguir la "verdad" de la fantasía) y, como una puesta en abismo, el libro se describe así mismo. La película abarca los hechos ocurridos en la primera parte del libro. Recordemos que no sólo existe una secuela de La Historia Interminable, incluso hay una tercera entrega. No sin extensas discusiones de si son realmente una trilogía, ya que la tercera parte no se basa en la novela, gran parte de los personajes son nuevos, cambió el director y los escenarios.

Me atrevería a decir que sólo la primera cinta merece atención, por lo que significó en su momento y también por sus veces de antesala de la novela escrita, que, a decir verdad, es una obra trascendental por su inteligencia, sus personajes únicos, su contenido fantasioso y por ser eje de muchas otras historias, pilar de muchísimos relatos futuros.

Como decía, Wolfgang Petersen fue el director de esta película y se alió con uno de los maestros en los efectos especiales: Colin Arthur. Este genial pionero en FX llevó a la pantalla grande el imaginario de Fantasía, la tierra que peligra y que solo Bastián Baltasar Bux puede salvar. Los entonces niños vimos en la película los fantásticos personajes como La Vetusta Morla, Fujur, el Comepiedras, y he decir que (y con esto tal vez caer en el lugar común) no hay nada que se compare con lo que se puede leer en la novela de Michael Ende.

Desconozco con detalle las razones de Ende de querer retirar su nombre de la película (incluso estuvo en un juicio por el contrato que firmó) pero sí sé que para los fines cinematográficos se "sacrificaron" muchos elementos esenciales. Sólo por mencionar uno que me parece el másescandaloso es Fujur. Muchas veces he escuchado con terror cuando alguien se refiere a la película y a Fujur como: "¡Ah, sí la del perro volador!" Un total desatino, Fujur es un dragón, el más bello de todos, el único en su clase, de escamas nacaradas. ¿Un perro? Qué alguien elimine el nombre de Ende al final de la cinta que fue dónde quedó.

¿Entonces por qué celebrar? No, hay que ser justos o al menos intentarlo. Lo que hizo Petersen con su cinta fue llevar lo imposible a la pantalla. Creó una cinta entrañable, muy importante en su momento y con una gran selección de cast. Los efectos especiales de la película no son más que una referencia obligada en la historia de este arte, que aun a pesar de los avances tecnológicos y todos los VFX o efectos visuales impresionantes del mundo, no dejan de ser esenciales para el cine. Colin Arthur es un maestro de los FX, su trabajo un arsenal de efectos que nos han impactado. Colin comenzó su trabajo nada menos que en 2001: A Space Odyssey y ha participado en "Teh Rift", "Abre los Ojos", "Hable con Ella", "Wax", entre muchas otras. Como él dice, ayuda a los directores a mentir, "soy un mentiroso, un ilusionista, un mago".

Repasemos una vez más, Fantasía está desapareciendo, la Emperatriz está muy enferma y sólo un héroe podrá rescatarla. La maestría de Ende para narrar los eventos que ha cautivado a tantos es como pocas. A mí me tiene prendida de los personajes e historias desde la primera vez que la leí y si sólo has visto la película o eres de los que se maravillaron con las aventuras de Atreyu y Bastián en el cine, disfrutarás a raudales la novela que antes que ser sólo "fantástica con héroes infantiles" encontrarás un universo casi infinito, obscuro y luminoso, fantástico hasta la médula, emotivo. Cada capítulo, cada letra del abecedario, es un preámbulo a un imaginario épico, increíble.

Así se presentaba la cinta y vemos los propios apuros del pequeño Bastián, a las Esfinges, a Axtrax. Personajes que hicieron un éxito en taquillas a la película y, por esto mismo, la incursión a una secuela con resultados más bien, y para mi gusto, pobres.

Es memorable la canción de Neverending Story interpretada por Limahl, como lo es el paquete ochentero del video clip del tema principal. ¡Ah, los 80's!

"Haz lo que quieras"
Versa el Áuryn al reverso y Bastián debe aprender lo que significa la responsabilidad de hacerlo. Las lecturas que tiene La Historia Interminable son muchas, todas ellas profundas, filosóficas. Michael Ende es un autor complejo, siempre he creído que a veces el ser un autor de literatura juvenil (como le llaman) pareciera quitarle un tanto de seriedad a su obra y es un error creerlo. Al menos con Ende se está en un profundo error si se piensa que sus personajes e historias son simples.

Así pues, podemos celebrar los aniversarios tanto de la novela como de la película que nos da el pretexto de hablar de La Historia Interminable. Ambas, sin duda, referencia en sus respectivos campos, y también para muchos fans de las obras o de cualquiera de las dos... ojalá de las dos. He leído rumores sobre un posible remake de la película, ¿será mejor que la anterior?, ¿recurrirán a efectos visuales en lugar de los efectos especiales? "Pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión".

¿Qué es la literatura infantil? Un poco de leña al fuego

Texto: Joel Franz Rosell en Proyecto Cultural Sur


La llama
¿Será la literatura infantil un género literario como lo son la poesía, la novela, el cuento o el ensayo? ¿Acaso libros tan diversos como Struwelpeter, de Hoffmann-Donner; Cuentos de Mamá Oca, de Perrault; La Edad de Oro, de José Martí; Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain; el poemario En aquellos tiempos, de Rabindranath Tagore, o los libros sin texto de Mitsumasa Anno permiten sintetizar un modelo estructural que sirva como “criterio de clasificación y agrupación de textos (atendiendo a las semejanzas de construcción, temática y modalidad de discurso literario) y como marco de referencia y expectativas para escritores y público”? ¿Habrá en libros tan o más variados aún que los citados, pertenecientes a tradiciones nacionales y épocas de las más diversas, algo específico y único, insustituible e intrínseco, sin lo cual, por otra parte, la literatura universal quedaría incompleta y no sería la misma?

Lo cierto es que suele aplicarse muy a la ligera el impreciso concepto de literatura infantil. Para empezar, lo más frecuente es que se cometa la grosera amalgama de homologar la generalidad que constituyen los libros infantiles (literarios, de aprendizaje, lúdicos, de divulgación…) con la literatura infantil, que es sólo una parte de ellos; quizás numéricamente menor, pero definitoria y más prestigiosa.

Aun dentro de la literatura infantil propiamente dicha, la de ficción, ¿hemos de limitarnos a la mayoritaria narrativa? Difícil sería desconocer paradigmáticas obras de teatro como la primera versión de Peter Pan o Jojo el saltimbanqui, de Michael Ende; documentales de la singularidad de El viaje de Nils Holgersson a través de Suecia o El mundo de Sofía; tebeos excepcionales como Little Nemo y algunas de Las aventuras de Tintín; libros ilustrados como los de Harlin Quist o Maurice Sendak, y poemarios como los ofrecidos por Kornei Chukovski o María Elena Walsh (para darnos las antípodas); sin mencionar cartas, diarios, memorias y otras formas menos frecuentadas. En todo esto hay tanta semejanza como entre los calcetines, los bistecs y los detergentes que ocupan estanterías vecinas en un supermercado.

Si yo utilizara términos rigurosamente científicos, me limitaría a definir la literatura infantil con una categoría ahora tan en boga como campo o con un término interesante, pero descartado por coincidir con una noción editorial, como es el de serie literaria.

Toda obra maestra de literatura infantil es el resultado de un descubrimiento, de una invención, de una revelación, de un compromiso del espíritu del autor –inevitablemente un adulto– con las esencias y posibilidades de lo humano que se revelan a través de los niños.

La literatura infantil ha debido luchar a lo largo de su historia, de poco más de tres siglos, contra la instrumentalización, contra su utilización como medio de educación, de armonización social, de trasmisión de una concepción del mundo.

La batalla es más encarnizada puesto que la literatura infantil también se revela como parábola de la complejidad del hombre, que no se forma sin deformarse, que evoluciona continuamente y desbarata todo intento de modelización o simplificación de lo humano.

La llamada literatura infantil, como género literario postaristotélico, carecería de forma fija, asemejándose a un plasma que se adaptara a las motivaciones emocionales y estéticas del autor, a las características de la historia que se desea contar y a una determinada –y probablemente subjetiva– noción de infancia. Asuma la forma del verso o la del diálogo, de la narración con palabras o con dibujos, lo que el autor de niños se saca del alma o de las tripas se parecerá a la mayoría de los “productos editoriales” (¡cuánto libro-kleenex se publica, recórcholis, y a sabiendas!) tanto como la auténtica poesía se parece a una rima de ocasión, o una novela a la narrativa rosa destinada a la alienación de amas de casa que, consecuentemente, se pone a la venta en los hipermercados.

El papel del niño en la literatura infantil no es el de simple destinatario. Ellos (denominémoslos en toda su pluralidad) son el trozo de cristal polifacético, fotosensible y fecundo a través del cual el creador enfoca cuanto le rodea, le rellena… o le falta.

Los niños son la arcilla orgánica y el molde conque y donde las palabras se amasan y crepitan para contar la (su) historia, y le regalan al autor ese tiempo enrarecido que abriga y propicia el estado de trance que es el de la creación (por eso se parece tanto al que viven los niños cuando juegan en pretérito imperfecto: “Yo era el bueno y hacía así…”)


La leña
Pero si la literatura infantil es, como la poesía, un método de interpretación de la realidad y el sueño, en idéntica medida resulta una forma incomparable de acción por vía de la palabra.

Cada día nos asestan nuevos estudios acerca de la representación (de la familia, de la mujer, de los oficios, de las diferencias culturales o de la tercera edad) en los libros para chicos. Son estudios que se realizan sin la menor consideración por las motivaciones estricta e íntimamente personales de los autores, por sus ambiciones estéticas, por su sistema simbólico o por la coherencia interna del universo creado –con palabras que no son intercambiables y con tropos irreprimibles y a veces irrepetibles– por un autor dado, en una circunstancia dada y con unos objetivos no siempre tan dados.

Nadie osa someter a semejante clase de análisis a la literatura para adultos, pero pocos titubean en cometerlos a expensas de la literatura infantil; como si ésta última estuviera abocada al realismo, a la reproducción fiel o programáticamente ideológica de la realidad.

Son demasiados los que parecen incapaces de comprender que si en un libro para niños aparece una familia encabezada por una mujer (pongamos Las brujas o La isla del tesoro), no hay en ello más que una motivación autobiográfica de Road Dahl, o el deseo de Stevenson de complacer al niño particular para el que construía un relato que aún no era literatura (escritura polisémica destinada a hacerse pública). No se les ocurre que los libros del ejemplo puedan ser un testimonio impremeditado de una época en que la mortalidad masculina (por culpa de guerras y oficios peligrosos) era elevada; sólo verán la defensa de un modelo familiar que estiman revolucionario, haciendo una inescrupulosa traspolación de sus propias afiliaciones (y luego hablan de lo “políticamente correcto” como una exótica extravagancia norteamericana). 

Es lamentable que en tanta comunicación, congreso o tesis doctoral sólo excepcionalmente se hable del autor, de la particular relación entre el sujeto y su obra, de la imbricación dialéctica entre el creador y los cánones de su época (a los cuales todo escritor se somete o desafía). ¡Qué raramente se tiene en cuenta que la literatura infantil es ante todo creación estética y que las motivaciones del escritor puedan ser otras que didácticas, ejemplarizantes o ilustrativas de la realidad!

Lo infantil es el elemento que modifica, como todo buen adjetivo calificativo, un sector de la literatura (lo substantivo, lo esencial), caracterizándola y haciéndola apta a la lectura de niños y/o adolescentes. Pero lo infantil proporciona a la obra una melodía y un timbre sui géneris, capaces de sonar de una manera especial, y no hay escritor que no viva atento a la música de las palabras y a la creación de un estilo.

Los rasgos que hacen específica a la literatura infantil para el consumo de un lector (determinado por su edad intelectual o afectiva), configuran este género único (por su abordaje y expresión de temas, tramas, ideas, acciones, personajes, ambientes, atmósfera) desde la perspectiva singular que tiene el niño del mundo real e imaginario.

Es en este último sentido que los libros para niños aportan a la literatura universal algo que de otro modo le faltaría, algo que explica por qué muchos adultos pueden apaciguar, alimentar, reconstruir o solazar su espíritu en una obra para chicos. Y ese algo es lo que, precisamente, confirma la fatal necesidad de existencia de la literatura infantil.

Son rasgos del niño la experiencia escasa, la maleabilidad de conceptos, la permeabilidad de límites entre realidad y fantasía, y entre presente, pasado y futuro, la ignorancia de las reglas de la gramática, la etimología o la redacción, y la falta de prejuicios, desconfianzas y suspicacias. Todo esto hace del chico no sólo el destinatario ideal para un tipo de obras en que todas las libertades están permitidas, sino una fuente de recursos todavía insuficientemente explorados y explotados para la expresión artística de esos adultos híbridos que somos los autores de libros infantiles.

Lo infantil en la literatura así definida está, insisto, no solamente en el lector, en ese conjunto de rasgos suyos que el autor debe identificar y manejar con soltura. Lo infantil es sobre todo una determinada sensibilidad –característica, pero no exclusiva del niño– que tendrá que ser realmente compartida por el escritor si quiere que su obra no sea un elemental acto de trasmisión de cultura y experiencia, una burda adaptación del discurso literario, sino la colaboración sincera y vinculante de su espíritu con aquellos que mejor capacitados están para comprenderle.


miércoles, 16 de diciembre de 2015

Momo todavía nos sigue escuchando

Texto: Isabel Ramos Fajardo en Fundación Alonso quijano



”El tiempo es un bien escaso y a nadie le sobra. Y hay que ser alguien en la vida, tener bienes propios y un nombre, un prestigio".

Ya en 1973 Michael Ende hizo una advertencia en su novela Momo: la sociedad iba por el camino equivocado.

Momo es una niña, sin hogar ni familia, que tiene una virtud maravillosa: saber escuchar y ofrecer su tiempo. Es la mejor amiga de los pequeños y a la vez fuente de inspiración y confianza para los adultos. Desde que Momo había llegado a aquella ciudad, los hombres contaban sus historias y los niños jugaban inventando cada vez. Es que Momo era capaz de escuchar el silencio, esa música callada que es preciso no le falte al alma.

Ende nos presenta una enorme crítica sólo con la cualidad de éste personaje: la de saber escuchar. Y así por medio de un personaje perfectamente delineado, se arma una trama real, existente, pero disfrazada de fantasía. Se abre al lector una historia en la que esta pequeña, se da cuenta que a los hombres les están robando su tiempo libre y con ello su imaginación e individualidad. Los culpables -en la historia- son unos hombrecillos grises y contaminantes, creados por la gente aburrida e inconforme, quienes han trastocado la posición de las cosas, haciendo de lo superfluo, importante y de lo importante, superfluo.

Los antagonistas de la historia representan aquello que imposibilita al ser humano a su perfección. Persiguen quitar a cada persona su tiempo libre, hacerles ver que éste no se puede perder en una conversación amable o una mirada atenta a las estrellas. Para los hombrecillos humeantes, el ocio no existe, al igual que la individualidad de cada persona. No es válido que cada cual busque su propia forma de plenitud o perfección.

En Momo este ideal lo desarrolla Beppo Barrendero, un hombre mayor que ha sabido perfeccionarse al realizar su trabajo (barrer) de la mejor forma.

A través de sus personajes y una aventura por la cual la protagonista visita el lugar de donde surge el tiempo, y con una serie de detalles fantásticos, Michael Ende nos conduce por una aventura que, a pesar de sus características de fábula, lo acercan a la realidad moderna y lo hacen identificarse en más de un momento con ella. No sólo da lugar para jugar o imaginar lugares inexistentes, sino también se abre la posibilidad de reflexionar "…al igual como tenéis ojos para ver la luz, oídos para oír los sonidos, tenéis un corazón para percibir, con él, el tiempo. Y todo el tiempo que no se percibe con el corazón está tan perdido como los colores del arco iris para un ciego o el canto de un pájaro para un sordo. Pero por desgracia, hay corazones ciegos y sordos que no perciben nada, a pesar de latir".

Momo, por ser un personaje tan peculiar, es convocada a despejar la grisedad, la opacidad del narcisismo en la cronicidad del presente sin pasado y sin futuro.


Lectura y valores.

La lectura de Momo es un buen ejercicio de reflexión y crítica sobre la sobre la sociedad contemporánea, pero también sobre la amistad y la vida, la comprensión. Momo es una niña que posee la extraña cualidad antes mencionada: sabe escuchar. Ante ella, hasta los más tontos descubren que tienen ideas inteligentes. Su facilidad para comprender a los demás la lleva a estar siempre rodeada de amigos y a que todos recurran a ella ante cualquier dificultad. Pero las cosas cambian cuando aparecen los hombres grises convenciendo a la gente de que ahorre tiempo y lo deposite en su banco. Momo es la única que no cae en la trampa y decide salvar a sus amigos con la ayuda de la tortuga Casiopea y el Maestro Hora.

Uno de los valores más importantes que en el libro se nos presenta es la amistad: allí donde ella vivía todo el mundo era conocido por todos, los niños iban a jugar siempre con ella e incluso Momo se vio ayudada por todos sus vecinos, los cuales le llevaban comida y le arreglaron su hogar, era una amistad tan fuerte, que incluso podríamos afirmar que la familia de Momo eran todos ellos, y en especial Beppo Barrendero y Gigi Cicerone. Como el propio autor indica: “Aun cuando alguien tiene muchos amigos, suele haber entre ellos unos pocos a los que quiere todavía más que a los demás. También en el caso de Momo era así”. Pero la actitud de los hombres grises devastó esta colorida amistad, en todo el ambiente se notaba la angustia de “ahorrar tiempo” y todos los padres dejaron desatendidos a sus hijos, esta es la propuesta de reclamo que Ende hace a la sociedad moderna e industrializada, con ello hemos de darnos cuenta que hay cosas mas importantes en la vida que el dinero, el privilegio y el lujo, como son la amistad, el amor, la familia.

El autor además nos pone de manifiesto lo que más preocupa a la sociedad de esta época, el tema de la economía, el tratamiento que hace de él es muy sutil pues para ello recurre a un valor que no es material y que es el tiempo, a través de los humeantes hombrecillos con sus cuentas incontables: los años de la gente, sus horas de sueño, las horas dedicadas ala comida… Llegaban a calcular exactamente todo el “tiempo perdido”, es decir, que lo hacían tan rigurosamente como todos rigurosamente hacemos nuestras cuentas a final, en medio y durante todo el mes y todos los meses.

Por otro lado la grisedad de los hombres grises se debe a que: son la representación, en forma de fantasía, de una especie de conciencia humana que es la que a todos nos avisa de prestar atención a nosotros mismos y de aprovechar el tiempo al máximo, para mí los hombres grises son grises porque representan el egoísmo y la avaricia del hombre y todo aquel rasgo malo que pueda nacer en él como son por ejemplo las adicciones, de modo que Ende nos hace ver mediante ellos, grises y malos, lo perjudicial del tabaco, sin ir más lejos. Para que los niños en su tan corta edad perciban tal hecho, el autor lo hace enlazando a los hombres grises que son malvados con este vicio que muchos tienen, que también es malo.


PSICOANÁLISIS DE MOMO COMO CUENTO DE HADAS

El niño tiene necesidad de magia.

Los cuentos dejan que el niño imagine cómo puede aplicar así mismo lo que la historia le revela sobre al vida y la naturaleza humana, en este sentido, Momo nos enseña los caminos incorrectos del hombre a lo largo de su existencia, ¿por qué todos los niños amigos de Momo acudían a ella por el extraño motivo de cierto abandono que sus padres mostraban a ellos?, la respuesta es muy sencilla: todos se habían impregnado de las ideas que los hombres grises iban pregonando y por esto se convirtieron en personas muy avariciosas que solo pensaban en ahorrar tiempo. De ahí que el cuento avance de manera similar a como el niño ve y experimenta el mundo; al navegar por los entresijos de esta popular obra de Ende el niño advierte un extraño y cuasi esquizofrénico comportamiento de los adultos, en realidad no es más que el mero reflejo de la sociedad industrializada y anquilosada en la materialista pretensión de poder alcanzar cada día más (más tiempo, para trabajar más y conseguir mayores beneficios). Sin ir más lejos el pequeño (o no tan pequeño) cree entonces lo que la historia le cuenta porque el mundo que esta le presenta coincide con el suyo.

Como en todos los pueblos preliterarios y en los que la evolución ha llegado ya a la etapa literaria, “ el niño supone que las relaciones que mantiene con el mundo inanimado son exactamente iguales que las que mantiene con el mundo de las personas”, es este un pensamiento animista, que permanece hasta la pubertad, y por el cual el niño no experimenta división clara que separe los objetos de las cosas vivas; y cualquier cosa que tenga vida la tiene igual que nosotros: creen sinceramente que los animales entienden y sienten junto a él, (aunque no lo demuestren abiertamente). Los niños al leer Momo se sienten identificados con la relación que sostiene con la tortuga Casiopea a lo largo de la historia; es su amiga y una especie de ángel de la guarda. Los animales vagan libre y tranquilamente por el mundo, por lo que es natural que en los cuentos, estos mismos animales guíen al héroe en sus pesquisas que lo conducen a lugares lejanos, como Casiopea, la tortuga, que llevaba a Momo hasta la Calle de Jamás y por supuesto a La Casa de Ninguna Parte. Pero no todo acaba aquí, pues este pensamiento animista hace que los niños lleguen a la conclusión de que no sólo los animales piensan como nosotros; las piedras o los objetos también gozan de vida para ellos.

Y también a partir de este pensamiento animista los pequeños comienzan a preocuparse por preguntas tan fundamentales como filosóficas: ¿Quién soy yo? ¿Cómo debo tratar los problemas de la vida? : las respuestas que ofrecen los cuentos y la respuesta que la niña protagonista del libro propone a cerca de su identidad están más cercanas a lo fantástico que a lo real:

“-¿De dónde vienes, pequeña?
Momo hizo un movimiento indefinido, señalando algún lugar cualquiera a lo lejos (…).
-¿Y cuándo naciste?
Momo pensó un rato y dijo, por fin:
-Por lo que puedo recordar, siempre he existido”.

Esto ocurre así en la literatura infantil porque las explicaciones realistas son, a menudo, incomprensibles para los niños, ya que estos carecen de pensamiento abstracto necesario para captar su sentido. Los adultos están convencidos de que proporcionar respuestas científicamente correctas, clarifican las cosa para el niño. Pero todo lo contrario, de esta manera se confunde al pequeño y por eso Momo explica de donde viene, cual es su hogar o incluso la edad que tiene conforme a esta línea de conocimiento basado en la fantasía y en la magia que guardan todos los niños en sus mentes y corazones.


Satisfacción sustitutiva frente a reconocimiento consciente.

Como todas las grandes artes, los cuentos deleitan e instruyen al mismo tiempo; su don especial es que afectan directamente a los niños. Personalmente y desde mi primera experiencia con Momo, la sensación inicial que me invadió fue de plena satisfacción y verdadera ilusión, en la segunda ocasión, es decir, en la actualidad, el libro me ha aportado valoraciones que antes ni yo misma concluía. Es por ello que pienso que al niño hay que alimentarlo con relatos de este tipo.

Las historias estrictamente realistas van en contra de las experiencias internas del niño; les prestará atención y en algún sentido podrá extraer algo de ellas, pero nunca lo aprehendido comportará ningún significado personal, se informaran pero no se enriquecerán. Sin embargo privarles de ellas es tan absurdo como prohibirles los cuentos de hadas. Esto últimos tienen rasgos muy parecidos a los de los sueños, pero no a los sueños de los pequeños sino a los de los adolescentes o adultos: ¿Cuántas veces no hemos soñado querer correr y sin embargo detrás no dejábamos nada?, no es sino el agobiante estrés que nos provoca la realidad en que vivimos y que todos en nuestro inconsciente conservamos hasta que en lo más profundo de la noche nos invade a modo de obsesión, me estoy refiriendo a que en la escritura de Ende se encuentra aparejada esta sensación agobiante y estresante que la falta de tiempo nos provoca a los humanos contemporáneos y que sin desplazarnos más lejos que de nosotros mismos se nos viene haciendo una especie de realidad nocturna. Por tanto y por muy incomprensibles y sobrecogedores que sean los sueños de un adulto, todos sus detalles tienen sentido cuando se analizan, y permiten que el que sueña comprenda lo que le atormenta a su inconsciente.

Los sueños de los niños son muy sencillos: satisfacen sus deseos y dan forma tangible a sus necesidades y estas pulsiones inconscientes de los niños pueden expresarse mediante el juego, sin embargo hay algunas que son demasiado complejas y contradictorias y por ello los cuentos son de gran ayuda, puesto que representan muchas de estos deseos que pueden llegar a ser demasiado peligrosos, por ejemplo con la lectura de Momo es posible que los pequeños de la casa imaginen que aquellos que él está convencido que le desprecian (los hombres grises quieren destruir a la pequeña Momo) y que tienen poder sobre él, llegarán a reconocer su superioridad.

Aunque los cuentos tengan rasgos parecidos a los de los sueños, su gran ventaja respecto a éstos es que tienen una estructura consistente, un principio bien definido y un argumento que avanza a una solución final satisfactoria. El cuento y el que ahora nos ocupa conservan también otras ventajas importantes comparado con las fantasías individuales. Una de ellas, es que prescindiendo del contenido de éstos, se puede hablar de los cuentos libremente porque el niño necesita guardar el secreto de sus sentimientos sobre lo que ocurre en la historia. El cuerpo del héroe del cuento puede llevar a cabo verdaderos milagros. Al identificarse con él todos los niños pueden compensar con su fantasía, todos los déficits, reales o imaginarios; en el caso de niños huérfanos pueden sentirse aliviados con Momo porque al igual que ellos, la niña, que tan bien sabe escuchar, no tienen papas, pero esta carencia no impiden que elle sea la salvadora de todos los hombres, una auténtica heroína que les devuelve el tiempo a todos. Pueden entonces, los lectores más pequeños, tener la fantasía de que también ellos al igual que la heroína o héroe, son capaces de derrotar a hombres malvados y huraños, o de llegar a un lugar muy, muy especial cuyo ritmo incesante son infinitas agujas de reloj en movimiento o que una tortuga hable a través de su caparazón, en resumen puede hacer que su cuerpo sea y haga todo lo que él desee. Además después de haber satisfecho sus deseos más intensos mediante la fantasía, el niño puede sentirse mucho más conforme consigo mismo.

Sin embargo el héroe de los cuentos y la pequeña Momo tienen algo en común: se convierten al acabar la historia en seres mortales perdiendo ese tinte de héroes que habían llegado a alcanzar, una vez que el héroe del cuento ha encontrado su verdadera identidad al final, es feliz de la manera que es y deja entonces de ser extraordinario.

Para que además estos inocentes lectores consigan resultados positivos de la historia en cuanto a externalización, el niño no debe percibir las pulsiones inconscientes a las que responde cuando hace de las soluciones de la historia las suyas propias. Por encima de todo esto, el máximo provecho de la lectura vendrá proporcionado por la comprensión de ella y en cuanto a su experiencia del mundo, luego entonces para creerse la historia y par hacer que su apariencia optimista pase a formar parte de su existencia del mundo, el niño necesita oírla varias veces, y solamente después de haber hecho esto y de haber dispuesto del tiempo necesario para la lectura, las asociaciones libres del niño referentes a la historia le proporcionaran su propio significado personal del cuento y la ayudarán, así, a enfrentarse a los problemas que le torturan. Con respecto a esto he de decir que la lectura de Momo es especial respecto a las demás, aunque se disfrace de cuento de niños, esta magistral obra de Michael Ende es tan buena para niños como para los no tan niños, y de hecho en mi última lectura de ella he obtenido enseñanzas que nunca hubiera imaginado encontraría, en mi opinión son valores que un niño, a tan prematura edad, no puede entender, pero sí los interiorizará en la medida suficiente como para desarrollarlos posterior y simultáneamente con sus experiencias de vida.

Cuando se leen cuentos a los niños, en clase o en la biblioteca durante la hora de estudio, los críos parecen fascinados. Pero a menudo no se les da la oportunidad de reflexionar sobre los relatos ni de reaccionar de ninguna manera; se les hace empezar inmediatamente otra actividad o bien se les cuenta una historia diferente que destruye o diluye la impresión de la primera. Pero cuando el narrador da tiempo a los niños para meditar sobre el relato, para sumergirse en la atmósfera que se les crea al oírlo, y cuando se les anima a hablar de ello, la conversación revela que el cuento ofrece muchas posibilidades desde el punto de vista emocional e intelectual, por lo menos para un gran número de niños.

Este es el motivo por el que los libros de cuentos con ilustraciones, que prefieren actualmente tanto los niños como los adultos, no sirven para satisfacer las necesidades de éstos, y aunque sea cierto que las ilustraciones coartan tu imaginación en algún sentido, también es cierto que estas mismas en el libro de Momo no impiden satisfacer dichos deseos, como tampoco provocan la pérdida del significado personal que el niño extrae con el propio personaje de Momo o con la experiencia de los ladrones de tiempo.


Sin temor a la fantasía.

Los adultos inteligentes modernos y preocupados por el buen desarrollo de sus hijos, restan valor a los cuentos y privan a los niños de éstos. Se debe tal situación a que muchas personas piensan que los cuentos no proporcionan imágenes reales de la vida tal como es y que por lo tanto, son perjudiciales. Pero los que dicen esto no piensan que la verdad de la vida de los niños puede ser distinta a la de los adultos.

Para responder a la pregunta de si el cuento dice la verdad, nuestra respuesta debería dirigirse no a la verdad en términos reales, sino a lo que le preocupa al niño en ese momento.

Algunos padres temen que sus hijos sean seducidos por la fantasía de los cuentos de hadas; que gracias a ellos terminen por creer en la magia, pero todos los niños creen en la magia, todos los niños creerán en las flores horarias o por contraposición a estas creerán también en humeantes hombres malvados o en una Calle de Jamas que nunca se acaba, no les privemos de la magia y no les limitemos sus fantasías pues los pensamientos del niño no se suceden tan ordenados como los del adulto, ya que sus fantasías son, al propio tiempo, sus pensamientos.


Fantasía, superación, huida y alivio.

Los aspectos imprescindibles en los cuentos de hadas son fantasía, superación, huida y alivio. Además en todos los cuentos de hadas completos es necesario que nos encontremos con un final feliz para que el niño se sienta aliviado y pueda extrapolar este sentimiento de solución a sus problemas reales. En el cuento de hadas tradicional y como Momo es una novela-cuento de hadas, la heroína Momo encuentra su recompensa y el personaje malvado, representado aquí por los ladrones de tiempo, recibe el castigo que se merece, satisfaciendo, de esta manera, la profunda sed de justicia del niño.

El niño considera adecuado que el destino del personaje perverso sea, precisamente, el que él mismo deseaba para el héroe. Para sentirse aliviado es necesario que se restablezca el orden correcto en el mundo: que todos los mayores vuelvan a ser como antes, que dejen de obsesionarse por ahorrar tiempo y dediquen este mismo a sus amigos e hijos como ocurría anteriormente. Esto significa que el personaje malvado, en el caso de Momo podemos hablar, incluso, hasta de instituciones: “Las Cajas d ahorro de tiempo” y todos sus representantes, deben ser castigados, es decir, el mal debe ser eliminado del mundo del héroe y así ya nada podrá impedir que éste, y todos sus amigos, ya que ella es la heroína, vivan felices para siempre.

Por otro lado algo que nos parece terrible es la posibilidad de ser abandonados, de que nos dejen completamente solos. El psicoanálisis lo ha llamado angustia de separación y cuanto más pequeños somos, más acuciante es la ansiedad que sentimos. Sin embargo esta angustia de separación que sentimos se supera para siempre cuando encontramos la pareja ideal, con la que llegamos a establecer una relación personal muy satisfactoria, para Momo no había una pareja en sí mismo, pero podemos decir que su angustia fue superada porque todos sus amigos formaban su familia, porque encontró en Casiopea una consejera muy especial y en el Maestro Hora un amigo donde solo lo puedes encontrar en “ninguna parte”.

El hecho de no poder experimentar la superación y el alivio es algo que sucede con excesiva frecuencia en la realidad, pero que no alienta al niño a enfrentarse a la vida con la constancia que le llevaría a un nivel superior de existencia. El alivio es la mayor contribución que un cuento de hadas puede ofrecer a un niño: La confianza de que, a pesar de todos lo problemas por los que tiene que pasar (llegar a vencer a los hombres grises para que todo el mundo vuelva a comportarse como antes), no solo conseguirá vencer sino que las fuerzas del mal serán eliminadas y no amenazaran nunca más su bienestar espiritual.

Es el elemento fantástico el que proporcionará al niño la sensación de alivio final: Gracias a la tortuga Casiopea y al Maestro Hora el niño adivina el final feliz que tras un largo camino ha estado esperando.


Paso de la infancia a la niñez con ayuda de la fantasía.

En el momento en el que el mundo exterior comienza a presentarse al niño como un elemento tentador para que abandone el círculo familiar, el niño es capaz, entonces, de obtener una cierta satisfacción emocional hacia las personas que no forman parte de su familia inmediata. En este sentido el niño experimenta un desencanto doloroso, ya que ve que sus padres no están de acuerdo con sus experiencias infantiles y con sus deseos de conseguir algo por sí solo.

Debido a estas nuevas experiencias con el mundo externo, el pequeño se da cuenta de las limitaciones de sus progenitores y experimenta un disgusto por el comportamiento de sus padres, que hacen que busque satisfacciones en cualquier otra parte. Las cuales vienen proporcionadas por la fantasía que facilita al niño el no dejarse vencer por la desesperación.

Por tanto, Momo, es un importante elemento para fantasear, el libro permite al niño que imagine una solución favorable a sus problemas reales, ya que, toda la fantasía que Michael Ende recrea en su obra hace que el niño se evada y olvide dicha desesperación. Y aunque esta fantasía es irreal, la sensación agradable que nos proporciona respecto a nosotros mismos y nuestro futuro es completamente real, y necesitamos esta sensación para sobrevivir.

Al principio del cuento, Momo se ve despreciada e incluso maltratada por los perversos hombres grises. A medida que avanza la historia nuestra heroína depende también de otros seres que la ayudan, como son sus amigos y la tortuga. Al final del cuento Momo ha vencido en todas las pruebas y obstáculos que se le han presentado y gracias a estas victorias ha alcanzado su verdadera identidad. En los cuentos de hadas, por tanto, no se vence a otras personas, sino a uno mismo y a la maldad representada en este caso por los Ladrones de Tiempo. Esto significará para los niños que nadie les va a dar órdenes y que sus deseos se verán realizados. Pero un muchacho además obtendrá otro significado: La obligación de dictar leyes, es decir, actuar con sabiduría. El cuento de hadas ofrece al niño la certidumbre de que algún día llegará a conquistar un reino. Aunque al niño le cueste imaginárselo y no pueda creerlo, el relato le asegura que fuerzas mágicas, como la del Maestro Hora, acudirán en su ayuda. Esto reaviva una esperanza que, sin esta fantasía, se extinguirá al contacto con la cruda realidad, ya que el cuento de hadas es más convincente psicológicamente que ninguna otra historia “realista”.


Michael Ende. Artículos en español sobre su vida y obra.

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